En Verona lo primero "es la familia": antiderechos se organizan a nivel mundial

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Organizaciones antiderechos y políticos de diferentes países se encontraron en el Congreso Mundial de Familias, que se está realizando en Italia, para delinear estrategias en contra del aborto, la educación sexual y el matrimonio igualitario, entre otros temas.

En no pocas oportunidades hemos mencionado la franca avanzada de los sectores que se autodenominan “provida”. Siempre ligamos a estos sectores con la ultra derecha y fundamentalmente con las jerarquías de las iglesias católica y evangélica, de donde no solo abrevan su ideología sino el financiamiento necesario para llevar adelante sus campañas, por ejemplo en contra del aborto legal.

Estos movimientos no solo han venido avanzando en Argentina desde el debate sobre la legalización del aborto en 2018. Durante este fin de semana se llevó a cabo en la ciudad italiana de Verona, el Congreso Mundial de Familias. Pero ¿qué familia? La única que aceptan estas organizaciones: mamá mujer y papá varón, unidos por la institución más arcaica y opresora: el matrimonio legal.

Como contrapartida, las calles se llenaron de una multitud organizada por el colectivo Non Una Di Meno, que se fundó tomando como ejemplo el Colectivo Ni Una Menos de Argentina.

Mientras en las calles se oían consignas como “no es amor, lo que sentís es opresión” o “un orgasmo los enterrará” adentro, representantes de organizaciones antiderechos e importantes dirigentes políticos planeaban estrategias comunes en torno a su lema “El viento del cambio: Europa y el movimiento global pro familia”.

Uno de los oradores, Ignacio Arsuaga, fundador de HazteOír, una organización de extrema derecha ultracatólica española, hizo referencia a la forma más efectiva de enfrentarse a quienes se oponen a la “familia natural”. Para Arsuaga el freno se conseguiría o “por la acción política directa, es decir la ejercida por los partidos o por la influencia sobre esos partidos”.

Es decir, o arman partidos políticos que lleguen al poder o utilizan su poder para manejar a los partidos políticos que gobiernan.

Este es el modelo que siguieron en Brasil apoyando a Bolsonaro mediante la bancada evangélica, o la organización y presión que ejercieron las jerarquías de de las iglesias católica y evangélica en Argenitina, contra el intento de legalización del aborto. Estas estrategias también se repiten en otro países como es Vox, la organización ultra conservadora del Estado Español o en la derecha italiana.

Este enunciado estratégico cobra relevancia si tenemos en cuenta que en el Congreso estaban representantes del principal partido de gobierno, La Liga, como por ejemplo Lorenzo Fontana, ministro de Familia; Marco Bussetti, ministro de Educación, y el ministro de Interior y vice primer ministro, Matteo Salvini.

Tres dirigentes en áreas claves dejan en evidencia que un punto de interés importante, no solo para este Congreso, sino para las organizaciones antiderechos, es la educación.

En Argentina, el año pasado, durante el debate por la legalización del aborto, el argumento principal en el cual basaban su oposición a este derecho elemental los sectores antiderechos, era justamente la necesidad de la educación sexual para prevenir embarazos no deseados.

Sin embargo, una vez que lograron evitar la sanción de la ley, su objetivo cambió dedicándose a bloquear todo intento que surgiera para que en todas las escuelas del país se imparta educación sexual.

Lo que se ha señalado, en no pocas oportunidades, es que los acuerdos y alianzas que se hacen con los sectores de derecha, aliados a las jerarquías de diferentes iglesias, terminarán fortaleciendo siempre a esos mismos sectores.

Es por eso que el intento de unir “verdes y celestes”, a través de las nuevas alianzas que se están tejiendo con gobernadores que declaran su religión como postura política y línea de gobierno, no puede tomarse como una “necesidad” a cuenta de terminar con males mayores.

Ninguna pelea será posible si finalmente volvemos a sentar en los lugares de poder a los mismos que nos vienen negando los derechos más elementales.



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