El aborto durante la revolución rusa del 17 y el estalinismo

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En octubre de 1918, el gobierno ratificó todo un Código sobre el Matrimonio, la Familia y la Custodia que barría con siglos de poder patriarcal y eclesiástico, y establecía una nueva doctrina basada en los derechos individuales y la igualdad entre los sexos.

El código familiar de 1918

La revolución del 17, desató una oleada de optimismo y expectativas de una sociedad construida sobre principios socialistas. Entre los jóvenes había muchísimas discusiones sobre las relaciones sexuales, el cuidado de los niños y la naturaleza de la familia en la transición al socialismo. La energía creativa también se apoderó del campo de la cultura, donde las prioridades y las tareas cambiaron para reflejar la muy extendida concepción de que la familia se extinguiría en poco tiempo.

Mujeres dirigentes del Partido Bolchevique

La legislación soviética de entonces dio a la mujer de Rusia un grado de igualdad y libertad que no ha sido alcanzado ni siquiera por los países capitalistas, económicamente más avanzados.

Apenas poco más de un mes después de la revolución, dos decretos establecieron el matrimonio civil y permitieron el divorcio a petición de cualquiera de los cónyuges, y en los años siguientes el número de divorcios subió a niveles altísimos.

En octubre de 1918, el gobierno ratificó todo un Código sobre el Matrimonio, la Familia y la Custodia que barría con siglos de poder patriarcal y eclesiástico, y establecía una nueva doctrina basada en los derechos individuales y la igualdad entre los sexos.

Se abolieron las leyes contra los actos homosexuales y todas las formas de actividad sexual consensual. El director del Instituto de Higiene Social de Moscú, Grigorii Batkis, explicó la posición en un folleto de 1923 titulado La revolución sexual en Rusia: “La legislación soviética se basa en el siguiente principio: declara la absoluta no interferencia del Estado y la sociedad en asuntos sexuales, en tanto que nadie sea lastimado y nadie se inmiscuya con los intereses de alguien más”.

Anticiparon la capacidad de “eliminar la necesidad de ciertos registros, como el registro de los matrimonios, ya que la familia pronto será reemplazada por otras diferenciaciones más razonables, más racionales, basadas en los individuos separados”, como dijo el jurista Goijbarg.

Luego añadió “Cuando ‘los grilletes entre marido y mujer’ se hayan vuelto ‘obsoletos’, la familia se extinguirá, reemplazada por relaciones sociales revolucionarias basadas en la igualdad de la mujer. Sólo entonces, en palabras de la socióloga soviética S.Ia. Volfson, la duración del matrimonio ‘estaría definida exclusivamente por la mutua inclinación de los cónyuges'”. El divorcio se lograría con sólo cerrar una puerta, según lo pronosticaba el arquitecto soviético L. Sabsobich.

Las nuevas leyes de matrimonio y divorcio fueron muy populares. Sin embargo, dadas las responsabilidades tradicionales de la mujer para con los niños y su mayor dificultad de encontrar y conservar empleos, para ellas el divorcio frecuentemente resultaba más problemático que para los hombres.

El código de 1918, eliminó la distinción entre los hijos “legítimos” e “ilegítimos” usando en su lugar la formulación cuidadosamente redactada “hijos cuyos padres no estén en un matrimonio registrado”. Así, una mujer podía reclamar la manutención infantil de un hombre con el que no estuviera casada.

El Código también establecía el derecho de todos los niños a la manutención por parte de los padres hasta la edad de 18 y el derecho de cada cónyuge a conservar su propia propiedad. Al llevar a cabo las medidas del Código, los jueces favorecían a las mujeres y a los niños sobre la base de que establecer la manutención del hijo tenía prioridad sobre la protección de los intereses financieros de la parte masculina.

Durante el debate sobre el proyecto, su autor Goijbarg tuvo que defenderlo contra los críticos que querían abolir el matrimonio completamente. Por ejemplo, N.A. Roslavets, una delegada ucraniana, recomendó que se rechazara la sección del Código acerca del matrimonio, argumentando que representaría un paso atrás en el “camino a la libertad de las relaciones matrimoniales como una de las condiciones de la libertad individual”. “No puedo entender por qué este Código establece la monogamia obligatoria”, decía; también se oponía a la (muy limitada) cláusula de sustento por ser “nada más que un pago a cambio de amor”.

Tiempo después, Goijbarg recordaba: “Nos gritaban ‘registro matrimonial, matrimonio formal; ¿qué clase de socialismo es esto?’” Su principal argumento era que el registro civil de los matrimonios era crucial en la lucha contra el dominio medieval de la iglesia ortodoxa rusa. Sin el matrimonio civil, la población recurriría a las ceremonias religiosas y la iglesia florecería.

La protección de la maternidad

Inmediatamente después de la revolución, el gobierno lanzó una campaña para brindarle a las trabajadoras instalaciones sociales y culturales y servicios comunales, y para atraerlas a programas educativos y de capacitación.

El Código Laboral de 1918, garantizaba un receso pagado de media hora al menos cada tres horas para alimentar a un bebé. Para su protección, durante el embarazo y la lactancia las mujeres tenían prohibido el trabajo nocturno y las horas extras. Esto implicó una lucha constante contra algunos administradores estatales que veían en estas medidas una carga financiera adicional.

