Del fracking al tarifazo hay un solo paso

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La técnica extractiva del fracking (extracción de hidrocarburos mediante fracturación hidráulica), además de los desastrosos impactos ambientales negativos que provoca, presenta también un impacto económico negativo para los estados y la mayor parte de las poblaciones donde se lleva a cabo esta actividad.

La firma del acuerdo secreto entre YPF y Chevron no sólo fue el puntapie inicial del fracking en Argentina, también fue el mecanismo que idearon las corporaciones para atar a nuestro país al modelo de matriz gas y petróleo dependiente al menos hasta el año 2050, encareciendo y comprometiendo nuestra existencia, tanto en lo ambiental, con el impacto negativo de la actividad, así como en lo económico, endeudándonos por un largo tiempo.

El paradigma inverso de las energías cada vez más sucias y más caras

Por ser el fracking una suerte de manotazo de ahogado para que el sistema capitalista globalizado intente sostener la matriz hidrcaburífera dependiente (hoy en vías de agotarse), resulta muy onerosa su implementación y práctica, así como los bienes energéticos que se obtienen. Para ello, es necesario realizar una gran inversión en insumos y energía para poder llevarlo a cabo. Además de ello, las empresas tienen grandes exenciones impositivas, libre disponibilidad de sus divisas y están excluidas de la responsabilidad ambiental. Más allá de esto, los costos de los impactos ambientales, sociales y económicos de la actividad para las corporaciones son considerados externalidades (actividades que afectan a una o varias personas sin que el que la realiza pague por tales afectaciones), o sea que no los pagan ni las corporaciones ni los estados, sino que son absorbidos en su totalidad por los pueblos y comunidades: la contaminación además de dañar la salud, provoca un gasto muy importante de dinero en las sociedades afectadas.

Por eso decimos que el fracking tiene una tasa de retorno energético menor a uno (energía obtenida sobre energía invertida) y su ecuación energética es negativa (energía obtenida menos energía invertida). Esto quiere decir que la energía obtenida resulta ser, dependiendo del rendimiento del yacimiento y de la economía del país donde se esté llevndo a cabo, muy levemente superior o igual o incluso menor que la que se invirtió para extraerlo.

La tasa de retorno energético sirve para determinar si una modalidad de obtención de energía es eficiente o no, entrando en este cálculo el gasto energético para producir todos los insumos y equipamientos necesarios, construir las instalaciones, mover vehículos y maquinarias, realizar las perforaciones, levantar la presión necesaria para inyectar el agua con arena y químicos para realizar las fracturas en la roca madre, el bombeo al exterior de los hidrocarburos liberados en las fracturas, la reinyección del agua contaminada que sale con ellos, la emisión de gases de efecto invernadero en todas las operaciones y los impactos ambientales, sociales y económicos para las poblaciones locales que conlleva el método (que, como ya se dijo) en todos los casos las empresas consideran “externalidades” como una suerte de muletilla recurrente para obviar estas ciuestiones y cargar el costo de estos daños y perjuicios a cualquier otro actor social que no sean ellos).

Hay una frase que una vez dijo a un político norteamericano que militó encontra de esta modalidad, que sintetiza con términos del sentido común el desastre energético que significa la generalización del fracking como técnica extractiva en todo el planeta: “Estamos quemando los muebles para calentar la casa”.

Tasa de retorno energético según fuente de generación u obtención. Desde ya, a menor retorno energético, mayor contaminación y depredación del ambiente, así como también mayor encarecimiento del costo de vida y mayores índices de pobreza e inequidad social. Este número también resulta ser un indicador respecto de soberanía energética, ya que aquellas sociedades que apuestan a las energías sucias terminan atadas financieramente a las corporaciones, en cambio las que apuestas a las energías limpias, tienen posibilidad de prescindir de ellas, apostando no sólo a que las energías sean limpias, sino también a que sean libres y gratuitas para todos.

Al resultar una forma extractiva de saldo energético negativo, el fracking también resulta negativo económicamente en la ecuación contable de las corporaciones, sin embargo los dueños e inversionistas nunca dejan de liquidar ganancias…

Para que ello suceda, deben ser subsidiadas son multimillonarias sumas de dinero que las propioas corporaciones terminan fugando al exterior en concepto de giro de dividendos.

El acuerdo secreto entre YPF y Chevron (y otros idiénticos suscriptos con otras corporaciones como Total, Dow-Dupont, Petronas, Petroblras, Mercuria, etc), entre otras cosas dice en sus clausulas que:

  • El Estado Argentino garantiza las ganancias de las corporaciones.

  • Se les permite el giro de todas sus divisas al exterior.

