Diez años sin Luciano

0
52


En un nuevo aniversario de la desaparición de Luciano Arruga: pelear contra la estigmatización de la juventud, la represión, la baja de la edad de imputabilidad y contra este sistema inmundo que empuja a la miseria y pobreza para luego criminalizarla.

Luciano

Luciano era un pibe como la mayoría de los que viven en barrios populares del conurbano. Le gustaban los Redondos e Intoxicados, aunque prefería la cumbia. Era fanático de River Plate, al punto de que un día se fue hasta el estadio, se coló, y una vez adentro llenó un frasquito con tierra y pasto que se llevó su casa. Se juntaba en la esquina y en la plaza con sus amigos. Hacía changas para tener unos mangos, alguna vez fue deliberi pero normalmente cartoneaba. Había tenido dificultades en la escuela, pero la había retomando tiempo antes de su desaparición, diez años atrás, con el fin de terminar la secundaria. Era muy solidario entre sus hermanos y pares del barrio. También también era pícaro y orgulloso. Era, como manifestó su hermana que le gustaría que lo recuerden, “un negro, villero, argentino que se negóo a robar para la policía”.

Quizá hubiese terminado la secundaria, y ahora estaría laburando, sería un joven precarizado más. Quizá estaría estudiando en alguna universidad, como pudo hacer su hermana. Quizá hubiese cumplido uno de sus más grandes sueños que era poder ir al Monumental a ver River, y estaría muy feliz con los logros de estos últimos años del club de sus amores. Quizá habría ido a algún recital del Indio, o de la última tanda de Viejas Locas. Quizá hubiese seguido aprendiendo a tocar la guitarra, que a veces rasgaba.

Podés leer: Luciano Arruga: a 10 años de su desaparición

Cientos de “quizás” podrían haber. Quizá hubiese cumplido alguno de sus sueños, pero no. Nunca lo sabremos. Porque le arrebataron la vida. La maldita, putrefacta, nefasta policía bonaerense, el 31 de enero de 2009 lo secuestró, torturó, mató y desapareció.

Pero a él le arrebataron muchos de sus sueños mucho antes. El 29 de febrero de 1992. Sí, el día que nació. Porque nació en el seno de una familia pobre, con muchas dificultades, con un padre ausente. Porque nació negro. Porque se crió en un barrio pobre y humilde. Como muchos de los barrios que hay en el conurbano, que son los más marginados por la sociedad, y hostigados por las fuerzas represivas del estado que muestran total desinterés para con las vidas de los pibes y pibas.

Luciano, era un pibe con sueños, con ganas por vivir, pero este sistema explotador no le dio oportunidad, le arrebató esos sueños, le arrebató la vida. Esa misma es la realidad de millones de pibes pobres. A los que el estado les niega la posibilidad de una buena educación, de salud, de trabajo.

Las fuerzas represivas del Estado, la Policía, la Gendarmería, la Prefectura, todas, llenan esas pancitas vacías con el frío de su fusil sin piedad alguna. Son como robots, como perros rabiosos, como lumpenes organizados que siguen órdenes de los poderosos, que lucran por doquier y, además, asesinan.

La lucha contra el gatillo fácil y la represión

¿El caso de Luciano es un monumento a la impunidad y al encubrimiento? Sí, sin lugar a dudas lo es. Lo es el caso de Santiago Maldonado, el de Jorge Julio López, el de Rafael Nahuel. Y el de tantos más que no son tan conocidos. Pero además de eso, el caso de Luciano es un ejemplo, por un lado, de lo macabro que es el sistema capitalista y como se encubren entre sí cada gobierno de turno, las distintas fuerzas represivas, la justicia, etc. Y por otro lado es un ejemplo de lucha. Es la cara visible de una problemática enorme, la cara visible de las 5.959 personas asesinadas por gatillo fácil desde el retorno de la democracia. Y es, sobre todo, la bandera que, bien alto, levantamos los que peleamos contra la impunidad, la represión, la desigualdad, las injusticias de este sistema.

Actualmente el gobierno, junto a los medios y un sector de la falsa oposición peronista vuelven a la carga con bajar la edad de imputabilidad. En un contexto de ajuste brutal que empuja a miles de familias a la desocupación, pobreza e indigencia mientras legitiman a los Chocobar. ¿Acaso alguien cree que la fórmula de más ajuste más represión y mano dura es igual a menos inseguridad?. La mitad de los niños y adolescentes son pobres. Cada 22 horas hay un asesinato por gatillo fácil. ¿Y de esa inseguridad quién habla? Lo que los números dejan en claro es que más policías no es más seguridad para el pueblo trabajador y pobre. Es más crimen organizado, más muertes, más represión.

En una entrevista que tuve el placer de hacerle a Vanesa Orieta hace casi dos años, ella sentenciaba: “Sabemos que minetras exista un sistema capitalista, individualista y perverso, las violaciones de derechos huamnos van a ser sistematicas. Y como la logica del sistema capitalista es perversa va a tender a que naturalicemos esas muertes y no nos humanicemos con el dolor que esta sufiendo una familia que denuncia una muerte, una tortura, una desaparición. Por eso hay que ponerle nombre y apellido a cada una de las victimas que sufrieron la represion estatal. Porque no son un número más. Son pibes y pibas con un nombre, un apellido y una historia que se trunco porque les quitaron sus proyectos, sus deseos. Toda muerte y toda desaparicion son hechos politicos, con responsable politicos. Y si viene de la mano de la represion como una politica del estado, no hay más que indagar”.

Cada vez que esa cachiporra da sobre el lomo de uno de los pibes, cada vez que una de esas balas de 9mm impacta sobre el cuerpo de un pibe, cada vez que el estado no duda en usar su brazo armado para reprimir con tal de defender los intereses de los capitalistas, cada vez que corre la sangre de uno de los nuestros, me hierve la sangre, exploto de bronca, me caen las lágrimas, apretó los puños, y cada vez más y más brota dentro mio un odio de clase inmenso. Que me da fuerza para militar y dedicarle cada día de mi vida a cambiar este mundo. Porque la venganza de nuestros caídos, va a ser acabar con este sistema asesino y de miseria.

Es por esto que es tan importante que todos los cientos de miles que nos movilizamos por Santiago Maldonado, por Luciano Arruga, y por tantos más, nos organicemos desde cada escuela secundaria, terciario, universidad, lugar de trabajo y barrio contra la estigmatización y criminalización de la juventud, contra la represión y la baja de la edad de imputabilidad, pero principalmente contra el verdadero causante de estas miserias, contra la desigualdad que genera este sistema donde el puñadito de ricos cada vez se hace más rico, y los cientos de millones de pobres, cada vez se hacen más pobres.



Source link