El saqueo en curso y las tradiciones obreras

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¿El movimiento obrero va a dar respuesta a la crisis actual? ¿De qué forma y junto a que otros sectores? Con esta artículo intentamos una recuperación histórica de algunos hitos del movimiento obrero.

En muchos lugares de trabajo y de estudio estamos discutiendo (y sintiendo) el ajuste de Macri. A la mayoría nos cuesta llegar a fin de mes y conocemos a alguien que perdió el trabajo.

Parece que no pasa nada, que existe una aparente calma. ¿No pasa nada? ¿Debe pasar algo? Si pensáramos en esta falsa calma como una puesta en escena, sin duda los protagonistas son el Gobierno y la burocracia sindical. A este episodio hay que agregarle un actor que parece de reparto pero fue clave para el plan cambiemita y se prepara para ser una de las estrellas de esta obra: el peronismo.

Tanto la burocracia como el peronismo obturaron (y obturan) cualquier posibilidad de respuesta unificada. Esta oclusión trae aparejada un desencanto. Ante este panorama, nos aparecen preguntas lógicas ¿El movimiento obrero va a dar respuesta a la crisis actual? ¿De qué forma y junto a que otros sectores?

Con esta nota (que será la primera entrega de varias) intentamos una recuperación de la historia haciendo hincapié en determinados hitos que en principio estarían desconectados de la coyuntura actual y, sin embargo, proponemos pensarlos en clave inspiradora. ¿Para qué? Se vienen tiempos más conflictivos. El acuerdo de Cambiemos y el peronismo con el FMI certifica que están preparando un nuevo saqueo contra les trabajadores para beneficiar a un puñado de empresarios y especuladores financieros.

Es necesario que el conjunto de la clase obrera conozca lo mejor de su propia historia, con sus aciertos y sus límites, para sacar las mejores lecciones y poder vencer.

La toma del Frigorífico Lisandro de la Torre

El barrio de Mataderos es un barrio obrero. Su relación con la carne es casi identificatoria, es lo que le da sentido al lugar. Su nombre.

Allí se encuentra el mercado de hacienda de Liniers, allí también se encontraba el entonces frigorífico más grande de Latinoamérica: el Lisandro de la Torre. Nueve mil obreros trabajaban dentro del gigante. La sangre y el agua caliente se mezclaban en el piso. Dicen que faenaba hasta un millón y medio de kilos de carne por día.

La avenida Escalada al este, Eva Perón al sur, Emilio Castro, lindando con Liniers, hacia el norte, y al oeste, la General Paz, configuran los límites precisos del barrio otrora llamado Nueva Chicago, como el club que lo representa en lo futbolístico. Más allá, La Matanza.

En enero de 1959 el barrio se convulsionó: ante la decisión del presidente radical Arturo Frondizi de privatizar el frigorífico como parte de una exigencia central del FMI, los trabajadores decidieron en una asamblea masiva la toma del mismo y fueron acompañados por el barrio. No pudieron contra los tanques Sherman del ejército ni con la actuación de la Gendarmería Nacional. Durante los días posteriores, el barrio fue un campo de batalla, con barricadas y enfrentamientos. Los trabajadores del frigorífico no estaban solos, también los acompañan laburantes de las vecinas fabricas Federal (de jabones) y Pirelli (neumáticos). También se adhirieron a la medida vecinos, comerciantes y trabajadores de Villa Lugano, Villa Luro y Liniers.

En febrero, un letrista y cantor popular de murga porteña, Guigue Mancini, junto al Centro Murga Los Bohemios de Matanza, retrataron los acontecimientos en una canción de homenaje:

“el barrio de Mataderos

supo cubrirse de gloria

y escribir en la historia

lo que pueden los obreros”

El acontecimiento fue en respuesta a la inacción de la cúpula sindical y significo el comienzo de un periodo de agitación obrera. Pero hay que resaltar la actitud del barrio acompañando el reclamo de los trabajadores entendiendo que el espacio urbano no se trata solo de un espacio físico sino también un espacio social, constituido tanto por sus características físicas como por las prácticas, percepciones e imaginarios que lo conforman. Barrio y frigorífico como un conjunto inseparable. Vecinos trabajadores.

Las 62 Organizaciones lideradas por Vandor llaman (tardíamente) al paro general y varios sectores gremiales se pliegan. El Gobierno dispuso la aplicación del plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado) que determinaba la realización de juicios de civiles por tribunales militares. Como muestra de “buena voluntad”, finalmente la medida de fuerza es levantada. En febrero se retoman las actividades. Si bien se concretó la privatización y unos 5000 trabajadores fueron despedidos, esta importante gesta obrera mostrará un ejemplo de cómo enfrentar un ataque de magnitud que efectuó el gobierno radical.

Las huelgas ferroviarias de 1961

Frondizi encaró una política de racionalización del transporte a través de un decreto donde, obviamente, los perjudicados eran los trabajadores. La racionalización había sido propuesta por expertos norteamericanos. ¿Las propuestas? Condicionar aumentos salariales a los aumentos de tarifas, el cierre de cuatro mil kilómetros de vías, privatización del servicio y venta/entrega de los talleres de la empresa estatal.