  • Se le otorga la explotación de Vaca Muerta al menos por 35 años

  • Se dirimen todas las cuestiones en la justicia de EEUU

    Más que Vaca Muerta o Vaca Viva (disparate que se llegó a decir alguna vez), debería llamarse Vaca Atada.

    Por qué los estados neocoloniales (como el nuestro) promueven el fracking a sabiendas de que es dañino y oneroso para sus pueblos, en lugar de invertir ese dinero en generar energías limpias, libres y gratuitas?

    Facil: las energías limpias pueden ser también libres y gratuitas, en cambio el modelo gas y petróleo dependiente (y en especial la técnica extractiva del fracking) está indefectiblemente atado al control de la energía por parte de las corporaciones (no sólo su producción, sino también su transporte, distribución y comercialización); y éstas necesitan del Estado para mantener sus negocios y seguir embolsando, aun a costa del sacrificio de pueblos y territorios.

    Las propias corporaciones reconocen que el cambio de paradigma hacia energías limpias, libres y gratuitas es un debate que existe y que ha sido planteado desde las organizaciones sociales y ambientalistas en el seno de las propias comunidades. Hasta le dan le dan credibilidad y seriedad, pues tiene un abundante fundamento científico ineludible. De todos modos, a pesar de tal reconocimiento, las corporaciones manifiestan su oposición en base exclusivamente a sus intereses comerciales, o en el peor de los casos plantean alternativas energéticas que les permita seguir manteniendo el esquema antedicho de dependencia de los estados hacia ellas, tal como es el caso de los bio-combustibles.

    Nunca te preguntaste por qué si los precios internacionales de los hidrocarburos bajan en todo el mundo, en Argentina nunca dejan de aumentar el gas y los combustibles?

    El Gobierno de Cristina Fernández subsidió al fracking (o más bien a las corporaciones que lo llevan a cabo) mediante los “presios sostén”, que en ese entonces eran de U$S 70 el barril brent de petróleo y de U$S 6 el millón de BTU de gas. La operatoria consistía en que el Estado Nacional pagaba a las corporaciones que hacían fracking la diferencia entre estos valores arbitrarios y el precio internacional de estos commodities, que en aquel entonces rondaban los U$S 40 el barril brent de petroleo y U$S 3 el millón de BTU de gas, considerando para el cálculo la cantidad extraída en boca de pozo.

    Esta erogación de dinero resultó ser el mayor componente del déficit fiscal de la República Argentina en ese entonces, pero como al Estado no le alcanzaba para efectuar los pagos, se fue acumulando un pasivo monetario que al final del mandato de Cristina Fernández terminó rondando el 40% de la deuda pública de entonces, que llegaba a los U$S 150 mil millones, o sea que el mal llamado subsidio a la energía (porque en realidad es un subsidio al fracking) le costó al país más de U$S 60 mil millones de dólares, que deberán pagarse hasta vaya a saber cuándo.

    El gobierno de Mauricio Macri arrancó actualizando los precios sostén, llevándolos a U$S 78 el barril brent de petróleo y U$S 7,50 el millón de BTU de gas. Para este período, los precios internacionales de estos commodities rondan entre U$S 50 y 60 el barril brent de petróleo y U$S 2,60 el millón de BTU de gas.

    Con este esquema, en el primer año de gestión de MM, las corporaciones petroleras se alzaron con U$S 8 mil millones, sin embargo, de acuerdo a las propias estadísticas del sector petrolero, perforaron menos que en 2015, con lo cual cae de maduro que la mayor parte de ese monto se repartió en dividendos y se fugó del país, debido al exclusivo privilegio de poder girar la totalidad de sus divisas en el extranjeros, que sólo poseen las grandes corporaciones megamineras y las petroleras que hacen fracking.

    La propia prensa especializada del sector petrolero a nivel internacional, destaca que con la política de subsidios al fracking, esta modalidad de extractiva es económicamente inviable en la República Argentina. Todo parece indicar que Vaca Muerta en particular y el fracking en general, representa una burbuja financiera, al mejor estilo de las multimillonarias especulaciones económicas que llevan adelante las grandes empresas que manejan el dinero en todo el mundo, con la no menor diferencia que la implementación del fraking además del daño macro-económico, genera de manera directa desastrozos daños ambientales en los territorios donde se lleva a cabo. La continuidad en el tiempo de la política de subsidios al fracking convalida el hecho de que esta modalidad extractiva es una burbuja financiera especulativa de grandes proporciones.

