Edictos policiales y activismo travesti: entre el escándalo y la organización

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Travestis, trans y disidencias han sido sistemáticamente perseguidas por la policía. Un repaso histórico sobre la represión y la resistencia.

La detención y encarcelamiento a las personas travestis y trans es una de las formas más extendidas de violencia estatal hacia este colectivo. En septiembre de 2018 la organización OTRANS denunció que solo en la Unidad penitenciaria N ° 32 de Florencio Varela se encontraban privadas de su libertad 46 travestis o trans, un 68% más que en el año 2015. La mayoría de estas detenciones fueron producto de violentas razzias justificadas en la Ley de Drogas 23.737 y resultado de causas armadas, argumentan las activistas.

Según el último Informe Anual de la Comisión por la Memoria 3 travestis murieron en un penal producto de la desatención a la salud por omisión penitenciario-médico y total abandono del Estado. Desde el año 2005 a la fecha, la desatención de la salud ha sido una de las situaciones graves registradas y denunciadas reiteradamente por este organismo, sin que haya políticas integrales y coordinadas con el Ministerio de Salud provincial tendientes a revertirlas.

Históricamente la persecución policial a travestis y trans estuvo amparada en los Códigos Contravencionales, de Faltas y los Edictos Policiales. Este tipo de normativas restringen la permanencia y circulación en la vía pública y son la principal herramienta de control estatal sobre esta población y otros grupos sociales específicos. Los Códigos Contravencionales -vigentes hasta 2012- de las provincias de Formosa, Mendoza, Neuquén, Santa Fe y Tierra del Fuego, por ejemplo, sancionaban expresamente el “homosexualismo” o el “travestismo”.

No queremos que nos persigan

En la Ciudad de Buenos Aires los Edictos Policiales fueron reemplazados en 1998 por el Código de Faltas. Su origen se remonta al año 1772 y su propósito inicial era la regulación de la mendicidad y la vagancia. En 1868 la creación del Reglamento de Policía autorizó a los agentes de la fuerza de la Ciudad a juzgar el incumplimiento de estas normativas y a aplicar penas de hasta 30 días de cárcel. La concentración de poderes en manos de la policía resultó en la detención, encarcelamiento y tortura sistemáticas de travestis y trans y en la permanente violación de sus derechos humanos.

Fue en 1932 que el Coronel Luis J. García introdujo la figura de “exhibirse en la vía pública o lugares públicos vestidos o disfrazados con ropas del sexo contrario” en el Artículo 2°F de los Edictos Policiales y en 1949 se introdujo el Artículo 2°H, que refiere a quienes “incitaren o se ofrecieren al acto carnal”. Estos dos artículos, englobados bajo la figura de “Escándalo”, fueron los utilizados para justificar el hostigamiento sistemático de la policía. Los Edictos y este tipo de figuras han estado vigentes bajo diferentes formas durante todos los años y gobiernos posteriores.

La importancia de vestir bien

Las “ropas del sexo contrario” han sido motivo de detención en Argentina y en todo el mundo. En Estados Unidos, la revuelta de Stonewall de 1969 estalló motivada por las permanentes razzias y detenciones de las que eran víctimas los miembros de la comunidad LGTTTBIQ bajo la aplicación de reglamentaciones similares.

¿Qué fué el levantamiento de Stonewall?

Es contra ese Estado de las cosas que se ha organizado históricamente el colectivo LGTTTBIQ. En Argentina se conformó en 1967 el Grupo Nuestro Mundo, considerado la primer organización en defensa de los derechos homosexuales en América Latina. Dos años después, en Nueva York, el estallido de la revuelta de Stonewall marcó el inicio del activismo LGTTTBIQ en occidente. Travestis y trans en nuestro país conformaron organizaciones propias en la década del 90, cuando la activista Lohana Berkins ubicó el “comienzo del travestismo organizado”.

Sobre el Grupo Nuestro Mundo y el Frente de Liberación Homosexual

Surgieron organizaciones como Travestis Unidas, Transexuales por el Derecho a la Vida y la Identidad, la Asociación de Travestis Argentina, la Organización de Travestis y Transexuales en Argentina y la Asociación por la Identidad de las Travestis, entre otras. En vinculación con Carlos Jáuregui, fundador de Gays DC y su red de abogados y abogadas, trabajaron para liberar a las detenidas y para obtener la personería jurídica de sus organizaciones. Los reclamos fundamentales que levantaron en programas de TV y en publicaciones gráficas, así como en las manifestaciones, eran el fin del hostigamiento policial, la derogación de los Edictos y el reconocimiento de su identidad autopercibida.

Estas normativas en particular, y la persecución policial en sí misma, reflejan con claridad los roles de género reproducidos y sostenidos con fuerza de ley por el Estado. A través de la prohibición del aborto el Estado expresa que la maternidad es obligatoria para quienes son consideradas biológicamente mujeres. La persecución estatal a la comunidad LGTTTBIQ, entonces, viene a reforzar la heterosexualidad como mandato, los roles de género determinados según el sexo asignado al nacer y la formación de la familia tipo como fin último de la sexualidad.

Como declaraba la Editorial del número de marzo de 1997 de la revista La Hora “Los edictos están derogados, pero la policía no respeta leyes ni democracias (…) Tenemos una policía asesina, pero no es ineficiente. Es la policía que quiere el sistema, la policía que necesita para seguir oprimiéndonos… por nuestro género, clase, nuestra identidad o nuestra orientación sexual. La policía es eficiente… y ése es el problema”

Protesta frente a Departamento de Policía. Crónica: 18 de agosto 1995.

Aún hoy travestis y trans son perseguidas, hostigadas y detenidas en Once, Constitución y las zonas rojas de nuestro país. La pelea contra la represión tiene historia y sigue vigente. Es necesario seguir peleando contra la policía que perpetúa la opresión. Este 8 de marzo, una vez más, saldremos a las calles por los derechos de las mujeres, travestis, trans, las disidencias y las trabajadoras porque -como hace años cantamos- “al calabozo no volvemos nunca más”.

Fotografía: Florencia Guimaraes García



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