El amor en tiempos electorales: Macri, los Fernández y el “círculo rojo”

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Empresarios empoderados fundaron “Nuestra voz”, un grupo de Whatsapp en apoyo a Macri. La fórmula FF les jura que “van a volver” a levantarla en pala. Transversales que no respetan la grieta.

La economía se encuentra hundida: el Indec informó que el primer trimestre (enero-marzo) terminó con una caída de 5,8 % del PIB (la riqueza que producen los trabajadores).

En el mismo período la desocupación trepó al 10,1 %, alcanzando las dos cifras por primera vez en trece años. El salario bajo el régimen del FMI agudizó la pérdida de su poder de compra. La pobreza alcanzó al 32 % de la población en el segundo semestre del año pasado y no es necesario tener la bola de cristal para saber que en la actualidad es más elevada.

Los planes de consumo electoral (Ahora 12, descuentos en supermercados; préstamos de la Anses), que se activan cínicamente por unos meses para intentar traccionar el voto mientras se somete a la miseria todo el resto de la vida, esta vez no parece que vayan a provocar el “milagro” electoral que el oficialismo logró en 2017. En esta oportunidad operan sobre una catástrofe mayor.

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En este panorama, lo lógico sería que el debate esté concentrado en cómo atender las necesidades urgentes del pueblo trabajador que sufre la crisis. Pero es una lógica ajena al capitalismo: lo primero son los negocios. Y este el juego que atienden las principales alianzas que participan de las elecciones.

El ajuste es un sueño eterno

En el “círculo rojo” prima el desencanto con Mauricio Macri. El hijo prodigio de la patria empresaria condujo al país al desastre. Y no logró hacer, desde el punto de vista de los dueños de todo, lo que hay que hacer: cambiar de manera decisiva la relación de fuerzas entre las clases sociales en favor de los empresarios.

El ánimo mejoró en las últimas semanas por la designación de Miguel Ángel Pichetto en la fórmula de Juntos por el Cambio, pero no modificó el signo de desaliento. Pichetto trae consigo un supuesto sello Iram de garantía de gobernabilidad para los tiempos de cólera que vienen con la Argentina hipotecada con los centros financieros y el FMI; y orillando un nuevo default (no pago) de deuda. En la Unión Industrial Argentina (UIA) y en la Asociación Empresaria Argentina (AEA), donde Clarín es uno de los capos, hubo festejos por el efecto Pichetto.

La inercia entusiasta parió un grupo de Whatsapp: se llama “Nuestra voz” y participan 260 ejecutivos. Según reseñó La Nación, allí chatean distinguidos Marcos Galperin de Mercado Libre, Carlos Miguens de Sadesa (la curtiembre gestionada por el hermano de Marcos Galperín), Federico Braun de Supermercados La Anónima, Cristiano Rattazzi de Fiat, Martín Cabrales, Hugo Sigman del Grupo Insud, Gabriel Martino del HSBC e Inés Bertón de Tealosophy.

El puntapié inicial lo dieron Martín Migoya y Guibert Englebienne, ambos de Globant. ¿Qué defienden? La propiedad privada (de unos pocos, porque como decían Marx y Engels en El Manifiesto Comunista la propiedad privada en el capitalismo está “abolida para nueve décimas partes de la población”) y la libertad de mercado. En un gesto de ostentación exagerado dicen representar el 80 % del PIB, que dicho sea de paso no producen, sino que lo producen los trabajadores a los que explotan día a día. Macri les envío un audio a través de Migoya y cuentan que estalló la euforia.

Otros que apoyan la reelección son los del agropower. Cobijan la esperanza que pronto se termine esa “expropiación” que significó el restablecimiento parcial de retenciones a las exportaciones. Otra expresión de la patria extractivista y contaminante se reunió la semana pasada en Neuquén, donde está Vaca Muerta, en el precoloquio de Idea. Uno de los caballitos de batalla del macrismo con el que muchas petroleras simpatizan son los convenios flexibilizadores, que ya costaron ocho muertes obreras.

