El techo de cristal y los subsuelos del feminismo liberal del PSOE

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Las leyes de “igualdad” para las mujeres se han topado con la (des)igualdad de las reformas laborales y los recortes de servicios públicos que sumieron a la mayoría de las mujeres, las trabajadoras, inmigrantes, jóvenes a los subsuelos de la precariedad y la pobreza, muy lejos del techo de cristal de las mujeres del gobierno “feminista” del partido social liberal del PSOE.

El PSOE basa siempre sus discursos en proyectos de “leyes de igualdad” que se han colgado como medallas, como la Ley de Dependencia, la ley igualitaria en permisos por maternidad o la ley integral contra la violencia estructural de género desde Ministerios como el de Sanidad, Igualdad o Trabajo, entre otras.

Las masivas movilizaciones del movimiento de mujeres y feminista se fueron acrecentando, demostrando la “corta vida” de estas leyes, reformas laborales mediante y grandes derechos recortados a la mayoría de las mujeres. Un ejemplo, son los presupuestos del Pacto de Estado contra la violencia machista, recortados por el PP. Sin embargo Zapatero ya en el 2006 también utilizó las tijeras en los presupuestos para la prevención integral de la violencia de género.

Inéditamente, el PSOE se embarca en un recambio del bipartidismo (senil) bajo un “Gobierno feminista” que, según los socialistas, “ha roto con todos los techos de cristal”. Sin embargo, el subsuelo está más cerca, si hablamos de los derechos, para la mayoría de las mujeres, las trabajadoras, las pobres, inmigrantes y jóvenes. Los techos de cristal son, para ellas, inalcanzables.

Leyes que no “dignifican”: de extranjería o regulación de empleadas del hogar

Es conocida, aunque nada pronunciada por la memoria del nuevo Gobierno “feminista”, la Ley 2/2009 de Extranjería del PSOE respecto a las denuncias de violencia machista, que determinaba que si una mujer inmigrante en situación irregular era víctima de malos tratos y acudía a interponer una denuncia, la Ley colocaba un expediente de expulsión por ser extranjera irregular.

Esta no es más que la continuidad de la primera de las reaccionarias leyes de extranjería, la Ley Orgánica 7/1985 de Felipe González, que al regularizar a miles de personas inmigrantes dejó expuestos a otras miles como “ilegales” para su expulsión o sometidas a la explotación laboral.

Así ocurrió con miles de mujeres inmigrantes, en su mayoría empleadas del hogar, para quienes no era obligatorio ningún tipo de contrato ni cobertura a la Seguridad Social. Hasta que en el año 2011 el PSOE, en acuerdo con CCOO y UGT, estableció una nueva normativa para regularizar la situación de las empleadas domésticas, el Real Decreto 1620/2011 que entró en vigor a inicios del 2012. Con él se pretendía que las empleadas de hogar entrasen, paulatinamente, al Régimen General de la Seguridad Social, algo previsto hasta el año 2019.

Las condiciones de explotación y vulnerabilidad de las trabajadoras inmigrantes eran tales, que supuso algunas mejoras y muchas mujeres pudieron regularizar su situación, aunque en condiciones muy precarias y como trabajadoras de última categoría. En su momento, el ministro de Trabajo Valeriano Gómez, dijo que con esta ley se pretendía “dignificar la profesión”, sin embargo, como denuncian las propias trabajadoras del hogar:

“No tenemos acceso a derechos tan básicos como es la prestación por desempleo. No tenemos ningún tipo de protección si nos despiden, ya que ésta ley ampara el nombrado “despido por desistimiento patronal” que es totalmente arbitrario. Es legal que nuestro salario se pueda retribuir con “especies” (comida o alojamiento), que en la actualidad puede suponer un 30% del mismo. Mediante el tramposo concepto de “horas de permanencia” está permitido que se trabaje más de 60 horas semanales a pesar de que el contrato estipule una jornada de 40. Eso sin hablar de que aún son muchas las que ni tienen contrato, y que para las que lo tengan es habitual que no se respeten ni las mínimas condiciones estipuladas por el mismo”.

Conciliación, Igualdad y las Leyes de Dependencia: recortes y más precariedad

En los debates sobre la “conciliación”, la fórmula del PP ya planteada por Aznar, es la de “corresponsabilidad” de los hombres en las tareas domésticas y de cuidado. El PSOE plantea se deben garantizar las condiciones económicas y sociales para lograr la igualdad entre hombres y mujeres, bajo la fórmula “Conciliación más Igualdad”.

Pero estas fórmulas muestran sus límites cuando se enfrentan a la realidad de los recortes en la sanidad, “protocolos” que limitan los derechos para las embarazadas, la paralización de la Ley de Autonomía personal y los brutales recortes en la Ley de Dependencia como el copago en las prestaciones farmacéuticas y ortoprotésicas o el cierre de centros de atención diurna, ocupacionales y residencias. Aquella ley aprobada por Zapatero, bajo la que se desplegarían servicios y recursos públicos, se había vendido como un avance para ayudar a todos aquellos familiares (en un 93% mujeres) que ejercen las tareas de cuidados no profesional en su propio hogar.

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Sin embargo, el fracaso de la Ley de la Dependencia es parte del desmantelamiento de la gran mayoría de los servicios públicos. La consecuencia es una mayor intensificación de las tareas domésticas y de cuidados para las mujeres, que suplen de forma gratuita porque el Estado se las quita de las manos. La residencias para personas dependientes son muy limitadas y las privadas son un verdadero negocio capitalista, un lujo impensable para las familias de la clase trabajadora. Esto provoca una verdadera traslación de estas tareas de lo público a lo privado, que lleva a que ancianos o personas dependientes retornen a vivir a los hogares, en condiciones de pobreza.

