Dólar y riesgo país en alza: ¿pronóstico de más tormenta financiera?

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El dólar tuvo el jueves un nuevo salto de 46 centavos. Aunque ocurre en un contexto de turbulencias internacionales, se suma a otras señales de complicaciones para el gobierno.

La semana que concluye estuvo plagada de noticias negativas para el gobierno de Mauricio Macri en el plano económico. Entre ellas destaca que el dólar salió de la modorra, y volvió al sendero alcista.

En la rueda del jueves, el dólar mayorista aumentó 46 centavos, para cerrar en $28,11. En el segmento minorista el tipo de cambio promedio en las casas de cambio de la Ciudad de Buenos Aires también registró un incremento de 46 centavos, para cerrar en $28,69.

La nueva suba del dólar en la plaza local ocurrió en el marco de una agitación financiera internacional. A la escalada comercial que enfreta a EE. UU. y China, se suman las nuevas sanciones que el imperialismo norteamericano impuso a Rusia y Turquía. Estas medidas dispararon una fuerte suba del dólar frente a las monedas de estos países; la lira turca alcanzó su valor máximo frente al dólar, depreciándose casi 5 %, mientras el rublo retrocedía 4 %. Este fortalecimiento del dólar también se registró, el miércoles y jueves, frente a las monedas de otros países “emergentes”.

La contracción monetaria calmó la corrida pero no eliminó sus causas

La mayor señal de preocupación para el gobierno es que el dólar volvió a cotizar en alza a pesar de que el Banco Central (BCRA), comandado por Luis Caputo, mantiene un combo de duras medidas monetarias para reducir al mínimo los pesos que puedan volcarse al dólar.

El objetivo de mantener la divisa norteamericana anclada en alrededor de $28, que empieza a peligrar, está vinculado a la necesidad de cumplir con la meta inflacionaria comprometida con el FMI para acceder a la línea de préstamo Stand By. La suba del dólar, que superó el 50% en lo que va del año, es junto a los tarifazos uno de los principales factores que aceleraron el alza de precios.

Según expresa la Carta de Entendimiento suscrita por el gobierno ante el organismo, de superarse el 32 % de inflación en el año, peligraría el acuerdo, es decir que el FMI podría frenar los desembolsos que el gobierno tanto necesita para pagar a los especuladores.

De acuerdo al Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica mensualmente el BCRA, hoy las consultoras prevén una inflación de 31,8% para 2018, que no casualmente va en línea con lo que que hoy proyecta el gobierno. Si nos guiamos por la experiencia de los últimos años, el REM tienden a subestimar la inflación en sus pronósticos.

No sorprende entonces que Luis Caputo mantenga al máximo la contracción monetaria. La tasa de referencia de la política monetaria volvió a quedar fija en 40 %. Un nivel que empieza a mostrar sus costos en la actividad económica: según registra la Oficina de Estadísticas del Consejo de la Magistratura, en el primer semestre se incrementó 8% interanual la presentación de concursos y quiebras. Esto es resultado de las turbulencias financieras y el salto exorbitante de la tasa de interés que afrontan las firmas para financiarse, en especial de las pymes, las orientadas al consumo, y las del sector industrial, según datos oficiales.

Pero la dureza monetaria, que ahogó temporariamente los mecanismos de la corrida cambiaria al precio de una formidable bomba de deuda del tesoro para los años venideros, no aplacó sus motivos. Por eso, el gobierno siguió perdiendo reservas: en julio sacrificó USD 3.886 millones y en lo que va de agosto USD 479 millones.

El andamiaje financiero que ideó para calmar la corrida Luis Caputo, el lobo de Wall Street que Macri puso a custodiar la estabilidad financiera, desnuda sus fragilidades ante un escenario global y local que se vuelve cada vez más complicado.

Los “mercados”, sacudidos por el “cuadernogate”

Las señales de tormenta no estuvieron marcadas solamente por el dólar. El Merval se hundió el miércoles 4%, recuperando ayer apenas 0,87 %. El desplome bursátil está marcado por la perspectiva de las derivaciones que pueda tener la causa de los cuadernos de Centeno, que en una semana puso tras las rejas a algunos empresarios, entre ellos nada menos que al vicepresidente de Electroingeniería Gerardo Ferreyra, uno de los mayores beneficiarios de la obra pública durante los gobiernos kirchneristas. También se “arrepintieron” entre otros Angelo Calcaterra, primo de Macri y heredero del emporio constructor de Franco, y Héctor Zabaleta, exdirectivo de Techint. Ambos declararon haber sido “obligados” a aportar fondos para la campaña electoral del FPV, lo que corresponde una mena menor.

La prevención de los inversores, más allá de lo que pueda acarrear la investigación para los activos de algunas de las empresas mencionadas en las obras completas del inspirado chofer de Roberto Baratta, apunta sobre todo al impacto que las revelaciones tendrán sobre la economía.

Con el ajuste en marcha, las contratendencias al enfriamiento económico para este año y el próximo pasan sólo por las perspectivas de una mejor campaña agricola 2019 y la apuesta a los Proyectos de Participación Público-Privada (PPP) con los cuales el gobierno de Macri apuesta a mantener viva la obra pública a pesar de las exigencias del FMI y los acreedores para bajar drásticamente el gasto.

Pero el avance de las licitaciones mediante el esquema de PPP ya venía demorada por el impacto de la corrida financiera, que encareció el financiamiento para el país. Ahora, con las derivaciones de la causa de Centeno, que comprometen a todas las empresas de la patria contratista, la pata local de la mayor parte de los proyectos queda renga. Difícil que los bancos le presten, excepto a tasas imposibles, a firmas que podrían aparecer comprometidas en la causa.

Lo que hace la ecuación más complicada es el incremento del riesgo país, que ayer llego a 633 puntos. Esto marca la prima de riesgo que los acreedores le asignan al país para lucrar con sus títulos, por encima de la tasa que paga el tesoro de EE. UU. El aumento del riesgo país se debe a que, a pesar del acuerdo con el FMI, los “mercados” siguen dudando de la viabilidad del plan económico de Macri.

La tasa a la cual podría acceder hoy a financiamiento voluntario la Argentina en los mercados internacionales, supera el 8 %. La tasa para las empresas que realicen emprendimientos en el país es aún mayor. En estas condiciones, la apuesta al PPP es hoy una quimera tan grande como la “lluvia de inversiones”.

Si en el terreno político el cuadernogate le da un salvavidas a Mauricio Macri en su peor momento, viene al costo de empeorar todavía más el sombrío panorama de la economía, que tiene un derrumbe asegurado en el segundo semestre. Con las variables de la política económica ordenadas en función de cumplir con los acreedores al precio de la “sed y el hambre” de los trabajadores y sectores populares (pero no de la banca ni del agropower que siguen ganando fuerte), lo peor no pasó, está por venir.

Hay que pararle la mano en las calles al plan de guerra de Macri y el FMI.



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