El FMI al mando: recesión, desocupación y precarización

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El Indec informó que la economía se derrumbó 6,2 % en el último trimestre de 2018. La desocupación trepó del 7,2 % a 9,1 % de la población activa en un año. El empleo no registrado en ascenso.

El efecto devastador de la economía bajo el mando del FMI quedó expuesto de manera elocuente con los datos que publicó este jueves el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

Según las estimaciones preliminares del organismo estadístico, la actividad económica se derrumbó 6,2 % durante el cuarto trimestre (octubre-diciembre) de 2018. El año completo cierra con una caída del 2,5 % del Producto Interno Bruto (PIB, es decir lo que producen los trabajadores el país durante el año).

Los números del mercado de trabajo son otro termómetro de la crisis: aumenta la desocupación, precarización y la informalidad laboral.

Las consecuencias económicas de Lagarde

Los números negativos en la actividad económica se observan desde el segundo trimestre del año pasado (abril-junio), cuando impactó la primera corrida cambiaria y el Gobierno de Mauricio Macri acudió a los brazos de Christine Lagarde para realizar un primer acuerdo con el FMI que duró lo que un suspiro.

Pero la recesión se profundizó hacia el último trimestre del año, cuando en medio de una nueva corrida de los especuladores contra el peso argentino, el macrismo pidió un segundo acuerdo que el Directorio del organismo internacional aprobó en octubre.

En ese segundo acuerdo, el macrismo se comprometió con el “déficit cero” que ajusta sobre todas las partidas con fines sociales (educación, salud, seguridad social) para liberar fondos para el pago de la deuda pública. A su vez, el Banco Central practica desde entonces una política monetaria que saca plata del bolsillo de todos los trabajadores y profundiza la recesión mientras beneficia a los especuladores con la emisión de Liliq.

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Los números oficiales reflejan que la retracción abarca todas las esferas de la demanda: entre octubre y diciembre, el consumo privado retrocede casi 10 %, el consumo público más de 5 % y la formación bruta de capital fijo (indicador de la inversión) pierde un 25 %. Sólo avanzan las exportaciones, justamente por la recesión que libera bienes que se dejan de consumir localmente y se venden a otros países.

De dieciséis sectores económicos que tabula el Indec, sólo cinco mostraron números positivos durante el último trimestre del año. Los otros once exhiben cifras en rojo: resaltan la industria manufacturera (-11,9 %); el comercio (-13,5 %) y la construcción (-9,5 %).

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Luego de un “veranito financiero” durante enero, el Banco Central acentuó la política monetaria restrictiva debido a las presiones de los especuladores y una inflación que no cede por los tarifazos, la remarcación de las grandes empresas y la retroalimentación entre inflación y dólar. Las futuras cifras estadísticas no deparan una mejoría.

Rompen todo

Los efectos de la recesión se observan en las estadísticas del mercado laboral que informó el Indec: la tasa de desocupación trepó desde el 7,2 % en el cuarto trimestre de 2017 a 9,1 % en el mismo período de 2018.

De este modo, el número de desocupados creció en 259 mil y alcanzó a un total de 1,2 millones de personas en el cuarto trimestre (octubre-diciembre) en los 31 aglomerados urbanos que releva Indec.

Proyectado a todo el país (es decir, a las áreas no relevadas por las estadísticas), existen casi 400 desocupados más que totalizan 1,75 millones de desocupados a lo largo y ancho del territorio.

Los números generaron dudas luego de que analistas y medios periodísticos adelantaron que la cifra de desocupación podía superar los dos dígitos, es decir ubicarse por encima del 10 %.

El especialista Luis Campos, quien coordina el Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma, explicó a La Izquierda Diario que “lo del 10 % hay que tomarlo con pinzas (…) el cuarto trimestre suele ser un período con buena estacionalidad (…) va a ser muy difícil que no pasemos los dos dígitos en el primer trimestre de 2019”.

“Lo que dicen los datos ya es lo suficientemente duro: en comparación con el cuarto trimestre de 2017 tenés un fuerte crecimiento de la tasa de desempleo, del trabajo no registrado, de la subocupación y de los ocupados demandantes”, detalló Campos.

Incluso, cuando se desagregan los aglomerados, hay varios que están por encima de las dos cifras de desocupación: las mayores tasas se registraron en Gran Rosario (12,8 %), Mar del Plata (12,8 %), los Partidos del Gran Buenos Aires (11,4 %), San Nicolás-Villa Constitución (11,3 %) y Santa Rosa-Toay (10,1 %).

La desocupación también exhibe un corte de género: es del 10,2 % entre las mujeres frente a un 8,2 % entre varones. A la vez, afecta al 21,4 % de los jóvenes entre 14 y 29 años.

La tasa de actividad (que comprende a ocupados y quienes están buscando empleo siendo desocupados) se incrementó levemente: desde 46,4 % a 46,5 %. Mientras tanto, la tasa de empleo retrocedió desde el 43 % en el último trimestre de 2017 a 42,2 % en el mismo periodo de 2018, lo cual implicó 99 mil empleados menos en los aglomerados relevados por Indec (o alrededor de 160.000 menos en todo el país).

De los cifras informadas por el Instituto resalta un incremento de la precariedad e informalidad laboral. Por un lado, la tasa de ocupados demandantes de empleo creció de 14,7 % a 17,3 %, probablemente a causa del deterioro de los ingresos que obligan a buscar una mejora salarial. La subocupación (quienes trabajan menos de lo que desean) también se incrementó del 10,2 % al 12 %.

Por su parte, el empleo no registrado (comúnmente llamado en “negro”) comprendió al 35,3 % de los asalariados en el cuarto trimestre de 2018 cuando en el mismo período de 2017 era de 34,2 %. Existen aglomerados donde las cifras superan el 40 %: Salta (46,5 %), Tucumán (45,9 %), Santiago del Estero (45,5 %), Río Cuarto (44,7 %), Concordia (44,6 %), San Luis (43,7 %), San Juan (43,2 %) y Córdoba (42,8 %).

Luis Campos concluyó que “mirando todo el período de Cambiemos, es decir a partir del segundo trimestre de 2016 (ahí arranca la serie del Indec), los datos del cuarto trimestre de 2018 son los peores en cuanto a tasa de subempleo y de ocupantes demandantes de empleo, y es el peor cuarto trimestre por mucho en materia de desempleo”.

Al aumento de la desocupación se suma la caída del salario real que en enero último retrocedió 12 % en comparación con el mismo mes de 2018, de acuerdo con los datos de Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte) que publica el Ministerio de Producción y Trabajo.

De este modo, el deterioro de los ingresos de la clase trabajadora avanza por dos vías: el desempleo, por un lado, y la caída del poder de compra del salario para los que preservan su puesto de trabajo, por el otro.

La urgencia de medidas de lucha frente a los ataques en curso no es algo que le quite el sueño a la cúpula de la CGT. Queda en manos de las trabajadoras y trabajadores imponer desde abajo una salida de la crisis favorable a las mayorías.

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