Por tanto, la posibilidad de conciliar la vida personal con la laboral es otra falsa ilusión del feminismo liberal, que quiere hacer creer que, una vez que “ya están todos los derechos conquistados”, sólo depende de la “elección individual” de las mujeres su libertad de actuación.

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Pero la mayoría de las mujeres nos topamos con otra cruda realidad: la precariedad, el paro y la pobreza. El trabajo asalariado femenino es alto en sectores de alta precariedad, como el de servicios (66,6%) y en todas aquellas tareas vinculadas al cuidado de las empleadas del hogar (88,6%). De las personas ocupadas a tiempo parcial, el 73,86% son por mujeres; es decir, 3 de cada 4 empleos. Los abusos patronales de las contratas se cargan cuando pueden hasta los derechos de maternidad despidiendo ilegalmente a trabajadoras embarazadas.

Estas cifras actualizadas al 2017 no caen del cielo. Tienen su origen en el modelo laboral del capitalismo español configurado en las décadas del ’80 y ’90 tras diferentes políticas aplicadas por los gobiernos del PSOE y del PP, desde la llamada “reconversión industrial”, hasta privatizaciones de servicios públicos, reformas laborales, EREs, pérdida de decenas de miles de trabajos desviados hacia la contratación y subcontratación de servicios. Bajo el gobierno de Zapatero la precariedad laboral femenina había aumentado: los contratos temporales y a tiempo parcial superaban tres veces más al de los hombres y la brecha salarial llegaba al 26%.

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Sánchez “feminista” asume como un buen ateo ¿Y la separación de la Iglesia y el Estado?

Pedro Sánchez es el primer presidente en asumir sin crucifijos ni biblias, autodefiniéndose como ateo y defensor de un Estado laico. Sin embargo, la alianza del PSOE con la Iglesia también estuvo tan sellada como con el PP.

Este año la Iglesia recibirá más fondos que nunca de parte de la Asignación Tributaria, ya que del ejercicio fiscal del 2016 la cantidad destinada alcanzó los 256,21 millones de euros, siete millones más que el año anterior. Se trata de la cifra más alta desde 2007 cuando se puso en marcha el modelo de financiación de la Iglesia ¿Diseñado por quién?, por el PSOE cuando fijó que el Estado le destinaría el 0,7 % de la cuota íntegra del IRPF de los contribuyentes voluntarios.

Este es el “Gobierno feminista” que sostiene alianzas con una de las instituciones más reaccionarias contra las mujeres o la diversidad sexual. La intromisión de la Iglesia católica en la política o en la educación, actúa como una cárcel contra los derechos más elementales y en la vida de las mujeres, con sus valores oscurantistas contra el aborto, la diversidad sexual y toda una larga lista de hipocresías.

Ni igualdad ante la ley, ni igualdad ante la vida para la mayoría de las mujeres

Ha sido la lucha histórica de las mujeres la que ha impuesto enormes conquistas como el derecho al aborto, leyes de maternidad, el matrimonio igualitario, entre otros. Sin embargo, esta ampliación de derechos de igualdad ante la ley siempre chocaron con la desigualdad ante la vida de la mayoría de las mujeres, frente a los recortes y ajustes que tanto el PSOE como del PP supieron garantizar como buenos amos de la Troika y el Íbex 35.

Bajo los subsuelos, la mayoría de las mujeres sólo pueden ver luz cuando salen a las calles, a luchar y organizarse. Como Las Kellys, “las que limpian los hoteles”. A las que les duele el cuerpo de tanto limpiar como en una cadena de montaje donde las máquinas son las manos y las espaldas. Pero no tienen “derecho” a que se reconozcan esos males del cuerpo como enfermedades laborales, porque vienen tal vez de “algún mal extraño”. No queda otra entonces que vivir dopada con veinte pastillas al día. Es casi imposible conocer a la camarera de hotel que limpia la habitación de al lado, porque tiene sólo 15 minutos para dejarla impoluta y ya no hay tiempo para comer si lo que se pretende es lo que debería otro “derecho”: salir al horario establecido, porque las “extras” no las pagan. Y así no hay ni derechos básicos, ni artículo de la Constitución de igualdad ante la ley, que explique por qué no hay igualdad ante la vida.

Y el techo de cristal sólo lo alcanzan unas pocas. Porque no todas las mujeres somos iguales ¿O acaso son iguales las vida de las mujeres trabajadoras o inmigrantes que trabajan de internas, a las de Soraya Sáenz de Santamaría, Angela Merkel, Arrimadas o las mujeres del nuevo gobierno del PSOE? Suponer que un Gobierno constituido por mayoría mujeres, abstrayendo para qué intereses gobierna un partido social liberal como el PSOE, es caer en un reduccionismo biologicista inscrito en la ideología patriarcal dominante.

Siendo parte de las mujeres trabajadoras, las jóvenes precarias, inmigrantes, estamos las que luchamos de manera decidida para romper otros techos y todos los muros de esa alianza criminal, patriarcado y capital. Estamos las feministas socialistas anticapitalistas, que buscamos romper con las falsas ilusiones de que, bajo el sistema capitalista, es posible la conquista de derechos de manera gradual y evolutiva, de la mano de los mismos partidos, instituciones y leyes que los recortan y los quitan al mínimo descuido y abandono de la movilización y autoorganización del movimiento de mujeres junto a la clase trabajadora y la juventud.



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