Dólar en $ 40, Gobierno en el pantano, y las incógnitas del pacto con el FMI

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En otra jornada de vértigo, el dólar llegó a $ 42. El gobierno buscó contenerlo con más restricción monetaria y subastando dólares. Las tasas a 60 % anual preanuncian más hundimiento económico.

En dos días, el dólar acumuló una suba de 25%, pasando de $ 32 en el cierre del martes a $39,77 ayer 15hs, en el segmento minorista.

El gobierno de Macri, que llegó al poder en diciembre de 2015 haciendo gala de una capacidad para sintonizar con el empresariado y los “mercados”, por la abrumadora composición de CEOs en el gabinete, está mostrando sin embargo que lo que logra ponerlos muy nerviosos. El día miércoles, bastó un video grabado de dos minutos del propio presidente, media hora antes de que arranquen las operaciones, dirigido exclusivamente a los acreedores, para generar una jornada frenética.

Ayer, fue el turno del jefe de Gabinete, Marcos Peña, que en su discurso en el Consejo de las Américas, elogió el rumbo económico y le echó la culpa de la crisis a “los últimos 70 años” del país. La respuesta no se hizo esperar. Pasada una hora de las palabras de Peña, el dólar superaba a las 11 de la mañana del jueves los $ 40.

El Banco Central sigue corriendo de atrás

Ante la feroz escalada de la cotización de la moneda norteamericana, el Banco Central (BCRA) volvió a aplicar, en dosis mayores, las recetas que ya viene probando sin lograr más que resultados paliativos momentáneos, en el mejor de los casos. Ante el arranque alcista, elevó la tasa de referencia de la política monetaria, la que actúa de base para el costo financiamiento en el conjunto de la economía, a 60 % anual. Una medida que preanuncia un nuevo salto en la caída del crédito, y mayores dificultades de los deudores para evitar la morosidad.

Por si esto fuera poco, el BCRA también aumentó nuevamente los encajes para los depósitos en 5 puntos. De esta forma, por los depósitos a la vista, los bancos deberán inmovilizar el 36 % de los fondos captados (en el caso de los plazos fijos será de 30 %). Estos podrán integrarse con pesos, Letras de Liquidez (LELIQ) o Notas del Banco Central (NOBAC).

El efecto de estas medidas para calmar al dólar, se evaporó pasado el mediodía. Por entonces, el dólar volvía a estar arriba de $ 40. Cerca del cierre, en algunas entidades bancarias llegaron a ofrecerlo a $ 43. Con un escaso volumen operado y un fuerte spread entre la cotización para la compra y para la venta, se ponían en evidencia la poca disposición de las entidades financieras a desprenderse de billetes en medio del descontrol, como no fuera imponiendo esos valores exorbitantes.

En este contexto, el BCRA realizó poco antes de las 15 hs, una nueva subasta, ofreciendo USD 500 millones. Adjudicó USD 330 millones, a un precio de corte de $ 38,71. Sobre la hora, dejó el dólar minorista apenas por debajo de $40.

La jornada alcista de ayer se desarrolló con un volumen operado en el segmento contado de USD 749 millones. En futuros se movieron USD 558 millones.

Todo indica que la semana terminará con otra rueda con dólar al alza.

Parálisis, desconcierto y déficit cero en 2019

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, hizo también ayer su aporte al desconcierto generalizado. En la Casa Rosada, el ministro habló por segundo día consecutivo ante la prensa, esquivando definiciones sobre nuevas medidas. “Estamos convencidos de que este nivel de tipo de cambio exagera los fundamentos de la economía argentina”, afirmó, en una opinión que claramente no es compartida por los operadores, dispuestos a tomar comprar dólares en el nivel actual para seguir deshaciéndose de sus posiciones en pesos.

Reconociendo lo que es evidente, que “hay un proceso hoy de desconfianza en la economía argentina”, Dujovne postergó sin embargo hasta la semana próxima cualquier anuncio sobre la nueva hoja de ruta que estaría preparando el gobierno como parte de la versión 2.0 del acuerdo con el FMI. “Ese mismo lunes por la noche voy a viajar con mi equipo a la ciudad de Washington para seguir avanzando en el equipo técnico de lo que ya fue anunciado por el presidente”, señaló. Concluyó que “van a tener más detalles en breve y esperamos también en este entendimiento técnico avanzar rápidamente para poder también dar a conocer los detalles de los desembolsos el fondo lo antes posible”.

Estas palabras preanuncian que el viernes será otra jornada tormentosa. Dujovne reafirmó lo que dijo Macri el miércoles: el acuerdo vigente con el FMI naufragó, y el gobierno transita sin red el camino hacia un nuevo acuerdo, una versión revisada del anterior, más generosa en materia de desembolsos, pero de la cual por ahora sólo cuenta con el compromiso de la directora del organismo, Christine Lagarde.

La única pista que dio Dujovne, es la que casi todos los analistas daban por descontada, y es que la reformulación del acuerdo vendrá con una meta fiscal todavía más agresiva. Es que, según el ministro, están “convencidos de que la manera en que van a restablecer la confianza es estar menos expuestos a la volatilidad del mercado”, lo que “se logra reduciendo la cantidad de fondos que tenemos que financiar”.

