En la EARI nos preguntamos: ¿estudiar es un privilegio?

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Muches jóvenes abandonan sus estudios por no poder comprar apuntes, materiales o como mínimo cargar la SUBE. O nos organizamos para dar vuelta todo, o poder estudiar será un privilegio para pocos.

¿A cuántos compañeres vimos dejar sus estudios o abandonar materias? A todes se nos hace cada vez más difícil sostener las cursadas y esa también es mi situación. Soy estudiante del profesorado de Artes Visuales de la Escuela de Arte de Florencio Varela (EARI) desde hace varios años y siempre trabajé para bancarme la carrera. Los trabajos que conseguí fueron en negro y precarizado, y tuve problemas para que me alcance el tiempo o la plata para sostener mis estudios. Pero el mío no es un caso aislado, sino también el de la gran mayoría de mis compañeres de cursada.

Realidades precarizadas

“Es imposible para muchos terminar la carrera en los cinco años que dura. La mayoría la extendemos debido al gasto en materiales, en sube y en textos. Trabajar y estudiar es cada vez más sacrificado, muchos abandonan” cuenta Noe, estudiante de Artes Visuales. “En mi caso, a lo largo de la carrera laburé siempre en trabajos en negro. Actualmente, trabajo independiente como artista callejera y manejo mis tiempos, pero no alcanza. Es difícil organizar el tiempo para trabajar y estudiar”. Es consciente de que ésta no es solo su realidad, sino también la de sus compañeres: “En la entrada de la escuela hay grupos de estudiantes vendiendo bizcochuelos y café. También están organizando la rifa de una canasta familiar. Se organizan para juntar plata y poder comprar los materiales de Escultura. El profesor considera la situación, trata de ajustar el pedido de materiales a esta realidad, pero así y todo cuesta”.

Alan, estudiante del FOBA (ciclo de Formación Básica) de música, también cuenta su situación, muy parecida a la nuestra. “Los estudios los sostengo como puedo, ya que no tengo ingresos económicos fijos y en este momento reciclo cosas, hago manualidades y macetas con madera. Aproximadamente gasto para estudiar $1200 por mes y solamente estoy cursando cuatro materias”.

Ivana está en el segundo año del profesorado de Artes Visuales. Es sostén de hogar y tiene dos hijas a cargo. El año pasado tuvo que dejar las cursadas también por esta situación. “Mi empleo actual no me deja cursar ciertas materias, por lo cual este año las tengo que volver a cursar. El tiempo es oro y el 2018 fue un año complicado para mí. Recibí mucha ayuda de parte de mis compañeres. Muches aportaban con cosas que tenían en sus casas. Trabajo en limpieza y mantenimiento y tengo un sueldo por debajo de la canasta familiar. Estas formas de vida me ocasionaron problemas respiratorios y tendinitis.

Fermín, también de segundo año de Visuales, cuenta: “Empecé a estudiar en el 2010 y tuve que dejar por cuestiones laborales. Ahora volví a retomar. No tengo hijos ni tampoco algún familiar a cargo. Mi relación con el trabajo y el estudio es intensa. No me alcanza ni el tiempo ni el trabajo. Creo que gasto $300 entre transporte y fotocopias cada dos días, pero trato de rebuscármela para no volver a dejar. Ahora, sostengo mis estudios trabajando en un salón de eventos. El trabajo es precarizado porque es en negro y sin nada a mi favor, teniendo en cuenta los riesgos que conllevan este trabajo. No tengo seguro de vida, ni de salud, ni de emergencia. Pienso que esto es un problema general, tanto de este gobierno, como del sistema económico global”, afirma.

Esta es la situación de los cientos de compañeres con los que compartimos pasillos y cursadas en la escuela, , mientras estudiamos para conseguir el título docente. Algunes compañeres piensan que al recibirnos podremos mejorar nuestra situación, pero ¿es realmente así?

Por otro lado, también está la realidad de todes aquelles que tuvieron que dejar. Como es el caso de Fernanda, que estudiaba música. “Quedé embarazada y tuve que dejar. Hoy mi hijo tiene dos años y todavía no pude retomar, porque no tengo plata ni con quien dejarlo para ir a cursar. Ahora estoy vendiendo pan casero en bicicleta por el barrio porque no conseguí trabajo y de alguna manera tengo que generar dinero. Somos mi hijo Milo, y yo”.

Lo mismo ocurrió con Marcelo, que estudiaba en el FOBA de música. “Dejé la escuela porque empecé a laburar y coincidía con la mayoría de los horarios en que cursaba. También porque me cambiaron de sede a mitad de año, cursaba en la EARI y en el anexo (EP 14) y no me daba para tanto la sube. Esta jodida la cosa”, cuenta.

No se puede seguir así: hay que darlo vuelta todo

La EARI es un terciario de formación docente en el que cursamos más de mil estudiantes de Florencio Varela y distritos vecinos. La escuela está ubicada en el centro de la ciudad, que pertenece a la tercera sección del conurbano bonaerense y está gobernada hace más de treinta años por el peronismo. La gran mayoría de los jóvenes somos desempleados o estamos en situación de precarización laboral. Varela es una de las llamadas “ciudad dormitorio” donde miles de trabajadores viajan todas las mañanas en tren o colectivo a ganarse la vida a Capital y vuelven por la noche a sus hogares o, con el último esfuerzo, a cursar algunas materias en la EARI, en el Instituto 54 o en la UNAJ, detrás del “sueño” de tener un título.

En esta situación, veo mi realidad y la de mis compañeres y pienso que esto no puede seguir así. Es urgente la necesidad de organizarnos para cambiar todo de raíz, para que estudiar deje de ser un privilegio o un esfuerzo terrible. También, noto en este año electoral a todos esos partidos tradicionales que ahora se ofrecen como la solución a nuestros problemas, pero que son los mismos que ya nos gobernaron y nos dejaron en esta situación. Veo al macrismo endeudándose con el FMI e hipotecando nuestro futuro, pero también veo a la supuesta “oposición” del peronismo y kirchnerismo prometiéndole al fondo pagarle cada centavo a costa del futuro de millones de laburantes, del mío y de mis compañeres que están en esta misma situación.

Mientras estos políticos le siguen pagando al Fondo, vemos cómo todos los días el ajuste se siente cada vez más fuerte: se agotan las posibilidades de conseguir trabajo, nos resulta insostenible seguir estudiando, y al mismo tiempo no hay plata para la educación, ni para la salud pública porque sabemos que va a parar a los bolsillos de los especuladores que se enriquecen cuando nosotros pasamos hambre. El Frente de Izquierda es la única alternativa independiente de los políticos de los empresarios que propone no destinar ni un peso más al FMI, y destinar esos millones a las necesidades que tenemos nosotros todos los días, como poder acceder a educación de calidad y que no sea un privilegio.

Por eso, desde Contra Imagen en EARI, agrupación de la que formo parte, proponemos hoy más que nunca organizarnos y salir a luchar para derrotar al FMI, a los empresarios, a Macri y a los gobernadores que junto con la complicidad del PJ nos están llevando a un destino de hambre y miseria. Hay que enfrentarlos en las calles, como bien lo vienen demostrando este año les trabajadores despedides de Siam y Coca-Cola, junto a muches otres, a pesar de la tregua de las centrales sindicales. Es el momento para organizarnos con les trabajadores, les precarizades y desocupades para decirles “basta!” a los que están jugando con nuestro futuro y ¡para que la crisis la paguen ellos!



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