El 13J en Bahía Blanca, la plaza se tiñó de verde

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Fue una madrugada teñida de lucha que promete continuar, que genera nuevas discusiones y que, imparable, se prepara para el Senado.

El pasado 13 de junio, mientras en el Congreso Nacional se daba el histórico debate por la legalización del aborto, las calles de Bahía Blanca se vieron sacudidas por la inmensa marea verde que venció el frío para hacer presencia en la Plaza Rivadavia. La carpa blanca, eje en torno al cual se congregaron miles de personas, se alzó en pie a las ocho de la mañana y persistió, repleta, hasta estallar en una celebración por el derecho cada vez más cerca de ser conquistado.

Ese día la plaza estalló en verde, en pañuelos agitados en el aire y atados en mochilas que acababan de volver de la secundaria. Fueron las chicas y chicos más jóvenes quienes hicieron suya la lucha que exige a gritos (ya imposibles de acallar) el cese del oscurantismo en el que la Iglesia lxs tiene subsumidxs. El reclamo por el silencio casi medieval que gira en torno a la Educación Sexual Integral en los establecimientos escolares fue traído a discusión por quienes lo viven día a día.

Los erroneamente (auto) proclamados “pro-vida” hacen oídos sordos a la exigencia de quienes nos proponemos terminar con los abortos clandestinos. Es la propia Iglesia la que ejerce su poder para evitar que la ley de Educación Sexual Integral (Ley 26.150) sea plenamente puesta en práctica, predicando la abstención como principal método anticonceptivo, negándonos una educación que nos permita decidir y nos enseñe a utilizar métodos anticonceptivos que nos ahorren el tener que atravesar un aborto, traumático por la clandestinidad a la que nos empujan.

Es necesario tomar la ESI en cuenta para seguir con la lucha por el aborto legal, seguro y gratuito. Resulta fundamental conquistar estos derechos teniendo en cuenta que continua la lucha por su implementación efectiva, algo que ni el kirchnerismo ni el macrismo se mostraron dispuestos a hacer, a fin de sostener sus alianzas con la curia. Desde la última dictadura militar, los distintos gobiernos argentinos del estado mantuvieron disposiciones que significan mantener la inmunidad de la iglesia mediante aportes monetarios, el presupuesto para el 2018 es de mas de 130 millones.

En Bahía Blanca, desde Pan y Rosas, ponemos en primer orden la necesidad de que la lucha por el derecho al aborto legal sea parte de la exigencia por la separación de la Iglesia y el Estado, sino que, además, nos posicionamos contra el ajuste de Macri y los gobernadores que, junto con el acuerdo con el FMI, quieren descargar la crisis sobre las mujeres, la mayoría del pueblo trabajador, la salud y educación.

Quienes somos parte de Pan y Rosas y el PTS, mediante debates abiertos y agitación en las calles y lugares de estudio enarbolamos la bandera de no al pago de la deuda, para que ese dinero se destine a salud y educación, porque somos conscientes de aquello que llaman “feminización de la pobreza” y las devastadoras consecuencias que conlleva el ajuste en curso sobre las mas amplias mayorías.

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Somos las mujeres de la clase obrera quienes nos vemos arrojadas a los abortos inseguros, a quienes se nos culpabiliza por decidir movidas por la necesidad o el deseo, ya que la clínica privada reviste la intervención de un silencio que exculpa. Necesitamos grabarlo a fuego, sobre todo tras la idealización de una Lospennato que se adueña de la sororidad y parece causar amnesia colectiva, porque es real que el género nos une, pero la clase nos divide.

El reclamo del pasado miércoles tuvo origen en la bronca, en la expropiación de nuestros cuerpos que lleva años denunciándose a voz en cuello y que hoy logra ser escuchado. Nuestra aparente desolación se convirtió en una masa que va a erradicar los cimientos que el capitalismo patriarcal afianzó en una sociedad ciega, pero que comienza a ver. Las pibas y los pibes hicieron temblar la tierra uniendo sus voces al grito de “y que los curas se vayan a laburar”, haciendo flotar en el aire una demanda que no puede esperar.

Ante todo, el 13 de junio fue un compromiso, una decisión de plantarse ofreciendo la organización como resistencia al poder de la Iglesia y del Estado que la avala y que, durante todos estos años, nos aseguró la ilegalidad. Fue una madrugada teñida de lucha que promete continuar, que genera nuevas discusiones y que, imparable, se prepara para el Senado.



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