El choripán de la cancha no se mancha

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Es la antesala a cualquier partido en cual en cualquier barrio. Forma parte de folklore del fútbol y lo quieren prohibir. Siempre está, te arranca el hambre, más allá del resultado de tu equipo.

Resulta que ahora nos encontramos con una disposición en el Boletín Oficial porteño, a través de la resolución N° 67/DGOEP/19 del 16 de enero pasado, que establece que no se otorgarán habilitaciones “para la elaboración y expendió de productos alimenticios en las inmediaciones de los estadios de fútbol de la Ciudad en los días y horarios en que se lleven a cabo eventos deportivos”. O sea, determina que no se podrán poner más puestos en las adyacencias de los estadios con el argumento que es uno de los financiamientos de los barrababravas.

Es vox populi y más que comprobado la convivencia de los barras con los dirigentes de los clubes y los políticos de turno. Sin ir más lejos, después de que Mauricio Macri sea presidente de Boca Juniors jefe de Gobierno porteño, muchos miembros de la barra terminaron siendo planta permanente de la Legislatura porteña como fuerza de choque. Favores van, favores vienen.

Pero, ¿qué hay detrás de la decisión de sacar los puestos?

Negocios que cambian de color y los ponen más “fashion”, como viene ocurriendo en otros lugares de aglomeración de gente, el gobierno de la Ciudad daría vía libre a la instalación de los truck foods.

¿Los perjudicados?

Cientos de familias que esperan ese domingo para salir a la vereda y disfrutar del “morfi” característico de un día de cancha. Y los que ponen el cuerpo para hacer un mango en medio de la fiesta del fútbol para afrontar los gastos de luz, pagar el alquiler, en fin, para vivir. Aguantando además, los pedidos de coima de la Policía y las barras que se sienten dueños del territorio.



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