¿Qué es la racionalidad? ¿La razón aplicada a un sistema productivo? ¿Quiénes ganan y quienes pierden allí?

La huelga fue convocada por ambos gremios: la Unión Ferroviaria y La Fraternidad. La respuesta del gobierno fue la justificación del proceso de racionalización (vaciamiento, decimos): hay déficit y hay que reducirlo. A como dé lugar.

La otra respuesta fue la intimidación y la represión. Hasta recurrieron al más extremo y radicalizado carnerismo obteniendo como respuesta una inmensa solidaridad de clase (hubo trabajadores que negaron pagos extras por reemplazar a sus compañeros en huelga).

A esta acción se iban sumando piquetes, asambleas y actos de sabotaje. La CGT convoca a un paro de 72hs con un acatamiento del 80% a nivel nacional. Se crean comisiones de base para garantizar la extensión del conflicto.

Es así que el gobierno que obligaba a los maquinistas a trabajar a punta de pistola, decide entablar un dialogo con las conducciones sindicales que querían levantar la huelga. Finalmente se llega a un acuerdo que termina siendo perjudicial para los trabajadores, ya que si bien no se pudo aplicar el plan en su totalidad, se levantaron cientos de kilómetros de vías y cesantearon a miles de trabajadores. La razón (capitalista) había triunfado.

Las ocupaciones de fábricas de 1964

Illia había llegado muy debilitado al gobierno debido al escaso porcentaje de votos obtenido, en octubre de 1963. La ilegitima proscripción del peronismo hizo el resto, además, el contexto económico no era el mejor; la pax social pendía de un hilo: el gobierno, en relación al movimiento obrero, apostaba a negociar con las dirigencias sindicales (la CGT se había reconstituido formalmente un año antes) una contención al malestar de las bases y esperar una definición del peronismo. Hacía tiempo que el comportamiento obrero era difícil de domar e intentaba rebalsar los diques sindicales

En enero de 1964, La CGT anuncia un plan de lucha que se desarrollará a lo largo del año, que incluía la ocupación de los lugares de trabajo, tanto parcial como total, con la supervisión de la central obrera de los procesos para que no se desmadren. La disciplina interna era un valor fundamental ya que la idea que atravesaba el plan era centralmente “golpear y negociar” (vandorismo in extremis).

Los números finales expresan la bronca que hay por abajo: un total de 11.000 establecimientos tomados con casi 4 millones de obreros involucrados. Así, un fantasma recorría la Argentina: el fantasma de la peligrosidad de los métodos de acción directa de los trabajadores (peligrosidad contra el sagrado principio de propiedad de los dueños del capital). Esta situación inquietaba al poder. Los obreros ya no solo disputaban políticamente asuntos meramente económicos, al alterar la disciplina interna de las fábricas se discutía abiertamente el modo en el que se organizaba la producción. Por eso, en muchos casos, resultaron fuertemente reprimidas por las fuerzas de seguridad.

Podemos caracterizar al período como un momento contradictorio: si bien por un lado hay cierto fortalecimiento de la burocracia sindical (el ala de Vandor principalmente) por el otro quedará una base importante para la aparición de gremios combativos a nivel fabrica (que luego en Córdoba será representado por SITRAC-SITRAM).

El preludio de un proceso

Como señalamos al comienzo, no partimos de cero para pensar la actualidad. Hicimos un recorte de las luchas obreras, obviamente, ¿qué es una perspectiva sino un recorte de la realidad? Los hitos de nuestra clase se caracterizan por su combatividad y creatividad. Cuestiones como el lazo entre la fábrica y el barrio, el método democrático de las asambleas de base y la toma de los establecimientos son sin dudas importantes lecciones para tomar.

Nuestra época dista de aquella. Pero el plan de ataque que estamos sufriendo por parte del gobierno dictado por el FMI nos tiene que poner en alerta. Es importante aclarar que estamos ante el preludio de un proceso que no está ni ganado ni perdido. Luchas como la del Astillero Rio Santiago, Siam, Hospital Posadas, entre otros, muestran una perspectiva, un prisma diferente. El novedoso movimiento de mujeres y el estudiantil plantean la posibilidad (y necesidad) de tejer una poderosa alianza social para derrotar los planes actuales. Recuperar los sindicatos, hoy en día en manos de burócratas, es una tarea de primer orden. Sin ir más lejos Andrés Rodríguez (el Centauro, titular de UPCN) es dueño de haras hípicos. ¿Cuántos trabajadores estatales conoces que posean caballos de carrera?

En manos de ellos, sirven para garantizar que el ajuste pase, dividirnos y ser furgón de cola de proyectos patronales. Necesitamos que vuelvan a nuestras manos para poder revolucionarlos transformándolos en trincheras de lucha y uniéndolos a otros sectores. Hay que llegar lo mejor organizados posible.



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