El presupuesto de la Universidad bajo las tijeras del gobierno y el FMI

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Mientras los docentes paran contra una paritaria miserable, las autoridades negocian el presupuesto 2019. Frente al saqueo del FMI, la cuestión de los fondos tiene que ser debatida por la mayoría estudiantil, junto a los docentes y no docentes, porque se trata de derrotarlos.

Desde que se fijó hace un año atrás el presupuesto para las 57 universidades nacionales hasta el presente pasaron muchas cosas. En ese entonces se pronosticaba una inflación del 15,7% –corregida el 28/12–y un dólar en promedio a $19,3 para este año. Sin embargo, la realidad superó a un presupuesto que quedó en la ficción. Al mes de julio la inflación acumulada es casi del 20 % y según el Banco Central sería del 31,8%, al menos, hasta fin de año. El tipo de cambio se elevó un 57 % desde el pronóstico de 19,3 al nuevo máximo de 30,4 que tocó en la segunda semana de agosto.

De esta manera se combina un ajuste por inflación que golpearía de lleno a los salarios docentes y no docentes con la propuesta paritaria del gobierno de un 15% en cuotas (detenido hoy en un provocador 10,8 %). En el caso de los estudiantes con las becas del PNBU (Programa Nacional de Becas Universitarias), que se pagan en cuotas mensuales de $900, también sufrirían un impacto considerable. Pero además, el ajuste por la suba general de precios se combina con un saqueo en dólares que se va desarrollando a medida que se devalúa el peso. El presupuesto universitario de $103.000 millones (sin considerar el recorte de $3.000 millones que denuncian los gremios) lleva perdido hasta hoy, con la devaluación, un 36%, pasando de U$S 5.336,7 millones a U$S 3.421,9 millones.

Las brechas del ajuste

Este ataque al presupuesto universitario vuelve a poner en cuestionamiento una estructura de fondos que ubican a las universidades argentinas muy por detrás de los parámetros internacionales de la región de América Latina desde hace años. En el caso de la UBA, la mayor universidad del país con cerca de 330.000 estudiantes, su presupuesto de 16.495,7 millones de pesos para 2018, con el nuevo valor del dólar se ubica en U$S 542,6 millones. Medido en términos de estudiantes representa 1.652 dólares por año. Si la comparamos con la UNAM de México, que tiene un tamaño similar con 319.000 estudiantes pero un presupuesto de 2.026 millones de dólares, los fondos por alumno son de U$S 6.351 al año. Una brecha casi de 4 veces entre el presupuesto destinado a los estudiantes de la UNAM respecto de sus pares de la argentina, que tienen que estudiar con muchos menos recursos.

Otro contraste estructural que emerge de esta comparación se refiere al destino de los fondos. Según las gremiales docentes (Conadu, ConaduH, Fedun) cerca de un 90 % del presupuesto de las universidades del país van a pagar salarios de los docentes y no docentes. Mientras que en la UNAM es del 61 % a salarios, dejando un 26% para investigación y un 8% para extensión universitaria. Para equiparar el presupuesto por estudiante de las universidades públicas de Argentina con el de la UNAM hace falta incrementar casi dos veces el presupuesto actual.

Plata para educación, no para la deuda

La contracara del retroceso del presupuesto universitario en dólares es el acelerado proceso de saqueo de los recursos públicos del país que conlleva el círculo vicioso de fuga de capitales y pago de la deuda. Durante el primer semestre del año se fugaron 16.676 millones de dólares, lo que equivale a casi 5 presupuestos de las 57 universidades públicas de todo el país (1). A la vez que, este año, los vencimientos de deuda alcanzan la friolera de 78.000 millones de dólares, un equivalente a casi 23 veces el presupuesto de las universidades nacionales (2).

Al calor del reclamo docente, algunos rectores como en Comahue o Jujuy, denuncian el retraso en el envío de fondos de funcionamiento para las universidades. Mientras tanto, negocian con el gobierno el presupuesto de 2019 a través del CIN, un organismo que los nuclea en todo el país y que hoy está presidido por el radical Hugo Juri, exministro de educación de De la Rúa. Sin embargo, las autoridades universitarias no se oponen al pago de la deuda externa y al acuerdo con el FMI, lo cual deja expuesta a la universidad a la dinámica general de ajuste permanente sobre el gasto público que implica el pacto firmado ante dicho organismo internacional.

Fuente: elaboración propia en base a datos del presupuesto nacional y Banco Central.

El presupuesto tiene que ser cuestión de mayorías

Con la llegada del FMI y el compromiso asumido por el gobierno nacional y los gobernadores de llegar al déficit cero en 2020, los presupuestos de educación, ciencia y técnica y de la universidad no van a ser ajenos recortes de envergadura. La última vez que se proyectó eliminar el déficit fiscal siguiendo las órdenes del FMI fue en julio de 2001 con Domingo Cavallo como ministro de Economía. En ese entonces, la universidad estaba en la mira del arancelamiento ya desde1999 bajo el menemismo y, en 2001, con López Murphy como ministro de De la Rúa. En ambas ocasiones la respuesta contundente del movimiento estudiantil, las y los docentes y no docentes fue clave para derrotarlos. Siendo el mismo FMI de siempre no podemos descartar golpes de magnitud, pero tampoco una nueva respuesta como las que son tradición en el movimiento estudiantil de nuestro país, que creció en número de estudiantes y nuevas universidades en los últimos 14 años.

No podemos dejar el presupuesto en manos de una minoría de 57 rectores que viven una realidad muy distinta a la mayoría de la comunidad universitaria, con ingresos de más de 170.000 pesos por mes

Este panorama nos tiene que poner en estado de alerta y asumir la defensa del presupuesto universitario como una cuestión de las mayorías que componen la universidad: las y los estudiantes, junto a docentes y no docentes. No podemos dejar el presupuesto en manos de una minoría de 57 rectores que viven una realidad muy distinta, con ingresos de más de 170.000 pesos por mes y, más aún, sabiendo que son parte de los partidos patronales (UCR, PJ y el kirchnerismo) que pagaron (y pagan) serialmente la deuda. Por estos motivos, tiene que ser tarea de las organizaciones estudiantiles, de los gremios docentes y no docentes, poner en discusión el presupuesto y que en asambleas se discuta cuántos fondos se necesitan y a qué se van a destinar. Este es un primer paso fundamental para derrotar el ajuste del gobierno y del FMI sobre la universidad pública.



1. Con un tipo de cambio promedio en junio 2018 de $29,65 por dólar, el presupuesto es de U$S 3.473 millones.

2. Cálculo con un tipo de cambio en agosto de $30,4.



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