El show de Kicillof con el FMI: promesas sobre el bidet

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Axel Kicillof, ex ministro de CFK, se reunió con los representantes del FMI e hizo luego críticas al ajuste en curso. Pero ¿de abandonarlo si llegan al gobierno? Bien, gracias.

Los representantes del FMI que arribaron el lunes al país para monitorear las cuentas de la economía argentina, Roberto Cardarelli y Trevor Alleyne, continuaron este jueves manteniendo reuniones con distintos sectores del peronismo, para tantear sus posicionamientos ante la política económica. El miércoles había sido el turno de Juan Manuel Urtubey, precandidato presidencial por el peronismo “alternativo”.

Ayer fue el turno de Axel Kicillof, diputado del FpV y exministro de Economía durante el último mandato de CFK.

El diputado, que desde finales de 2018 viene realizando apariciones en distintos medios y se prueba el traje de precandidato (presuntamente por la provincia de Buenos Aires) aprovechó la oportunidad para continuar las críticas al programa económico en marcha, tanto frente a los funcionarios del organismo internacional de crédito que le prestó a Macri USD 57 mil millones para asegurar los pagos de deuda, como ante los medios.

Concluida la reunión, Kicillof manifestó que “el principal interés era escucharlos”, porque “tienen un papel central en la economía argentina” ya que “el acuerdo firmado por Macri obliga al Gobierno a consultarle decisiones de política económica inherentes al Poder Ejecutivo, como la tasa de interés, el tipo de cambio y el nivel de gasto”.

El ex ministro contó que les expuso a Cardarelli y Alleyne toda la responsabilidad del gobierno de Macri en el estallido de la crisis, que no sería solo porque “pasaron cosas” en el plano internacional, ya que ninguno de los países latinoamericanos que también sufrieron el mismo cambio de coyuntura sufrieron una devaluación de 100 % ni entraron en recesión como la Argentina. También les señaló que su bancada ya habría advertido la crisis que se estaba gestando, algo que en rigor fue advertido ampliamente por todo el espectro crítico de la política de “endeudamiento serial”, encarada por Macri, la cual por otra parte fue preparada por el propio kirchnerismo con sus renegociaciones de deuda (que relegitimaron unos pasivos probadamente fraudulentos en vez de declarar su repudio definitivo) y de “pago serial”.

¿El programa es de Macri y no del FMI?

Fiel al aggiornamiento que viene mostrando en sus declaraciones más recientes, Kicillof tuvo el cuidado de destacar que este sería “el programa de Macri”. Así lo manifestó ayer en C5N luego de la reunión.

También declaró que el FMI “no puede tener vocación de volcar un país”. Son todas declaraciones que apuntan a poner toda la responsabilidad del ajuste en marcha, el plan de déficit cero votado en el presupuesto y la política monetaria de estabilización que viene contribuyendo a profundizar el hundimiento de la economía, solo el Macri.

Parecería que Kicillof considera que el FMI se limitó a recibir la propuesta de Macri. Pero, ¿acaso puede sospecharse que el organismo habría otorgado su aval a un programa que buscara evitar el ajuste fiscal y sostener políticas de mayor gasto? ¿El ex ministro imagina al organismo presidido por Lagarde apoyando con créditos a un programa de este tipo?

Pero no hace falta que especulemos al respecto, ya que el propio Kicillof se contradice sobre el rol del FMI. Ayer contó que, como en otras oportunidades, cuando el señaló los efectos recesivos del programa económico, cuyo efecto es “destruirle la vida a los argentinos”, la lacónica respuesta era que “nos pidieron un plan de estabilización, no de crecimiento”. ¿En qué quedamos, el plan lo armaron solo Macri, Dujovne, Sandleris y el resto del gabinete o jugó un papel central el staff del organismo que preside Lagarde para fijar las metas de ajuste?

La promesa imposible de una renegociación del programa de ajuste

Los esfuerzos de Kicillof por pegar sobre Macri apuntan a dos bandas. Por un lado, en la expectativa de un triunfo en las elecciones de octubre para el espacio que integra, pretende mostrarse como un interlocutor del FMI, que gane quien gane las elecciones seguirá auditando las cuentas hasta 2021 como mínimo. Y si juzgamos por la experiencia previa se quedará mucho más tiempo, renovando el programa con nuevos préstamos.

