Desidia estatal: las enfermeras se ponen al hombro el hospital Oñativia

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Mientras el gobierno de Cascallares y el de Vidal dicen que se avanza en la reapertura, trabajadoras usan su horario laboral para tareas de mantenimiento en el hospital. Crónica de un día normal en el Oñativia.

Calzada es una ciudad del conurbano como muchas otras: calles de tierra, terrenos baldíos enormes, casas bajas de trabajadoras y trabajadores, paradas de colectivos que no reparan ni de la lluvia ni del sol.

En el barrio San Javier se encuentra el Hospital Zonal General de Agudos Dr. Arturo Oñativia, que está frente a uno de esos baldíos. Hospital grande, inaugurado en los ´90. Hoy por hoy atiende a 14.000 personas por mes, familias trabajadoras de Almirante Brown, de Lomas de Zamora, de Solano. O por lo menos, atendía. Porque el 17 de diciembre del año pasado un incendio dejó inutilizable todo el primer piso. A más de un mes del incendio las únicas que están trabajando para la reconstrucción del hospital, son las enfermeras.

Fuimos a recorrer el hospital para brindar nuestra solidaridad, como hacemos todas las semanas. Se entra por la Guardia, donde las enfermeras cuentan que están hacinadas. En una de las salas con solamente 2 camillas, nos cuentan que se turnan para ir al trabajo porque no hay lugar, que Clínica Médica comparte espacio con Pediatría.

Dicen que no recibieron aún ninguna respuesta. Que el gobierno prometió una licitación a mediados de febrero para las obras, pero puede tardar muchos meses. ¿Y mientras tanto? “Además de los pacientes que atendemos acá, ahora que cada vez queda más gente en la calle o trabajando en negro, donde se van a atender si no tienen este hospital?”, reflexiona una de ellas.

Cuentan que los pacientes que requieren más de dos horas de atención son derivados al Gandulfo o al Lucio Meléndez. Donde tampoco cuentan con personal e insumos suficientes.

Nos reciben muy bien y con ganas de hablar y contar lo que fue el incendio, algunos la bronca de que no se resuelva nada, otros todavía tienen esperanza en que Provincia cumpla con los plazos: prometieron que en seis meses el Hospital estará operativo. Pero pasó un mes y medio y lo único que se abrió es un servicio de Demanda Espontánea. Cuentan que atienden a menos de la mitad de los pacientes que atendían antes.
Los sindicatos no dan ninguna respuesta ante las y los trabajadores hace tiempo. Por ejemplo, ante el reclamo de que falta personal médico, o por las condiciones de trabajo de las y los trabajadores.

Mientras recorríamos el hospital, intercambiamos también sobre cómo nos organizamos para llevar la voz de los trabajadores dentro del gremio de CICOP, así como también en ATE. Intercambiamos sobre las experiencias de lucha en el hospital Alende de Lomas, pero también sobre la lucha de las enfermeras de la cual fueron parte muchas de las enfermeras que hoy se están poniendo al hombro el funcionamiento y el arreglo del hospital.

Nos acompañan en el recorrido del primer piso incendiado y despoblado. Hay olor a humo, paredes cubiertas de hollín, salas vacías cuanto más nos acercamos a la sala de maquinas. Nos encontramos con un grupo de enfermeras y enfermeros lavando los pisos y pintando. Leen bien: son los profesionales de salud quienes hacen la tarea que la Provincia y el Municipio no hacen. Ilusos nosotros preguntamos quién paga la pintura, los rodillos, la lavandina: “Nosotros”, contestan, “de nuestro bolsillo arreglamos el hospital, porque la gente tiene que tener un lugar donde atenderse”.

Una enfermera nos dice que hace muchos años que trabaja en el Hospital. “Es mi segunda casa, paso más horas acá que con mi familia.” No quiere que cierren el hospital ni quedarse sin trabajo: “Tengo cincuenta años y una hija que estudia y que tengo que mantener, soy el único sostén de la familia”.

Vemos desde afuera la sala de máquinas, donde comenzó el incendio, el techo destruido con las vigas de hierro retorcidas y se le llenan los ojos de lágrimas.

Se dijo que va a haber licitación, pero un fantasma recorre el hospital: el cierre, la falta de trabajo, la falta de atención, los pacientes a la deriva. Provincia se toma su tiempo, el Municipio no declara la emergencia sanitaria, o si lo hace tiene una forma precaria de entenderla.

Las y los trabajadores de la agrupación Marrón Clasista junto a los estudiantes de En Clave Roja, nos solidarizamos con las y los trabajadores en esta difícil situación. Sabemos que nuestra unidad es lo que puede ganarle a los gobiernos y partidos políticos como el Pro y el PJ que nos ajustan cada vez más para pagarle millones al FMI. Pero también nos organizamos en el PTS junto a trabajadores de otros gremios, estudiantes y mujeres para poner en pie nuestra propia alternativa política. La de las y los trabajadores y los pobres.

Para que la crisis no la sigamos pagando nosotros con nuestra salud y nuestras vidas. Y para que nuestro futuro no sea la desidia y la precarización a la que nos quieren acostumbrar.

Luego de la recorrida participamos de una reunión de coordinación de la que participaron varias organizaciones. Se decidió marchar el lunes 28 desde la estación de Adrogué hacia la Avenida Espora y Esteban Adrogué, para participar de un corte que exija que seamos recibidos por las autoridades municipales.

La cita es a las 16 en la estación de trenes de Adrogué.



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