El déficit cero, proyectado hace dos meses para 2020, será a hora una meta para el año próximo. Cómo podría alcanzarse semejante objetivo, resulta una incógnita que Dujovne no develó. Pero podemos anticipar que incluye nuevas medidas contra los trabajadores del Estado, un freno total de la obra pública (que ya estaba previsto reducir en 2019 a la mitad de lo gastado este año, que es a la vez el 50 % de lo desembolsado en 2017), y nuevos intentos de modificar las principales partidas del gasto: jubilaciones y asignaciones.

¿Volverán a aumentar impuestos para mitigar parte de los recortes del gasto necesarios que requiere cumplir esta meta más exigente? Hasta ahora, es poco y nada lo que el gobierno aceptó hacer en este terreno. No sea cosa que se recorte en parte la formidable transferencia de riqueza que el gobierno permitió en estos años recortando impuestos que graban a los más ricos.

Entre aquellos cuyos intereses el gobierno no quiere afectar, se encuentra el agropower, que con el dólar actual se prepara para obtener ganancias formidables en la próxima campaña. La administración de Macri persiste, aún en medio de la crisis, en mantener un claro esquema de ganadores y perdedores. Sabemos de que lado queda la mayoría constituida por el pueblo trabajador. El costo de vida escala al ritmo del dólar, y los salarios ven la carrera desde atrás. Según evaluó Daniel Schteingart, los salarios en dólares en el último año “subieron 24%, contra una inflación del 31% y un dólar que trepó 135%”.Licuados, para beneficio de los empresarios. No sorprende que ayer, a contramano del panorama general, los papeles de algunas empresas exportadoras y del sector energético empujaran a la bolsa porteña a un alza de 5 %.

Víctimas del vaciamiento

El anuncio realizado el miércoles por Macri fue como echar nafta al fuego, porque dejó en evidencia que el gobierno apenas contará con los dólares, aportados por el FMI, para cumplir con los compromisos de la deuda en 2019. O sea, no cuenta con garantías para la deuda soberana más allá de esa fecha, ni tampoco puede asegurar los dólares que necesita el conjunto de la economía.

El déficit de cuenta corriente (el exceso de dólares por encima de los que genera la economía nacional), que según el último dato disponible (primer trimestre) alcanzó un monto anual de USD 34 mil millones. Con la megadevaluación en curso esta brecha va a reducirse, por el efecto de la recesión en la que ya entró la economía (y que con tasas de interés a 60 % e inflación de 40 % o más se agrava cada día) y el encarecimiento de bienes y servicios del exterior, así como del turismo en el extranjero. Pero otros capítulos del déficit externo, como la salida de capitales, no hacen más que acelerarse: en los primeros 7 meses del año se fugaron USD 20 mil millones.

El endeudamiento del gobierno tomado en moneda extranjera, que supera los USD 100 millones, apuntó no sólo a financiar al tesoro (en gran parte para pagar deuda), sino también a conseguir estos dólares que demanda la economía. También para esto sirvió la bicicleta financiera que armó el ex jefe del BCRA, Federico Sturzenegger, y que se estrelló con la corrida cambiaria.

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La gangrena de dólares del déficit externo, que es constitutiva del desenvolvimiento de la economía nacional, no se encuentra garantizada por el prometido adelanto de desembolsos del FMI. Ante el cierre de los mercados de crédito para el gobierno (y también para las empresas), no está claro de donde podrán surgir. Este faltante acicatea la fuga de los especuladores de los activos argentinos. Esta es la parte de la crisis que omiten quienes explican los problemas del país por el déficit fiscal.

Winter is coming

Los últimos datos conocidos, para el mes de junio, mostraron una economía en caída estrepitosa (-6,7 %). En ese momento el dólar había recorrido apenas un pequeño trecho del aumento que tuvo en lo que va del año. La tasa de interés de referencia todavía estaba cercana a 30 %, y los pronósticos de inflación seguían hablando de un aumento de precios para todo el año de poco más de 30 %.

Hoy, con el dólar en un rango de $ 40, la tasa de interés de referencia en 60 %, y la inflación proyectada para el año moviéndose por arriba del 40 % anual, las perspectivas son mucho más inquietantes.

La proyección de desplome del 1 % que maneja el gobierno se vuelve cada vez más improbable. Pero todo eso podrá verse recién en un futuro hoy incierto: cuando pase la corrida. En lo inmediato, con el dólar volando, toda la economía se encuentra paralizada. Las listas de precios se encuentran en estado de revisión permanente, las cadenas de abastecimiento están en stand by. Los concesionarios dejaron de entregar vehículos hasta nuevo aviso.

Dujovne proclama que “no hay otra manera” que seguir con el camino trazado por Cambiemos. Pero esto es falso de raíz. La crisis que transita la Argentina es resultado del endeudamiento serial encarado por el gobierno, y de los desequilibrios que aquejan al capitalismo argentino, que son resultado de las condiciones de dependencia que caracterizan estructuralmente a la economía argentina. Macri agravó la exposición a las mismas eliminando cualquier restricción para la entrada y salida de capitales, pero las mismas también pesaron sobre la economía nacional durante los años kirchneristas, a pesar de que se afirmara alegremente lo contrario.

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Existen “otras maneras”, pero que requieren atacar de raíz estas condiciones de la Argentina dependiente.

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