Elecciones en la UNCuyo: hecha la reforma, hecha la restauración

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Una elección que se dirime entre diversos matices de derecha: gestión y eficacia empresarial. Entre el mal menor y el mal peor. ¿Cuál es relación entre la Universidad y la sociedad? La izquierda y una segunda Reforma Universitaria.

El próximo 7 de Junio se realizarán las elecciones en la Universidad Nacional de Cuyo. Se elegirán Rector/a y Vicerretor/a, Consejeros/as Superiores, Decanos/as y Consejeros/as Directivos de todos los claustros. Esta será la segunda oportunidad en la que las máximas autoridades universitarias competirán en fórmulas electorales y serán seleccionados en elección directa, obligatoria, secreta y simultánea, mediante el voto de más de 40 mil personas, entre docentes, estudiantes, graduados y personal de apoyo académico.

Estas elecciones coinciden con los “100 años de la Reforma Universitaria” que intentó expulsar al poder clerical de las aulas universitarias. Sin embargo, podríamos señalar que hoy, aquella mentada apertura ideológica, se volvió “restauración”. Clérigos protestantes, por un lado y apóstoles de una de las tradiciones más conservadoras de la iglesia católica, por el otro.

La campaña arrancó con vuelo rasante. No muy lejos de la imagen monasterial de la universidad, se insiste en separarla del resto de la sociedad. Para no generar muchas suspicacias, las gestiones actuales lo único que cotejan es el cogobierno entre radicales y peronistas, con alternancias en algunas facultades, conservando así ciertos bastiones históricos para que nadie quede fuera de la mesa dominical. Este régimen perfecto garantiza, sin más, gobernabilidad en la universidad que se adapta según sean los vaivenes de lo que suceda en “la gran política” del gobierno provincial o nacional.

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En cuanto a la orientación de la actual gestión universitaria (de la cual, la supuesta alternativa política, forma parte), ésta fue claramente expresada en la pasada Feria Internacional de Educación Superior de Argentina (FIESA) realizada en Mendoza. A través de diversos talleres y workshops quedó plasmado el nuevo horizonte “bancomundialista”, esto es, que a partir de reconocer la masificación de la universidad, se busca ajustarla en tanto negocio y concebirla así como un “servicio” susceptible de ser brindado por quienes puedan hacerlo de forma “competitiva”. Por supuesto, el trasfondo de este giro es no sólo filtrar y direccionar el acceso a la universidad sino también seleccionar al personal político servil a los intereses de las clases dominantes. La universidad como usina ideológica necesita de políticas universitarias que apunten hacia un modelo empresarial, mediante el recorte de ciertos contenidos, evaluaciones cuantitativistas y la aplicación de una lógica mercantilista a la enseñanza.

Como bien sabemos, el sistema de elección directa, no hizo más que transformar “el pacto de caballeros” propio del feudalismo en una abierta rosca política del micromundo de la Universidad. Paradójico, sin lugar a dudas, siendo que en una casa de altos estudios, a la que asiste “gente bien”, la doble moral está a la orden del día. La “gente bien” se horroriza cuando lo que está en juego son míseros cargos municipales para los pobres, pero cuando el clientelismo, el nepotismo y la prebenda se lleva a cabo entre gente respetable, no tienen ningún problema. ¿Quién dijo que la hipocresía y el fariseísmo eran puros relatos del Antiguo Testamento?.

Y si de ideas ultramontanas hay que hablar, que mejor que referirnos a la Facultad de Filosofía y Letras. El poder clerical se ha instalado desde hace más de 40 años, sin rastros de querer retirarse. Al contrario, las “escenas de lefebvrismo explícito” corren a la orden del día. Cualquier rastro o ápice de introducir un pensamiento alternativo, crítico o siquiera reformista, es vapuleado, proscripto y perseguido. Sin embargo, esta curia pontificia no se mantiene sola. Como bien sabemos, el peronismo también ha sabido codearse con lo más granado del integrismo católico. Y de esa entrañable fusión ha surgido una opción política que incluye desde personajes oscurantistas hasta sectores progresistas y reformistas. Estos últimos decidieron cerrar filas con el oficialismo que conduce la Facultad, en un movimiento inesperado por dos razones. En primer lugar, porque la estrategia de torcer la correlación de fuerzas “desde adentro” desconoce la estructura vertical con que se maneja la actual conducción a la vez que le otorga una cierta “garantía moral” a un sector ampliamente repudiado por estudiantes y graduados, siendo que se presentan candidatos respetados académica y socialmente. Y en segundo lugar, porque la estrategia termina diluyéndose en la táctica: luego de haber dirigido ciertas críticas al régimen facultativo, desisten de su actitud beligerante para ceder ante el poder que ayer criticaban.

