Dólar: el miedo le gana a la codicia y el Banco Central retrocede con las tasas

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El Banco Central subió fuerte las tasas de interés, que pasaron de 46 % el miércoles a 49 % ayer, con el objetivo de contener al dólar, que cotizaba ayer $ 39,66 en el mercado mayorista).

El dólar se desperezó un poco y el Banco Central (BCRA) salió con todo a contenerlo. Si lo viéramos como una guerra de nervios, podríamos decir que Guido Sandleris (presidente del BCRA) y su equipo la perdieron por paliza. Bastó que la cotización del dólar superara ligeramente la banda inferior de la llamada Zona de No Intervención (ZNI), para que se terminara abruptamente el amague de bajar las tasas de interés que venía poniendo en práctica el organismo.

Con el actual nivel del dólar, el BCRA no puede intervenir en el mercado cambiario comprando ni veniendo divisas. Así lo establece la política monetaria comprometida en septiembre pasado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de la ampliación del Acuerdo Stand By, que después de aprobarse en junio tuvo que ser revisado rápidamente ante el recrudecimiento de la corrida.

La política monetaria vigente establece que la cotización del dólar respecto del peso tendrá libre flotación entre bandas. Es decir que si la cotización del dólar se ubica dentro de los límites inferior y superior de la banda, el BCRA no realiza ninguna intervención y la cotización la fijan las operaciones de mercado. Inicialmente la ZNI era entre $ 34 y $ 44, subiendo los valores un 3 % mensual en el primer momento y luego 2 % (lo que se mantiene hoy). Si la cotización del dólar superara la banda superior, puede vender una cierta cantidad de dólares diarios (el techo quedó fijado en USD 150 millones); y si se ubicara por debajo de la inferior, como ocurrió a comienzos de enero y se mantuvo hasta días atrás, el BCRA puede comprar dólares (hoy hasta USD 75 millones diarios y por un monto que no debe superar el 2 % del objetivo de base monetaria).

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Como hoy el dólar (mayorista) está en $ 39,66, y las bandas en $ 38,453 y $ 49,763, el BCRA no puede operar directamente en el mercado de cambios. Sus únicas herramientas para actuar sobre el dólar son intervenir en el mercado de futuros (tiene un límite de USD 2.700 para vender en futuros hasta el mes de septiembre según lo acordado con el FMI) o retomar la contracción monetaria. Sobrecumplir la meta de base monetaria (que haya menos pesos aún que los que define el objetivo de “crecimiento cero”) o convalidar tasas más elevadas en las Leliq que les entrega a los bancos a cambio de sus pesos, son las dos herramientas que tiene para operar. Ayer pasaron de 46 % anual, a 49 %.

¿Asustado del “éxito”?

En buena medida, la intervención del BCRA en las últimas semanas venía estimulando el aumento del dólar que ahora ocurrió. A pesar de que el acuerdo con el FMI permitía que con la cotización del dólar por debajo de la banda inferior de la ZNI el BCRA comprara dólares para aumentar reservas, y emitiera para eso pesos (siempre que estos no superaran el 2 % del objetivo de base monetaria del mes), no era obligatorio hacerlo. Pero al definirse por intervenir, para sumar reservas e inyectar liquidez en el mercado (estas compras son la única vía permitida para inyectar pesos que habilitan los lineamientos de la política monetaria), estaba sumando presión por el lado de la demanda de dólares.

Esta mayor liquidez es lo que permitió una disminución de las tasas más acentuada durante enero y principios de febrero, que empezó lentamente a responder a un reclamo muy extendido contra la política monetaria, que es que está contribuyendo a hundir todavía más la actividad económica. Pero menores tasas también significan un menor incentivo para los que venían haciendo “carry trade”, es decir vendiendo dólares para hacer inversiones en pesos de corto plazo para sacar provecho de las altas tasas, y después volver a pasarse a dólares en algunos meses.

Por si todo esto no fuera suficiente para estimular que el dólar se pusiera en movimiento (al alza), el BCRA también limitó la cantidad de Leliq que los bancos podían comprar. Esto buscaba impedir que los bancos siguieran aumentando el porcentaje de sus activos que vuelcan a hacer jugosos negocios con las altas tasas que les paga el BCRA, y cuyo costo se mide en el altímisimo déficit cuasi fiscal.

Pero a pesar de haber empujado con todas estas medidas en contra de una baja de la cotización del dólar (y a favor de su aumento), bastó que esto ocurriera ligeramente para que Sandleris definiera un abrupto giro, nuevamente subiendo las tasas de manera abrupta (la suba fue de casi un 10 % en dos ruedas).

Señales de precariedad

Este nuevo giro, que desvaneció en unos días el entusiasmo con el “veranito financiero”, expone la precariedad del panorama que sigue afrontando el gobierno. A pesar de los meses acumulados de calma cambiaria, la “cuestión del dólar” es un tema que sigue poniendo los nervios a flor de piel.

Se sumaron una serie de señales negativas para terminar de ensombrecer el panorama. Ninguna de ellas tiene que ver con el desplome de la actividad económica, que aunque confirma su profundización con cada dato no es noticia que resulte inesperada. Para el gobierno es además el precio a pagar por la “estabilización”, y sus costos son descargados sobre los trabajadores y sectores populares; la política económica solo se preocupa por los acreedores, mostrando que los recursos para cumplirles se garantizarán con la “sed y el hambre” como en los tiempos de avellaneda.

La mala noticia fue el índice de inflación de enero, de 2,9 %, y el anticipo de que este mes podría ser de 3,5 %. El presidente Macri tuvo el acierto de decir que está bajando justo el día en que el Indec informó exactamente lo contrario: está subiendo nuevamente. Es una muestra de que, si la política ejecutada por Sandleris venía sirviendo para contener al dólar, no logra resultados en materia de precios. Y esto significa que tampoco podrá contener al dólar por mucho tiempo, alimentando nuevamente las presiones para subir tasas.

Por otro lado, esta semana también aguaron la fiesta desde Morgan Stanley Capital International (MSCI). Después de haber anunciado a mediados del año pasado que la Argentina pasaría a integrar la categoría de “mercado emergente”, una mejora en la categorización para el país, esta semana anunciaron que igual sería incluido en la categoría de Emergente de Frontera (Frontier Emerging Markets). Esto volvió a estimular el riesgo país, que está nuevamente por encima de los 700 puntos básicos.

El BCRA, que hasta hace pocos días buscaba sobreactuar el control que tenía de la situación mostrando medidas de relajamiento monetario, ahora se dejó vencer nuevamente por el nerviosismo. Aún con los dólares del FMI y los frutos que va dejando el ajuste en materia fiscal y de balance externo, que reduce el rojo, son recordatorios de que la estabilización, la única meta que tiene el plan que fiscaliza el FMI, se apoya sobre pies de barro.

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