En la provincia que se está transformando en un paraíso hidrocarburífero existen 21 mil hogares que utilizan garrafas y otros 2 mil hogares más que usan leña porque no tienen acceso a la red de gas natural. No sólo eso: le quieren cortar el gas a las fábricas ceramistas recuperadas por sus trabajadores. En contraste, el macrismo tiene en carpeta un acuerdo con Techint para cerrar el conflicto por los subsidios que recibe la empresa por extraer hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta. El fiscal Carlos Stornelli allanó el camino desencuadernando a todos los hombres de Techint que figuraban en los escritos de la Gloria de Oscar Centeno, incluido Luis Betnaza, quien asumió haber pagado coimas.

Mientra tanto, Nicolás Caputo, el íntimo amigo del presidente, ya se encuentra en campaña dialogando con el “círculo rojo” para convencerlo que apoyar a Macri es el mal menor frente a esa extraña especie de “comunismo” kirchnerista, una galaxia donde la levantaron en pala. Existe otro personaje cercano al presidente que banca a Juntos por el Cambio: se trata de Marcelo Mindlin de Pampa Energía. Caputo y Mindlin nutrieron sus cuentas bancarias con los tarifazos: son accionistas de Edesur y Edenor, respectivamente y cada uno por su lado. Además de tener decenas de empresas energéticas a lo largo del país. Entre otras, Mindlin, es accionista en Transener, la empresa que dejó sin luz a 50 millones de personas el domingo último.

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Los “mercados” (más prosaicamente, el capital financiero, los grandes bancos internacionales) que le cortaron el financiamiento al oficialismo en abril de 2018 mantienen una prudente distancia: consideran una aventura el derroche de reservas del Banco Central (autorizado por el FMI) para sostener la cotización del dólar. Creen que los dólares son suyos: deberían ser preservados para que ellos puedan seguir lucrando (es decir, cobrando) con la deuda pública. No obstante, vieron con beneplácito la incorporación de Pichetto al macrismo.

La buena nueva la expresaron consultores del Wall Street, el Bank of America y Merril Lynch. Y la baja del riesgo país. La Nación tituló que Pichetto es “el hombre de los U$S 5.000 millones en un día”: se refería al aumento que tuvo la cotización de las empresas en la Bolsa de Buenos Aires con el anuncio del candidato a vicepresidente: es la esperanza blanca para ordenar el Senado y lograr las reformas que exige el FMI

El presidente no tiene un millón de amigos, pero los que tiene en su mayoría son millonarios. Y están en campaña por un sueño: el ajuste eterno que los haga más ricos.

Vamos a volver

Entre los más desencantados de la tropa empresarial, varios preferirían votar a Roberto Lavagna, tal es el caso de Paolo Rocca de Techint o Luis Pagani de Arcor, que saludó a Alberto Fernández por su nominación. Pero frente a las escasas chances del exministro de Néstor Kirchner, no son pocos los que empiezan a creer que Alberto no es una mala opción.

Muchos empresarios hacen lo que indica el dicho popular: poner los huevos en distintas canastas. O la “gran Odebrecht”: los directivos de esa empresa brasileña, implicada en casos de corrupción en la extensa América Latina, confesaron que aportaron a todas las campañas presidenciales del 2015, excepto, obviamente, a la del Frente de Izquierda y los Trabajadores.

Uno de los empresarios transversales es Jorge Brito del Banco Macro, quien en paralelo que tuvo un acercamiento con el presidente, con quien se odian mutuamente, se reunió con Alberto Fernández. El candidato a presidente le solicitó que transmita tranquilidad a los fondos de inversión: el mensajes a los especuladores es que se les pagará hasta el último centavo si gana la fórmula FF.

Es claro que Alberto busca antes que nada hablarle al establishment económico que dialogar con las necesidades de los trabajadores. ¿Es casual que la plataforma de les Fernández haya omitido qué hacer con las empresas de servicios públicos beneficiadas por los tarifazos?

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Un símbolo de esta impronta es el lugar que ocupa Guillermo Nielsen como vocero de Alberto: algunas de sus frases célebres son “tenemos FMI para ocho años” o “se necesita un ajuste de cuatro puntos del PBI”. Christine Lagarde es una mujer que, como Pichetto, no expresa sentimientos, pero tal vez se le haga agua la boca.