“es imposible criticar los límites de la universidad actual sin criticar al mismo tiempo los límites de la sociedad en la que vivimos, y de la cual la universidad forma parte”

En la Facultad de Ciencias Políticas las cosas tampoco auguran mejores opciones. El radicalismo, junto con algunos sectores del progresismo, buscará rubricar un nuevo período de gestión, agregando entre sus filas a sectores del peronismo conservador que le garanticen cierto margen de gobernabilidad, a fuerza de regalar promesas de cargos y mayores presupuestos. Algo cambia para que no cambie nada. Y del otro lado, el “panperonismo” (por no decir un remache de retazos del peronismo) que se pelea por ver sobre qué sector recae el manto de “Elías” que le devuelva (al menos imaginariamente) la posibilidad de ungirse como una oposición sólida y atractiva (si es que alguna vez lo fue).

No criticamos esto solo por principios, sino porque no compartimos la estrategia política. Nuestra postura viene a enfrentar una serie de dificultades y contradicciones políticas que queremos señalar del espacio progresista en franca decadencia. Primera cuestión: la identidad de estos espacios. Si el criterio por el cual se autodenominaba como “alternativa”, era por ser opositor al régimen verticalista, el manejo punteril y autoritario, al integrarse al espacio que otrora criticaba, dejan de existir como tal. Es decir, no existe alternativa. Primera victoria del Régimen: disolver la oposición.

Segunda cuestión: si la lógica es “ocupar espacios” por ocupar, cabe preguntarse ¿qué margen de maniobra hay en esos espacios?. En estos espacios: ¿Van a poder criticar abiertamente en el Consejo Superior y Consejo Directivo el manejo punteril que se hace de los cargos? ¿Van a defender la transparencia en los concursos y oponerse a las designaciones a dedo cuando, precisamente, son parte del reparto de cargos y secretarias? ¿Plantearán la injerencia de la Iglesia Católica en la Universidad cuando dentro de sus filas hay personas del Opus Dei? ¿Se enfrentarán al negocio de los posgrados, el profesorado y los idiomas pagos que ofrecen la facultad de Filosofía cuando muchos de esos docentes son los que tienen interés en mantener esos kioscos abiertos (otrora defensores de la educación pública y gratuita)?. Segunda victoria del Régimen: ocupar espacios estériles que fortalecen objetivamente a lo más rancio del peronismo en la Universidad. No sólo eso sino que ahora pueden mostrar una facultad ordenada y sin oposición y catapultar a Adriana García, fortaleciendo la gestión actual. La tan mentada autonomía relativa de la Universidad, insiste en separarse de lo que sucede de la política provincial y regional, pero el peronismo de derecha ¿qué rol jugará frente a los conflictos sociales que desbordan los márgenes de la Universidad como el Fracking, el aborto y el ajuste?.

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Este escenario nada alentador por derecha vuelve a señalar la necesidad de una opción de izquierda. La discusión política de ideas y proyectos de universidad ha sido reemplazada por una mera lucha electoral indefinida en el tiempo por la cuota de poder. Esto trae aparejada nada menos que una devaluación de la política, que en la práctica se traduce en la supremacía de campañas de marketing lavadas que nos empaquetan y venden algunas variantes de la gestión, según los diferentes gustos y paladares del consumidor.

Criticamos todo esto por una sola razón muy sencilla: tenemos otra mirada sobre el modelo de Universidad. Nuestra estrategia es la independencia política de los partidos del régimen, que en la práctica significa plantear nuestro propio programa: la necesidad de la autorganización en la Universidad y lugares de trabajo para enfrentar los ataques que sufrimos diariamente con el cogobierno ajustador de Macri. Nuestro objetivo es luchar por una universidad pública, laica, gratuita y de calidad, que produzca conocimientos al servicio de los trabajadores, las mujeres y la juventud. Tenemos candidatos a consejeros con ideas y proyectos que van a dar la batalla por reformas educativas profundas, que cuestionen la perspectiva pedagógica en las aulas, donde estudiantes puedan participar de los contenidos y programas de las cátedras. Por cátedras libres donde estudiantes no deban callar sus opiniones ni mujeres sufran acosos cotidianos por parte de docentes. Consejeros que defiendan los intereses de miles de estudiantes que estudian y trabajan para que puedan acceder a la educación pública con sistema de becas integrales. Consejeros que pretendan impulsar que cientos de adscriptos ad-honorem sean reconocidos como trabajadores docentes con salario y derechos políticos a votar como tales. Consejeros que luchen por la transparencia de los concursos a través de la creación de un bono docente expedido por una Junta Calificadora integrada por docentes, sindicato y estudiantes. También que se impulse la producción científica de calidad con la posibilidad de investigar en la Universidad con un sistema de becas integrales. Cuestionando el sistema de posgrados, idiomas y profesorados pagos. Rechazando cualquier intento de mercantilización de la educación con convenios con empresas privadas y exigiendo que la Universidad promueva debates en todas las facultades sobre temas como el Fracking, la Minería, el cierre de escuelas e IES y el presupuesto de la UNCuyo. Son demasiadas cosas como para hablar de todas ellas aquí, sin embargo, queremos dejar la siguiente reflexión, a saber: que es imposible criticar los límites de la universidad actual sin criticar al mismo tiempo los límites de la sociedad en la que vivimos, y de la cual la universidad forma parte.



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