    Para suscribir acuerdos secretos con corporaciones extranjeras, YPF creó todo un andamiaje de empresas off-shore radicadas en paraìsos fiscales, imitando a las suscribientes que ya las tenían de antemano. De esta manera, tales acuerdos no se suscriben entre las empresas madre, sino entre sus subsidiarias fantasmas. Esto le permitiò a YPF asegurar las operaciones financieras con estas corporaciones sin que estas transacciones de dinero sean alcanzadas por los reclamos internacionales de justicia de aquellos paìses a donde ya provocaron desastres ambientales y sin dar posibilidad tampoco a que Argentina reclame en el futuro. Este esquema también garantiza la persistencia del fracking como burbuja financiera, ya que las corporaciones tienen garantizada su ganancia (incluso qunque no produzcan) y la fuga de la totalidad de sus dividendos sin posibilidad de ser alcanzados por ningún régimen tributario del mundo. Este además es el circuito que realiza el dinero que el estado destina para subsidiar los precios sostén del gracking y el de los usuarios que pagan los tarifazos.

    A pesar de que actualmente los precios sostén para los hidrocarburos no convencionales continúan, en la gestión MM la política de los subsidios a las corporaciones erogados desde las arcas del estado empezaron una drástica disminución, para pasar a subsidiarse al fracking directamente del bolsillo del consumidor de los servicios públicos básicos, a través de los tarifazos a los combustibles, el gas, la luz y el transporte; encareciendo y comprometiendo cada vez más nuestra existencia tan sólo para sostener todas estas patas del modelo petróleo y gas dependiente y a las corporaciones y estados asociados que preenden seguir manteniéndolo vigente.Los tarifazos, a su vez atacan directamente la economía de los sectores más desposeídos, ya que las corporaciones tienen subsidiados y congelados los impuestos y servicios públicos.

    Los diferentes gobiernos de turno pretenden atarnos definitivamente a la quema de combustibles fósiles para justificar el fracking y sostenerlo…

    Recordemos que Argentina tiene una matriz energética basada en un 90% aproximadamente en la quema de combustibles fósiles y una matriz eléctrica dependiente en un 65% de la misma fuente. Estas matrices se mantienen en los mismos valores al menos desde hace 50 años, sin que ningún gobierno de turno haya hecho absolutamente nada para modificarla. Por el contrario, la intención de los diferentes gobiernos de turno (y también del Congreso) es continuar sosteniendo esta matriz sucia sin ningún cambio, por lo menos hasta el año 2050, política nefasta que indudablemente tiene olor a Vaca Muerta…

    Ante esto y con el cambio climático golpeándonos cada vez más fuerte (en Mendoza concretamente con crisis hídricas, disminución de las nevadas invernales y retracción de glaciares en la cordillera, así como la ocurrencia en verano de tormentas fuertes y aluviones desastrosos, con alternancia de sequías prolongadas), el Estado en todos sus ámbitos debería estar erogando ingentes sumas de dinero e incentivas líneas de investigación cientìfica y formación profesional para reconvertir la matriz energética hacia energías limpias, libres y gratuitas, en lugar de seguir destinándolos al sostenimiento de este modelo neocolonial y depredador de saqueo.

    Ya no más boca de pozo, sino al consumidor: Conviene destacar que cuando uno va a cargar nafta a las estaciones de servicio, o abre la llave de gas de algún artefacto, o enciende la luz o se sube al micro u otro medio de transporte público, no tiene forma de diferenciar si los combustibles que se usan como insumo para esos servicios, se obtenen a partir de hidrocarburos convencionales o no convencionales; en las estaciones de servicios no hay surtidores diferenciados para la nafta o el gasoil prodedente o no de Vaca Muerta. Por ende, los tarifazos constituyen una verdadera estafa al Pueblo Argentino, ya que se cobran todos los combustibles por igual a valor fracking, a pesar de que actualmente en Argentina sólo se extrae el 28 % del gas y el 10% del petróleo mediante esta técnica.

    Hace al menos 50 años que la matriz energética y eléctrica de Argentina está basada casi exclusivamente en la quema de combustibles fósiles. El acuerdo YPF-Chevrón y la introducción del fracking en nuestro país (así como los onerosos subsidios a dicha modalidad extractiva por parte del estado y los usuarios de servicios públicos), nos ata a seguir indefectiblemente en el mismo camino, al menos hasta el año 2050.

    El fracking impide el cambio de paradigma energético

    El acuerdo secreto entre YPF y Chevron (y los suscriptos con otras corporaciones) nos ata por muchísimo tiempo más al modelo energético basado en la quema de combustibles fósiles; por ende, es de esperar que nuestra existencia vaya siendo cada vez más cara y comprometida, sin posibilidad de que el Estado por motus propio de los funcionarios, vaya a encarar el cambio de matriz energética y eléctrica.

    Por eso es que está únicamente en nosotres (de manera individual y colectiva, con autonomía y autodeterminación, frenar esta locura del fraking y encarar el necesario cambio de paradigma, prescindiendo de las corporaciones.

    (*) Artículo publicado originalmente en federico-soria.blogspot.com.ar



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