Eduardo Feinmann, en momentos que en América 24 criticaba a los que asistieron a la Rural para la presentación de Sinceramente, el libro de Cristina Fernández, por “aplaudidores de turno”, de repente quedó en offside al ver al dueño del grupo, a su patrón, Daniel Vila, escuchando a la Jefa.

El empresario Vila también es dueño de la parrilla Los Roldán de Palermo. Allí no sólo se cocina comida, también se rosquea. En mayo se reunieron Jor­ge Bri­to hijo; Clau­dio Be­lo­co­pitt, el dueño de Swiss Me­di­cal; de nuevo Mind­lin; Se­bas­tián Es­ke­na­zi del Gru­po Pe­ter­sen; el pre­si­den­te de Ri­ver Ro­dol­fo D´Ono­frio; Marcelo Tinelli; y el otro socio del Grupo América, José Luis Man­zano. Su perspectiva es ubicarse (sacar una “ventajita”) frente a cualquier gobierno que surja en octubre. Varios son cercanos a Sergio Massa y ya están operando para la fórmula FF: por ejemplo, Manzano actuando como facilitador de las relaciones de los Fernández con Wall Street.

Los gestos de Alberto también apuntan a seducir a la megacontaminación minera: “La vamos a desarrollar como se hizo en San Juan: responsablemente, con control social, garantizándonos que la minería no arruine la vida de los ciudadanos, pero que la vamos a desarrollar, obvio que es una prioridad”, afirmó el candidato de visita en la provincia cuyana. Olvidó un detalle. En 2015 la Barrick Gold obtuvo un récord: el peor desastre ambiental de la historia de la minería argentina con el derrame de agua cianurada.

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La patria extractivista no reconoce grietas. El CEO macrista de YPF, Miguel Gutiérrez, según escribió Leandro Renou en Letra P, estaría aportando ideas a Alberto Fernández para hacer una planta de licuefacción de gas en Vaca Muerta. Ofrecer “seguridad jurídica” para seguir con el fracking contaminante y garantizar los subsidios también es parte de la agenda. Después de todo, la piedra inaugural en ese estado petrolero la puso Axel Kicillof con el acuerdo secreto con Chevron, votado dentro de la legislatura neuquina mientras afuera se reprimía a la protesta de rechazo.

La familia Eskenazi, propietaria del Grupo Petersen, también debe estar pensando en aquellos buenos tiempos. Esa familia es dueña de varios bancos provinciales privatizados, como el de Santa Cruz. También se benefició de la fallida y fraudulenta “argentinización” de YPF, donde ingresó como accionista sin poner un centavo gracias a los oficios de los Kirchner. Los Eskenazi vendieron sus acciones a fondos buitres que ahora reclaman en Nueva York por la expropiación parcial de las acciones de la petrolera nacional. Paradojas de la burguesía antinacional.

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Marcelo Mindlin, el ya mencionado accionista de Transener, es tal vez uno de los empresarios favoritos de Macri. Pero es otro que, quizás en silencio, haga apuestas múltiples. El pasado lo condena: obtuvo el acceso a Edenor y Transener, en la que el Estado también tiene participación, con el oficio del primer gobierno kirchnerista, el de Néstor. Mindlin tuvo su “década ganada” con un ascenso fantástico de sus negocios: un verdadero prototipo de la “burguesía nacional”, esa que se construye a través de prebendas estatales. Su parentesco con el fallecido excanciller Héctor Timerman quizás haya facilitado su escalada. En las pasadas elecciones de Neuquén se supo que bancó a Ramón Rioseco, el candidato a gobernador de Unidad Ciudadana. Rioseco tiene algo que lo llena de orgullo: el desarrollo del yacimiento “El Mangrullo”, administrado por un Ente Intermunicipal (ENIM) de Cutral Co y Plaza Huincul, pero operado íntegramente por Pampa Energía de Mindlin.

Este es un primer paneo. No agota todos los apoyos, pero muestra cómo los empresarios no sólo hacen negocios, sino también política. Además, anticipa para quiénes va a gobernar los que se postulan para dirigir la Argentina.

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Imagen * Martín/Enfoque Rojo



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