El día en que las trabajadoras domésticas se rebelaron contra el desprecio

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Este 3 de abril es el día de las trabajadoras domésticas. Sin embargo, hay poco para festejar, mucho porque luchar.

Desde 2015, el 3 de abril de cada año se “celebra” en la Argentina el día del Personal de Casas Particulares. Es en conmemoración de la fecha en la que se sancionó la Ley 26.844, de Régimen especial de contrato de trabajo para el personal de casas particulares.

Sin embargo, la conmemoración, como la ley, no alcanzan a cubrir esta realidad: las trabajadoras domésticas en Argentina siguen siendo las que menos ganan en el mercado laboral y, según datos publicados por AFIP, al menos hasta 2018, el 57% de ellas no estaba registrada.

Ese dato dice mucho: traducido a personas, representa a unas 680 mil mujeres. Pero pueden ser más, ya que es sólo una estimación que hace la Administración Federal en base a los gastos e ingresos que se conocen de los contribuyentes. Los evasores de impuestos, por ejemplo, quedan fuera de este cálculo.

Por más registradas que estén las trabajadoras, por otra parte, lo cierto es que la gran mayoría de ellas trabaja además en forma precaria. Nadie controla bajo qué condiciones, ni si se respetan las horas de descanso y alimento, o el pago de aguinaldo y vacaciones.

Las trabajadoras domésticas, como hemos ido reflejando en La Izquierda Diario, son explotadas y discriminadas por ser mujeres, por ser pobres y, en una enorme proporción, también por inmigrantes. Muy lejos de regularizar y controlar esta situación, los gobiernos de turno, la AFIP y el sindicato de las trabajadoras, U.P.A.C.P., siguen mirando para otro lado.

Rebelarse contra el desprecio

“El 3 de abril es nuestro día, el día de la empleada doméstica”, nos cuentan las trabajadoras de Nordelta, que siguen organizándose por sus derechos. Para ellas, este año, la fecha tiene otro valor.

A principio de noviembre del 2018, irrumpieron en la pantalla de televisión, en radios y medios digitales, poniendo en agenda una realidad silenciada desde siempre. Cansadas de que las discriminen, cortaron el acceso troncal, uno de los ingresos al majestuoso Nordelta, donde viven muchos de los poderosos del país, empresarios, políticos y famosos.

Hacía horas que esperaban tomar un colectivo para llegar a sus trabajos, pero no las dejaban viajar en el mismo micro que los propietarios porque estos decían que tenían “mal olor” y “hablaban en guaraní”. Cabe recordar que el único medio de transporte que ingresaba al gran complejo de barrios privados eran las transfer MaryGo, de Nicolás Pascualini.

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¿Cómo podía ser que las esclavas del siglo XXl se rebelen contra el desprecio patronal? Sin dudas fué la noticia del momento. Los principales medios sacaron notas e informes especiales sobre el tema. Los medios afines a los intereses de los millonarios propietarios, que querían lavar la imagen de los vecinos “nordelteños”, intentaron colaborar, mostrando que había patronas buenas, que podían llegar a ser “re amigas” de las empleadas.

Pero no funcionó. Las trabajadoras ganaron la opinión pública. Las pruebas eran irrefutables: videos y relatos de cómo eran bajadas de los micros, trabajo en negro, maltratos, y cómo es sobrevivir con salarios de de hambre.

Y un día el transporte público llegó a Nordelta

A pesar de la negativa de los propietarios, desde el 1 de abril la línea 723, comenzó a ingresar al complejo, sumándose al servicio privado de MaryGo. Por el momento sólo circulan dos unidades, de lunes a viernes de 6:30 a 8:30 hs. y de 16:30 a 18:30 hs., con un recorrido corto desde ruta 197 a estación Benavídez.

Para muchos es un alivio, como para los albañiles y jardineros que son los que más restricciones tienen para subir a MaryGO. Las trabajadoras cuentan, sin embargo, que si bien es un avance tener una opción más de viaje, falta mucho para mejorar, faltan más frecuencias y variedades de recorridos que las acerquen la estación de Tigre o 197 y Panamericana.

Y ese además, es sólo un aspecto, porque ellas quieren más. Mucho más. Porque se pusieron de pie, y hoy luchan por todos sus derechos.

Ganar aliadas y aliados para seguir luchando

Las trabajadoras de Nordelta no sólo ganaron el ingreso del transporte y la opinión pública, sino que también conocieron aliadas y aliados fundamentales para seguir organizando la lucha que vienen dando.

Fueron comprendiendo que los poderosos se organizan entre ellos y que ellas tenían la tarea de hacer lo mismo con los suyos. Desde ese entonces, decidieron pintar su bandera para llevarla a todas partes, para difundir su lucha en contra la precarización y la discriminación, y apoyar a otros sectores que viene organizándose para luchar contra la discriminación, el trabajo no registrado, las condiciones de empleo, pero también contra el ajuste y los despidos. Como dicen, “los patrones son los mismos. A nosotras nos explotan en sus casas, los mismos que despiden en las fábricas”.

Estrenaron su bandera en una gran asamblea frente a cientos de trabajadores, mujeres y jóvenes que se reunieron en la fábrica sin patrones, MadyGraf. Y una muestra de esa unidad la dieron cuando las trabajadoras de la Comisión de Mujeres de esa gráfica, la ex Donelley, fueron a llevarles el apoyo a las trabajadoras de Nordelta, junto a estudiantes de zona norte, docentes y trabajadores de otras fábricas como Mondeléz.

Así fueron forjando verdaderos lazos con otros sectores de trabajadores, llevando su apoyo a otras luchas, como la de los despedidos de Pilkington, Fate y ahora sumándose a la pelea contra la persecución que viven los trabajadores que se organizan en Mondeléz, ex Kraft, de donde fue despedido Julio Tevez, ex delegado de la lista antiburocrática Bordó.

Sobre esta unidad que sienta un enorme precedente, Silvia (nombre de fantasía), que trabaja en Nordelta reflexiona: “con la pelea que vienen sosteniendo los compañeros y compañeras de MadyGraf, demuestran que tienen un valor formidable, una fuerza y una determinación de luchar para el ahora y para las futuras generaciones, porque hay que terminar con tanto maltrato. Por eso para nosotras son un gran ejemplo de cómo se lucha. Y es en unidad, con los estudiantes, las docentes, los trabajadores de Kraft y MadyGraf con sus mujeres que nos apoyan y nos muestran cómo seguir”, dice.

Silvia también afirma que “la situación que vive el país es mala, y va seguir en aumento si nosotros, los trabajadores y las trabajadoras, junto con los jóvenes, no hacemos nada para organizarnos y cambiarlo todo. Hay que invitar a todos los que sufren la explotación, la precarización y la discriminación a que se sumen a luchar. Son ellos o nosotros”.

“Al fin y al cabo, somos nosotras quienes, de forma totalmente gratuita, en nuestros hogares, o de una forma remunerada pero totalmente precaria en los hogares de otros, quienes suplimos la ausencia de servicios públicos que garanticen el desarrollo de nuestras vidas”, agrega.

Para ella, “hay que seguir luchando por una sociedad donde nadie tenga que vivir de limpiarle la suciedad a otras personas. Esa es una de las conclusiones que sacamos”. Y mientras tanto, “es necesario terminar con el trabajo precario, que todas las trabajadoras y trabajadores estemos en blanco, que cobremos un salario igual a la canasta básica familiar, y que se garanticen todos nuestros derechos para terminar con la precarización y la discriminación laboral”.



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