Eduardo Valdés: el amigo del papa que está quinto en la lista de diputados del Frente de Todos

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Político de larga trayectoria en el peronismo. Muy cercano a Cristina y el Papa. La banca que será la voz del Vaticano en el Congreso.

Después de un fin de semana con una frenética rosca política, las cartas están echadas. Ya están los nombres de quienes ocuparán las bancas en el Congreso. En este sentido no pocas veces el movimiento de mujeres ha hecho pública la necesidad de prestar especial atención al posicionamiento que esos candidatos tienen respecto a la legalización del aborto.

En el armado de listas existió un denominador común entre los partidos, macristas y todas las variantes de la llamada oposición a excepción del FIT-Unidad, que fue sin dudas tratar de compensar en el orden de los designados aquellos que están de acuerdo con legalizar un derecho elemental, con los otros que intentan mantener las muertes clandestinas.

En el caso del Frente de Todos, en la lista de Diputados por la Ciudad de Buenos Aires, los primeros puestos son para los llamados “verdes”. Sin embargo, en el lugar 5 aparece el nombre de Eduardo Valdés.

Valdés seguramente es un ignoto para las miles de pibas y pibes que este año votarán por primera vez. Por eso resulta importante hacer un breve curriculum de su trayectoria política.

Valdés toma por primera vez un cargo en el año 1989, como secretario general del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que en ese momento tenía como intendente (sí así se llamaba el puesto) a Carlos Grosso.

Después de ser consejero vecinal, convencional constituyente en la reforma de la Constitución del año 1994. En 2003 fue nombrado jefe de Gabinete del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación hasta diciembre de 2004.

En octubre del año 2014, después de años de estar alejado de los nombramientos oficiales, la ex presidenta, Cristina Fernández, lo designa como embajador ante la Santa Sede en Roma. Esta designación surge dada la relación personal que une a Valdés con el hoy Papa Francisco.

Desde ese puesto se convirtió en el puente y facilitador de varios encuentros que se sucedieron entre Cristina varios dirigentes de La Cámpora.

Este nexo tan estrecho con Bergoglio define su posición respecto de la legalización del aborto.

El año pasado, durante el debate en el Congreso, publicó una columna de opinión en el diario Página12 donde dejaba perfectamente aclarado qué es lo que pensaba (y piensa) sobre el derecho de las mujeres a decidir sobre su propio cuerpo.

“En esta situación hay tres derechos. El primero, el del concebido, es el fundamental; los otros, el de la mujer y el de la sociedad, son derechos derivados. Por otro lado, y para mí este es el punto central, el derecho de la mujer y el de la sociedad, que suelen esgrimirse para justificar el aborto, pueden ser satisfechos sin necesidad de recurrir al aborto, evitando la concepción. Pero una vez que hay concepción, el derecho del concebido sólo puede ser satisfecho dejándole nacer”

Pero en su justificación, que no es otra cosa que una postura religiosa y moral, también atacó a la enorme marea verde y las masivas movilizaciones que llevaron adelante en las calles en la lucha por este derecho elemental. Así Valdés escribía: “Una vida desamparada…¿puede atentarse contra ella libremente? Su debilidad pierde visibilidad si su eliminación se efectúa mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Seguramente los demás fetos callarán, no pueden hacer manifestaciones en las calles, no pueden protestar, son más débiles que los débiles cuyos derechos decimos proteger”.

Valdés sostiene su posición atándola a un tema religioso, cuando lo que se discute realmente es un tema de salud pública.

Haberle dado un lugar en la lista es abiertamente poner la voz del Papa en el Congreso, y sin dudas una mano que probablemente sea levantada para apoyar la clandestinidad del aborto.



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