Dólar a $ 25,47: por qué sigue subiendo la divisa

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Claves de un nuevo incremento de la cotización del dólar norteamericano. Perturbaciones externas y una economía que acelera sus desequilibrios internos.

Según el promedio que realiza el Banco Central (BCRA), el dólar minorista subió ayer otros 22 centavos, por cuarto día consecutivo, y alcanzó un precio de 25,47 pesos por dólar. La intervención de bancos oficiales, como la del Banco Nación, no fue suficiente para frenar la demanda persistente en el mercado mayorista. Una semana atrás, después del “supermartes” de Lebac, el gobierno había considerado a la “turbulencia financiera” como “superada”.

El costo de esta calma transitoria fue elevar la tasa de interés al 40 % y girar la política monetaria del Banco Central a una intervención permanente en el mercado de cambios, es decir, la dilapidación de las reservas por más de U$S 10.000 millones ofreciendo dólares en el mercado para intentar contener la demanda. Pero la “bomba” de deuda del BCRA en Lebac, lejos de estar resuelta, continúa en un termómetro ascendente.

Pese a todos estos “esfuerzos”, que recaen sobre los bolsillos de los trabajadores, el dólar siguió subiendo. Algunas claves.

1- Impacto de la volatilidad de los mercados financieros mundiales

Un nuevo fenómeno de la inestable coyuntura internacional volvió a disparar la demanda local de dólares. Ayer, en todo el mundo, el dólar se apreció frente al resto de las monedas, una tendencia general que parece haber llegado para quedarse. El disparador en este caso fue la crisis política en Italia, que despertó una nueva caída de las bolsas del mundo y una corrida hacia el dólar.

Así, la divisa de Estados Unidos alcanzó su mayor cotización frente al euro en 10 meses, mientras la reminiscencia de la crisis de deuda italiana del 2010/2012 alcanzaba hasta al más olvidadizo operador financiero, despertando temores sobre la estabilidad de la zona euro. No es casual, en Italia la deuda externa sobrepasa con creces su producto bruto interno, al tiempo que la crisis del régimen político socavó la confianza.

A este aspecto internacional se agrega un elemento local, también circunstancial, que los analistas denominan “cobertura” de las empresas, ante la proximidad del cierre de operaciones de negocios el día jueves (último del mes). Pero nada de esto explica en sí mismo que la moneda local sea tan proclive a devaluarse ante el menor movimiento externo. Son los “grandes jugadores” quienes eligen rápidamente cambiarse a dólares ante estas circunstancias y “cubrir” sus ganancias, en un contexto en el que la corrida cambiaria de abril y mayo sentaron precedente.

2- Continuidad y profundización de desequilibrios que provocaron la corrida cambiaria de abril

Si varios son los elementos que ocasionaron el comienzo de una corrida cambiaria que significó en los hechos una devaluación de 25 % en dos meses (y casi 35 % en lo que va del año), los desequilibrios de la economía no desaparecieron con el pedido desesperado de “ayuda” al FMI por parte del gobierno. Por el contrario, aumentaron.

Entre los más importantes, el déficit externo en cuenta corriente llegó al 5 % del PBI en 2017 (U$S 30 mil millones) y en el primer cuatrimestre del año no dio signos de mejorar. Sólo el déficit comercial fue de U$S 3.420 acumulado hasta abril, un 165 % más de lo que había alcanzado en igual período del año pasado. Las importaciones no dejaron de crecer mientras que disminuyó la venta externa de porotos de soja y derivados, uno de los principales rubros de exportación.

Al rojo comercial hay que agregarle un saldo negativo en la cuenta servicios (en donde uno de los rubros, pero no el único, son los viajes netos de turistas al exterior), y especialmente la salida de intereses de capital (rentas de inversión, tanto directa como de cartera), que el año pasado explicaron la mitad del déficit en cuenta corriente.

Según cifras de la Fundación Capital, este rojo escalaría a U$S 31.263 millones en todo 2018, aunque es probable que de continuar este ritmo pueda ser más, dependiendo del impacto de la devaluación en ponerle un freno a la actividad económica y a las importaciones, aunque también el resultado recaerá en la decisión de las grandes multinacionales en el país y su sed de “repatriar” utilidades, que tiene vía libre por parte del gobierno de Macri.

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Un segundo frente, vinculado con el anterior, es la inversión especulativa en la “bicicleta financiera”, que el propio capital financiero (con ayuda de Caputo y Sturzenegger) “se votó” por el momento seguir apostando a la timbade las Lebac y a la posibilidad de que el dólar continúe relativamente planchado, al menos, en el próximo mes. Lo que entra al sector financiero cuadriplica la inversión “productiva”.

Esta relación se agrava por la propia actividad de rapiña de los capitales locales. Si en los 12 años de kirchnerismo la fuga de capitales (formación de activos externos de residentes argentinos) fue de casi U$S 100.000 millones, y en los dos primeros años del gobierno de Macri (2016 y 2017) sumaron U$S 34.123 millones, en el primer trimestre de 2018 esta sangría de dólares ya lleva U$S 6.931 millones, a razón de U$S 2.300 millones mensuales.