Al mismo tiempo, el ex ministro pretende que es posible, en ese hipotético escenario de triunfo en octubre, sentarse a renegociar los términos del acuerdo. Es decir, rediscutir las políticas a llevar a cabo a partir de 2020, que de acuerdo al programa presentado por Macri exigen llegar a un superávit de 0,5 % del PBI, después de alcanzar este año el déficit cero.

El FMI “es mas flexible que Macri”, afirmó ayer también Kicillof.

El discurso de Kicillof busca alimentar la idea de que ganando las elecciones podrá cortarse el ciclo del ajuste macrista, e iniciarse como en 2003 un curso de otro ciclo, retomando con variantes el pretendido “modelo de crecimiento con inclusión”. Pero “olvida” que este solo pudo constituirse gracias al feroz ajuste realizado por Duhalde, que incluyó entre otras cosas el default de la deuda y una megadevaluación cuyos efectos pegaron de lleno sobre el poder adquisitivo para crear condiciones de alta rentabilidad, y además estuvo ayudado por el ciclo de altos precios de los commodities. El kirchnerismo asumió con el “trabajo sucio” del ajuste ya realizado, y buscó asegurar la perpetuación de las condiciones favorables para el empresariado al tiempo que buscaba recomponer las condiciones de dominio de la burguesía con políticas que fueron presentadas como de un signo distinto de las del período, presentando al Estado como “árbitro”. Pero asegurando siempre en lo fundamental las “conquistas” que la clase dominante había logrado durante el período neoliberal.

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Por el contrario, de ganar en 2019, llegarán con buena parte del ajuste ya realizado por Macri (gracias entre otras cosas a los aportes del peronismo y la burocracia sindical para otorgarle “gobernabilidad” a las políticas de austeridad), pero con la exigencia del FMI para seguir profundizándolo en 2020.

Desde hace un tiempo Kicillof viene sosteniendo la idea de que se podría ir a una renegociación con el FMI y cambiar los objetivos para los próximos años. Es una idea similar a la que proponía en Grecia, otro país devastado por las políticas de austeridad, impuestas en este caso por la llamada “troika”, formada por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el FMI. En enero de 2015, Syriza, un partido que hemos definido como neorreformista ganó las elecciones proponiendo el rechazo a la política de austeridad. Luego de su triunfo, Syriza constituyó una coalición “antiausteridad” con la derecha nacionalista (ANEL o griegos independientes) con el propósito de reestructurar compromisos de deuda y cambiar la política fiscal por una expansiva. Estos objetivos, de por sí moderados, se probaron inviables en las condiciones impuestas por la política impulsada por las principales potencias de la UE, con Alemania a la cabeza. El gobierno de coalición presidido por Syriza creyó posible regatear con la troika algunos márgenes para administrar la integración subordinada de Grecia en la Europa del capital. Terminó siendo el ejecutor de los recortes destinados a cumplir con los acreedores, que continuaron ahondando la hecatombe social que vive el país desde que se inició la crisis de deuda en 2009. La idea de negociar “con fuerza” sin romper los marcos capitalistas está condenada al fracaso.

Kicillof vende un buzón cuando sostiene sin romper con el FMI y repudiar su programa puede implementarse una política que se diferencie en lo sustancial del ajuste que lleva adelante Macri para asegurar el déficit cero, pagarle a los acreedores y asegurar las ganancias del empresariado.

Ovbiamente, seguir el curso de ruptura con el FMI es imposible si uno pretende moverse en los marcos del capitalismo y alimentar la ilusión de que puede haber un “modelo” que asegure por un largo período que podrán compatibilizarse los intereses de los empresarios y los de los trabajadores… y todo eso sin atacar las raíces fundamentales de la dependencia. La misma pretensión que ya se probó insostenible en el anterior gobierno de CFK, que concluyó con ajuste (en 2014), intentos de volver a los mercados, acuerdos con el CIADI y Repsol y ataques a sectores de la clase trabajadora formal acusada de “privilegiada” por reclamar por el impuesto al salario.

Solo rompiendo el Acuerdo Stand By y dejando de pagar al FMI y al conjunto de los acreedores puede cambiarse el curso del ajuste. Pero esto solo es compatible con una firme decisión de romper con el orden que sostiene este organismo que es un pivote central del capitalismo globalizado. La pretensión de contraponer a Macri una alternativa “antineoliberal” es una impostura magnificada en los tiempos en los que es el FMI el que gobierna la política económica. Solo queda una hoja de ruta para evitar repetir como farsa trágica y decadente la historia de saqueos: que una fuerza política independiente de los trabajadores imponga un serie de medidas de ruptura con el imperialismo y sus socios nacionales.

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