¿"Déficit cero"? El 53 % del déficit fiscal en 2018 son vencimientos de deuda pública

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Los documentos que presentó Dujovne sobre el plan de ajuste fiscal dejan al desnudo el peso extraordinario de deuda pública en el gasto. Para 2019, el plan de “déficit cero” es en realidad una sangría de $ 608.887 millones en pagos de intereses de deuda.

El gobierno insistió esta semana con profundizar un plan de ajuste fiscal y diagnostica que el principal problema es el gasto público. Sin embargo, el principal “gasto” hoy es el pago de intereses de deuda pública, que asciende a $ 406.548 millones en 2018 y crecerá un 50 % hacia 2019, alcanzando los $ 608.887 millones, de acuerdo a los documentos presentados por Dujovne este lunes.

De esta forma, el gobierno quiere que la sociedad asuma como “natural” que mientras se anuncian despidos masivos en el Estado y se prevé un recorte en las partidas sociales, junto con un parate a la obra pública y ajustes en los gastos provinciales, el 53 % del déficit (ingresos menos gastos) es producto del pago de intereses de deuda, que en lo fundamental va a parar a manos de un puñado de especuladores, bancos internacionales y fondos de inversión “buitre”.

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Mientras el resultado primario alcanza a $ 365.238 millones, según los propios cálculos del gobierno, los intereses de deuda superan este valor, alcanzando $ 406.548 millones en 2018, y por lo tanto constituyendo la erogación fundamental que explica el resultado financiero total de las cuentas públicas.

Sólo en los primeros 8 meses del año, el gobierno lleva ejecutado un gasto de $ 272.000 millones en intereses de deuda, una de las partidas más ejecutadas del presupuesto.

Fuente: Ministerio de Hacienda

Malos en matemáticas: el “déficit cero” que es igual a – $ 600.000 millones

El ministro Dujovne se encuentra negociando en Estados Unidos un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en el cual pretende conseguir por adelantado buena parte de las cuotas del préstamo obtenido a cambio de una aceleración del ritmo del ajuste. Para ello, propone alcanzar el “déficit cero” en 2019.

Pero con toda la batería de medidas implementadas, el esquema presentado sólo permite reducir el déficit total (llamado “déficit financiero”) en $ 170.000 millones (un 21 %) hacia 2019.

Es que lo que denominan “déficit” es solamente una parte del mismo, el que casualmente no contabiliza los intereses de deuda que representa la mayor erogación, y que en el vocablo económico se denomina “déficit fiscal”.

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Mientras tanto, lo que se destina a intereses de deuda (sólo los intereses!) se incrementa un 50 %, pasando de $ 406.548 millones a $ 608.887 millones. Esto significa que más de la mitad de la reducción del “déficit fiscal” se destinará al pago de intereses. Una transferencia de $ 200 mil millones a manos de un puñado de especuladores, que no expresa otra cosa que el fenomenal incremento del endeudamiento público en los últimos años originado en gran medida por el sostenimiento de un esquema de “bicicleta financiera” y la incapacidad de superar el atraso estructural del país.

Se estima que hacia fin de año la deuda pública total se haya duplicado desde la asunción de Cambiemos, alcanzando U$S 400.000 millones.

¿Callejón sin salida?

Si la receta del gobierno sólo conlleva un mecanismo espiralado de mayor endeudamiento, al tiempo que se confiesa que 2018 terminará con una recesión (- 2,7 %) con altos niveles de inflación (42 %), mientras el salto abrupto del tipo de cambio termina por licuar los salarios en términos de dólares, cabe pensar que “más de lo mismo” para 2019 sólo promete profundizar los desequilibrios y mayor carestía de vida para las mayorías sociales.

La deuda es presentada como un “hecho” indiscutible que debe honrarse, tal como hicieron los gobiernos kirchneristas con pagos de magnitudes históricas que superaron los U$S 200.000 millones.

Con los pagos de intereses de deuda se va más de la mitad del déficit total del Estado, pero también hay pagos de capital que no son contabilizados en este esquema. Por ejemplo, el pago millonario a los fondos buitre en el año 2016 de una deuda totalmente fraudulenta, apoyado por el peronismo en el Senado.

Pero la deuda no surge en forma espontánea ni responde a necesidades “genuinas” de la economía o a un problema de “exceso de gasto social”, lo cual es directamente refutado por el hecho de que más de un tercio de la población vive por debajo de la línea de pobreza.

El mecanismo de la deuda externa está diseñado para perpetuar la explotación de los prestadores imperialistas sobre los países deudores, con el fin de permitir que los grupos especuladores y bancos internacionales (Blackrock, Templeton, JP Morgan) puedan realizar sus ganancias, aumentando la injerencia geopolítica y aleccionando a los trabajadores y sectores vulnerables a través de ajustes fiscales que incluyen despidos, procesos de privatización, reformas previsionales, laborales, y devaluando el poder de compra de los salarios.

Por eso la única salida de fondo es el no pago de la deuda ilegal, ilegítima, fraudulenta y aumentada por los especuladores de ayer y de hoy. Para que las crisis no la paguen los trabajadores. Fuera el FMI.

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