Pero si faltan dólares es el gobierno, el mismo que pide “austeridad” a los ciudadanos, uno de los mayores responsables con su política de endeudamiento creciente y de pagos infrenables de capital e intereses de deuda. El desequilibrio que los analistas burgueses señalan como central, el “déficit fiscal”, y que el gobierno promete al FMI reducir a costa de ajuste sobre el pueblo trabajador, no es en realidad un problema de gasto excesivo. Cada vez más ese “déficit” se compone de intereses de deuda pública, y menos de un ingreso corriente inferior al gasto corriente. E incluso en este último aspecto el responsable es el gobierno, a base de recortes impositivos a las patronales, condonaciones y exenciones, desfinanciando al Estado.

De una parte, abril fue el mes de mayor endeudamiento público del año, con un incremento de U$S 14.559 millones. De otra parte, en 2017 el gobierno rompió récords de pagos de deuda en capital e intereses: U$S 83.738 millones. Pero lejos de saldar el problema pagando, se genera otro problema acumulando deuda. Para 2018 los vencimientos previstos ya superan U$S 90.000 millones. Un espiral que crece y que promete agudizarse con el préstamo que está en negociación con el FMI y las recetas que este organismo propone para la Argentina, que a base de ajuste sólo empeoran el escenario.

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Asimismo, las reservas del Banco Central cayeron este martes u$s 1.015 millones hasta los u$s 50.915 millones, tras el pago de deuda al Club de París por u$s 459 millones.

Mientras tanto, la economía empieza a vivenciar más claramente los impactos en la actividad, con frenos al consumo y a los distintos sectores productivos. La desaceleración económica que registra el Indec, a pesar de que sigue mostrando varios meses en alza, fue fuerte en marzo, bajando del 5 % en febrero al 1,4 % de crecimiento interanual en dicho mes. Según la consultora Radar, la suba del dólar, la caída de la tasa de actividad y el riesgo financiero impactarán negativamente en todas las ramas de la economía. Las perspectivas se oscurecen.

Por último, y más importante, aquella variable clave que el gobierno toma como vara de evaluación de su gobierno: la inflación. La calificación, dados los resultados, no pueden ser otra que un fuerte desaprobado. Los precios se ven severamente afectados por el efecto retroalimentado de la devaluación y los tarifazos. No hay “metas de inflación” ni política monetaria que valga.

Ya las consultoras estiman en mayo un nuevo Indice de Precios al Consumidor del orden del 2,5 %, lo que significaría un acumulado en los primeros cinco meses del año de más de 12 %. Paritarias del 15 % a esta altura, son una provocación.

3- Inestabilidad política y problemas del gobierno de Macri

Un tercer aspecto de inestabilidad en el mundo financiero que hace inminente una nueva corrida al dólar es la pérdida de confianza de los grandes capitales y especuladores sobre el gobierno de Macri. La pérdida de imagen positiva entre la población es una señal indirecta de desaprobación de sus políticas de ajuste y el giro hacia un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. El enorme repudio a la reforma previsional y el rechazo a los tarifazos hace dudar a las patronales de la posibilidad del gobierno de avanzar en un mayor ajuste.

Macri se encamina además a un nuevo costo político antipopular: el del veto a la ley que limita parcialmente los tarifazos que será probablemente aprobada mañana en el Congreso.

Si bien los empresarios continúan dando un apoyo tibio al gobierno nacional, exigen al mismo tiempo acelerar los ritmos y endurecer las políticas fiscales y laborales. El titular de la UIA manifestaba esta semana que apoya las políticas del ejecutivo pero que el próximo paso es ir hacia una mayor flexibilización laboral, apurando el tratamiento de la reforma respectiva que entró en el Senado.

La semana pasada la sociedad fue testigo de una injustificada e ilegal represión a trabajadores del subterráneo de la Ciudad de Buenos Aires. Son un símbolo de dos luchas convergentes y sentidas en el pueblo trabajador. De una parte, los trabajadores del subte muestran que se puede hacer frente a las paritarias a la baja del gobierno y la pérdida abrupta del poder de compra con que intentan robar otra parte de los ingresos de los trabajadores. De otra parte, un símbolo de la lucha contra los tarifazos no sólo en transporte sino en los bienes esenciales como la luz, el gas y el agua, que sólo apunta a seguir garantizando ganancias millonarias a las empresas concesionarias de servicios públicos.

El dólar volvió a tocar nuevos records en el mercado y nada hace descartar que continúe subiendo. Lejos de una ocasión pasajera o una “turbulencia”, la crisis cambiaria es en realidad expresión de fuertes desequilibrios económicos y políticos. Para los trabajadores, se trata de levantar, articular y conquistar una salida propia a la crisis.



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