La mayor conquista legislativa de las mujeres trabajadoras fue el programa del seguro de maternidad de 1918 diseñado e impulsado por Alexandra Kollontai, primera Comisaría del Pueblo para el Bienestar Social y presidenta del Zhenotdel de 1920 a 1922. La ley otorgaba ocho semanas de licencia de maternidad plenamente remunerada, recesos para la lactancia e instalaciones de descanso en las fábricas, servicios médicos gratuitos antes y después del parto y bonos en efectivo.

Alexandra Kollontai (sentada izq.) en la Comisaría del Pueblo de Asuntos Sociales

El programa estaba administrado por una Comisión para la Protección de Madres e Infantes. Con su red de clínicas de maternidad, consultorios, estaciones de alimentación, enfermerías y residencias para madres e infantes, este programa fue quizá la innovación más popular de todas las del régimen soviético entre las mujeres rusas.

En las décadas de 1920 y 1930, frecuentemente se permitía a las mujeres tomarse un descanso de unos cuantos días en forma de licencia menstrual. En la historia de la protección a la mujer obrera, la URSS fue probablemente única en esto. Los especialistas investigaban los efectos del trabajo pesado en la mujer.

Gratuito y a quien lo solicitara

En 1920, el gobierno soviético emitió un decreto anulando la penalización criminal del aborto, y pasó a ser legal y gratuito. Fue el primer gobierno del mundo en hacerlo: “Mientras los remanentes del pasado y las difíciles condiciones del presente obliguen a algunas mujeres a practicarse el aborto, el Comisariato del Pueblo para la Salud y el Bienestar Social y el Comisariato del Pueblo para la Justicia consideran inapropiado el uso de medidas penales y por lo tanto, para preservar la salud de las mujeres y proteger la raza contra practicantes ignorantes o ambiciosos, se resuelve:

“I. El aborto, la interrupción del embarazo, (…), se llevará a cabo gratuitamente en los hospitales del estado, donde las mujeres gocen de la máxima seguridad en la operación”. (“Decreto del Comisariato del Pueblo para la Salud y el Bienestar Social y del Comisariato del Pueblo para la Justicia en la Rusia Soviética”, La Internacional Comunista de las Mujeres, abril de 1921).

Al llevar a cabo este decreto, una vez más la enorme demanda chocó con recursos inadecuados y, debido a la escasez de anestésicos, los abortos, se llevaban a cabo sin ellos. La ley exigía que todos los abortos fueran practicados por médicos en hospitales, pero el país no tenía las instalaciones adecuadas. Las mujeres trabajadoras tenían prioridad. En el campo, muchas mujeres no tenían acceso a las instalaciones estatales. El resultado fue que los abortos inseguros siguieron practicándose, especialmente por parteras, y miles de mujeres fueron hospitalizadas por los efectos de estos peligrosos procedimientos.

Los médicos y los funcionarios de salud pública argumentaban que había una necesidad urgente de anticonceptivos de calidad, que en la atrasada Rusia en general no eran accesibles.

A mediados de la década de 1920, la Comisión para la Protección de Madres e Infantes proclamó oficialmente que la información sobre el control de la natalidad debía trasmitirse en todos los consultorios y centros ginecológicos. La escasez de anticonceptivos se debía en parte a la falta de acceso a las materias primas como el caucho: un resultado directo del bloqueo contra la Rusia soviética.

Algunos investigadores sostienen que entre las autoridades nunca reconocieron el aborto como un derecho de la mujer, sino sólo como una necesidad de salud pública. Ciertamente, las referencias al aborto como “este mal” que hay en otras partes del decreto suenan extrañas a los oídos del siglo XXI. Sin embargo, el aborto era mucho más peligroso en la década de 1920, antes del descubrimiento de los antibióticos y en un país donde la higiene básica seguía siendo un problema serio.

Stalin y la vuelta al pasado

Trotsky, planteó que el aborto es “uno de los derechos cívicos, políticos y culturales esenciales” de la mujer. Fustigó a la burocracia estalinista por haber criminalizado el aborto en 1936, lo que mostró la “Filosofía de cura que dispone, además, del puño del gendarme: Estos señores han olvidado evidentemente que el socialismo debería eliminar las causas que empujan a la mujer al aborto en vez de hacer intervenir bajamente al policía en la vida íntima de la mujer, para imponerle ‘las alegrías de la maternidad’”. (La revolución traicionada, “Termidor en el hogar”)

Un gran perjuicio para las mujeres soviéticas, fue el Código Familiar de 1936, que criminalizó el aborto y la tasa de muertes por aborto aumentó mucho.

Al mismo tiempo, el gobierno empezó a emitir “condecoraciones a heroínas” para las mujeres que tuvieran un gran número de hijos, mientras que los funcionarios de gobierno decretaban que en la Unión Soviética “la vida es feliz” y que sólo el egoísmo llevaba a las mujeres al aborto.

El Código Familiar de 1944, retiró el reconocimiento de los matrimonios de facto, restauró el humillante concepto de “ilegitimidad”, abolió la coeducación en las escuelas y prohibió las demandas de paternidad.

El aborto no volvió a ser legal en la URSS sino hasta 1955.



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