Ellos y nosotros: radiografía de la desigualdad en Tucumán

0
81


En esta primera entrega analizamos la desigualdad social en la provincia en función de algunas de las tantas necesidades básicas insatisfechas.

La crisis social se agrava a medida que avanza el plan de ajuste que el gobierno de Macri pautó con el FMI y que los gobernadores aplican en las provincia, como quedó expuesto de la manera más cruda con el caso de Mateo, el niño que llorando de hambre increpó a los ediles del Concejo Deliberante de Concepción.

Pero la profunda desigualdad y la pobreza estructural que azotan a la provincia no son una novedad, por el contrario, un núcleo duro de pobreza e indigencia se mantienen irreductibles desde hace décadas.

A la salida de la crisis de 2001, con los precios de las materias primas volando por las nubes y una economía mundial pujante por el impulso de la demanda china, la economía argentina va a encarar un lustro de crecimiento a tasas históricas. Acompañando este proceso, el Producto Bruto Geográfico (PBG) de la provincia de Tucumán, entre 2003 y 2008, va a crecer a una tasa record de 8,6% anual.

Sin embargo, el saldo social de este período va a ser bastante malo, con un 16,4% de la población con necesidades básicas insatisfechas (NBI) como quedó reflejado en el último Censo 2010 elaborado por el Indec.

Para ese entonces el 65% de los hogares de la provincia tenía techo de chapa; el 62% de los hogares no tenía acceso a la red de gas natural; usaba garrafa para cocinar. El 43% de la población (524 mil personas) no tenían cobertura de salud; unas 270 mil personas usaba letrina o directamente no tenían baño en su hogar; y 132 mil personas vivían en condiciones de hacinamiento (más de 4 personas por habitación).

La pobreza que va a medir el Indec en esos años apenas llegará al 6-7% de la población. Niveles europeos. Pero la UCA va a estimar un indice de pobreza del 28% de la población nacional. Difícilmente la provincia de los salarios casi más bajos del país bajara del promedio. Unos años después se va a producir el apagón estadístico y el organismo va a dejar de publicar el índice de pobreza. En 2016 se vuelve a publicar el indice y para nuestra provincia el Indec va a reportar un 30,3% de pobreza. Una diferencia de 23 puntos en sólo tres años que pusoeron en evidencia la burda manipulación estadística.

En 2008, el año de la “Gran Recesión” mundial, con consecuencias duraderas hasta nuestros días, la economía nacional pisa el freno y también en Tucumán, que va a ver caer drásticamente su tasa de crecimiento, entre 2009-2016, a un promedio del 1,67% anual.

Desde entonces la inversión en Construcción y en obras de electricidad, gas y agua, se mantuvo casi estancada. El próximo censo difícilmente pueda arrojar resultados alentadores.

Haciendo la plancha

Si durante el período 2003-2009 el sector “Construcción” (donde el gasto público tiene un peso predominante) creció a un promedio del 26% anual, en el período inmediatamente posterior (2010-2016) la tendencia se revierte por completo para pasar a una caída promedio del -2,6% anual.

Es decir que a pesar de las tasas de crecimiento excepcional del primer período, el Censo 2010 deja un saldo alarmante en cuanto a índices de hacinamiento y déficit habitacional; y hacia el final del segundo mandato de Alperovich, la construcción va a perder todo su impulso.

En cuanto al suministro de electricidad, gas y agua, el crecimiento anual promedio del período 2003-2009 va a ser casi vegetativo (1,6%), con un incremento muy leve (2,1%) desde entonces y hasta 2016.

De acuerdo a la información disponible, entre 2007 y 2013 las obras de entubamiento de agua alcanzaron un promedio de 693 metros por año: 7 cuadras por año!. Mientras tanto, decenas de miles de hogares siguen sin conexión a las redes cloacales.

Hasta el inteventor de la SAT se encargó de dejar en claro el estado calamitoso del sistema cloacal: “basta con caminar por las calles para ver agua en todas partes. En la capital, por ejemplo, la mayoría de las cañerías ha cumplido su ciclo”.

Otro aspecto de la crisis de infraestructura son las inundaciones recurrentes que azotan al sur de la provincia, con miles de familias que se ven obligadas a auto evacuarse cada vez que llueve un poco más de la cuenta. Obras como el Dique Potrero del Clavillo, una obra interrumpida hace más de 40 años que podría detener las inundaciones del sur, es la promesa típica de todas las campañas electorales. El fantasmagórico Plan Belgrano no fue la excepción.

Cuando los ríos desbordan el gobierno declara la “emergencia hídrica”, lo hizo en 2007 y se va renovando año a año desde entonces para disponer de fondos públicos sin tener que pasar por el sistema de licitaciones.

Desde 2010 también el gobierno declaró la “emergencia en el sistema eléctrico”, y la “emergencia de transporte” desde 2017. Medidas que no hicieron más que beneficiar a los empresarios con subsidios y tarifazos. Hasta declararon la “emergencia agropecuaria” para eximir de impuestos a los productores del campo.

Actualmente la pobreza alcanza al 32,2% de la población; el trabajo en negro al 45% de los asalariados (75% en la juventud); y el 37% de la población económicamente activa que no tiene el secundario completo.

Pero el gobierno no ve en la pobreza o en la precarización laboral extrema, ninguna razón para declarar una “emergencia laboral” que obligue a los empresarios a cumplir con los derechos laborales de la mitad de los asalariados.

Un sistema económico, social y político, que es incapaz de poner un freno a las inundaciones, que no puede garantizar si quiera el acceso a los servicios sociales más elementales, merece perecer. De la mano del FMI la crisis social no hará más que agravarse. Hay que dar vuelta todo!.



Source link