Día del Trabajo Doméstico: una tarea exclusivamente femenina y no remunerada

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En pleno siglo XXI, las tareas domésticas siguen recayendo mayoritariamente sobre las mujeres y niñas. Hoy, 22 de julio, se conmemora este hecho con un “Día Internacional del Trabajo Doméstico”.

La fecha fue elegida para visibilizar ese trabajo que millones de nosotras realizamos en nuestras casas. Tanto es así que, según un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 59 países del mundo las mujeres usan el 19 por ciento de su tiempo, todos los días, en tareas domésticas no remuneradas, mientras que los varones solo usan el 8 por ciento de su tiempo en esas mismas tareas.

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En Argentina, la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo del INDEC, mostró que la participación total de los varones en el trabajo doméstico no remunerado es del 24 % y la de las mujeres ascendía al 76 %.

Pero no se trata sólo de eso. Otra de las caras del trabajo doméstico no remunerado es su tratamiento en la llamada “economía formal”. Lo mostraron claramente, en 2018, las trabajadoras de Nordelta, que se rebelaron ante el maltrato y la discriminación de sus patrones, de las empresas de transporte que les negaban el acceso por su “mal olor” y del municipio bonaerense, que no hizo nada para garantizar el cumplimiento de sus derechos.

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Lo que ellas pusieron de manifiesto con su denuncia, se refrenda con números: de acuerdo a datos aportados por Economía Femini(s)ta, el 72 % del empleo doméstico en Argentina es informal (no tiene aportes, ni vacaciones, ni aguinaldo) y el 97 % de quienes realizan ese trabajo, son mujeres.

Basada en el prejuicio de que las tareas domésticas son, justamente, “cosas de mujeres”, esta distribución desigual garantiza además que nuestra jornada laboral se duplique y hasta triplique, sumando a la jornada en el hogar, la que tenemos que realizar para acceder a un salario que nos permita vivir, a nosotras y a nuestras familias.

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El trabajo doméstico en casa particulares, es una de las fuentes de empleo para muchas, muchísimas de nosotras, pero también, aprovechándose de esa doble opresión que sufrimos, como mujeres y como trabajadoras, el capitalismo nos depara otros trabajos discriminatorios y precarios, y otras formas de extender ese rol social que se nos asigna también en el mundo laboral, por “ser mujeres”.

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En parte, es lo que explica que en ramas como la de salud y educación, o en industrias como la textil o la alimenticia, por citar solo algunos ejemplos, la mayoría de las obreras sean mujeres.

Sin dudas, la jubilación a quienes dedicaron toda su vida a las tareas del hogar, al cuidado de niñes, ancianes y personas enfermas en la familia, es otra de las aristas que muestra esa perversa relación entre capitalismo y patriarcado, que todos los gobiernos e instituciones del Estado se han encargado de reproducir y garantizar.

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Hace pocos días, referentes y candidatas del Frente de Izquierda-Unidad se reunieron y decidieron promover una declaración común de cara a las PASO del 11 de agosto, que atiende a esta situación. Allí, destacan que el movimiento de mujeres “es el gran protagonista de nuestra época, con masivas movilizaciones que instalaron una agenda política de reclamos que no cesan cuando hay campaña electoral” y promueven un programa que decidieron poner a disposición de ese masivo movimiento.

Entre otros reclamos, allí destacan el reclamo de jubilaciones y trabajo genuino para todas, así como el reconocimiento de estas tareas por las que nadie paga, pero siempre favorecen las ganancias de los empresarios, mientras impiden a las mujeres y sus familias el disfrute del tiempo y de la vida.

La mujeres son las más pobres entre las pobres, las más precarizadas entre los precarizados, las que tienen los salarios más bajos y las que trabajan y se jubilan sin aportes. “Por eso para el FIT-Unidad la deuda es con nosotras: con las mujeres y nuestras familias, y no con los banqueros, los empresarios o el FMI”, advierten también en esa declaración.

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