El puente es nuestro

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Crónica de un puente cortado en paro general; de la mano de Fede, estudiante de la carrera de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Unx se subo a un micro atestado de compañerxs de la facultad, de trabajadoras y trabajadores amalgamados, enredados en los pañuelos de la protesta. Cuidarse, bajar rápido del micro, pasarse los DNIs, compañerx: ciertas ideas te enfrentan a la policía. El miedo, el deseo, el cuerpo cansado se funde en revivir a fuerza de gritos, de toma del espacio público, de la bronca que se te hace cartel, bandera. La rabia de no ver en abstracto el ajuste del gobierno-fmi. De verlo hasta el llanto y la puteada en una facultad mutilada del pueblo trabajador, en un hospital vaciado, de ver a mis compañerxs revolviendo la basura por un apunte, las ausencias insoportables de una facultad al servicio de quien pueda consumirla. La rabia de nuestro estomago que no cicatriza el vientre de Corina que le barrica ollas al hambre y le para a un estado asesino en sus razones de empresa. Porque esa rabia te confunde, te hace tomar al aula como una fábrica, te enfrenta a la policía como un astillero. Te confunde, te contagia, te determina. Te arroja a una lucha a ritmo de pulso trabajador, ves claro a lxs traidorxs que le rezan a un 2019, que esquivan los perejiles ensangrentados para pedirle a la virgen por unas bases que se dejen despedir tranquilas; del trabajo, a la casa, a la calle. Bajas del micro: corres, te agazapas y tu bronca son tres, diez, cientos que se te hacen murga, canción, conciencia, puente cortado: puente tomado. Y las broncas se te enredan en nudos revolucionarios, te radicalizan la lucha pensando si llegas a comer pasado mañana. Bajas y ahí nomás ves fila tras fila de rati que te muestra los dientes, la escopeta, que te quiere desalojar de tu conciencia, que te impone el silencio quejumbroso de tu burocracia de referencia.

Es al calor de los bombos, de las banderas enredadas al cielo, del pueblo trabajador en pie de lucha con la juventud donde ves lo que bordea, lo que protege la policía. Cada cual orillado en su propia miseria, la tortura fascista de la bronca apolítica, el profesional hablándote de tu hambre, de tu voto, de esa estadística de la leche incomprable. La ministra Bullrich llama a desalojar pero ya no alcanzan las balas, ya no hay la asimetría cobarde de la represión policial. Ya todo es un mestizaje de cuerpos vandalizados, guardapolvos, urdimbre de pañuelos verdes, banderas rojas y rostros desencajados al grito de “obreros y estudiantes, como en el Cordobazo, que cagazo”. Mestizaje que es ensayo combativo de un miedo que se vuelve del opresor, que empieza a mezclar asambleas y cumbias en el pueblo humillado.

Levantas la cabeza y ya no ves a tus compañerxs de la facu, a tus amigxs, y te encontras entre trapos del posadas, en la fiesta del cancionero de la izquierda combativa; y pisas el puente como el presente de la lucha, el ritual maldito del piquete que te atraviesa con las memorias truncas y vivas del proyecto revolucionario y trabajador de base como única salida a la crisis que se traga en deuda nuestros hospitales, nuestras escuelas y nuestxs muertxs que no paran de morir.

Pasan dos, tres horas, flaquean las piernas, te enamoras a raudales de tus nuevxs compañerxs y la sensación es de no retorno, de palabra hecha canto hecha carne; de custodia del territorio liberado. Y ya no nos vamos más, el puente es nuestro (la yuta que lo pario) y el presente es de lucha; y, de haber encontrado los lentes, hasta a maxi y Darío los encontraba agitándosela a los cándidos que piensan que hay cierta gente que muere con una bala nomas. Que hay cierta gente que muere.

De acá no me voy a ir, no espero la vuelta a mi casa; si vuelvo es para ayudar con los trapos, los bombos, a meterlos en el local. Raras derivas por las cuales unx termina militando los apuntes, la cursada, el sueldo, el tiempo de sentarse a escribir un poema. Del tatuaje al mural, del trabajo a la asamblea, de la bronca sorda a cortar el puente pueyrredon (obreros y estudiantes, como en el Cordobazo, que cagazo).



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