Entre Rosario y el Congreso, la delegación rosarina que se plantó el #8A

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El 8 de agosto, entre Rosario y el Congreso. Las voces de la delegación que partió con Pan y Rosas y algunas preguntas para pensar cómo seguir.

fotos: Leandro Brizuela

En la madrugada partieron del Parque Independencia 116 colectivos, nuestra fuerza se volcaba a la calle una vez más.

Las secundarias pidieron permiso, las universitarias cambiaron horarios de laburo, las maestras acomodaron a los ponchazos algún reemplazo, las docentes universitarias que pocos días antes iniciaron un paro indeterminado por la pelea por salarios dignos, juntaron más fuerzas y allí estaban, peleando por sus derechos como mujeres y trabajadoras de la educación. “Senadorxs de diferentes bloques se habían dado vuelta como una media e iban a votar en contra, la fuerza iba a tener que estar en la calle y yo lo sabía” ilustró una docente de primaria. El Senado, allí se jugaban nuestros derechos postergados por décadas, y nuestras vidas también. Casi 3 centenas se arrimaron con Pan y Rosas, estudiantes, docentes, enfermeras y médicas, la bandera ya estaba plantada frente al Congreso.

Entre las compañeras que salieron hacia el Congreso aquella mañana fría, junto a las militantes de Pan y Rosas y el PTS, no había dudas: “ya hay mayoría en contra, la clave es que estemos ahí y que seamos muchas”. La calle, la movilización, ser muchas y muchas más, fueron ideas que llegaron para quedarse, primero aquel 13J porque la multitud definió la media sanción, este 8A porque demostramos que solo así podemos ir por la conquista de nuestros derechos, aún mas cuando un régimen político vetusto y clerical mostró su verdadera cara y con la caída de la ley pretendió asestarnos una derrota.

Irene Gamboa, consejera directiva de la UNR y referente de Pan y Rosas viajó al Congreso con la delegación de cientos de compañeras que se movilizaron ese día, ella la noche anterior impulsó junto a Pan y Rosas y el Centro de Estudiantes de Humanidades una vigilia para demostrar que nos estábamos preparando, queríamos que la ley salga y estábamos dispuestas a eso. Ella desde el Congreso nos decía: “venimos organizándonos y movilizadas desde hace varios meses por este derecho, denunciamos a los especuladores como Perotti, a los que ya avisaron su voto en contra y a quienes negaron este derecho durante años. Estamos dispuestas a seguir esta pelea, porque hoy es por el aborto legal, pero también porque la fuerza de las mujeres tiene que ser el motor para enfrentar los ataques que se vienen sobre todo el pueblo trabajador”.

En la Facultad de Humanidades y Artes se terminaron de armar las pantallas y pasadas las 10 comenzó a transmitirse el desfile de dinosaurios Desde distintos lugares de la ciudad se congregaron como en junio, miles se sentaron frente a las pantallas, junto a sus compañeras y compañeros, en rondas, con mantas preparadas para la noche, siguiendo las redes sociales mirando a sus amigas y amigos frente a la Plaza de los Dos Congresos y sintiéndose ahí también.

Allí estaba estuvieron Virginia Grisolia y Octavio Crivaro, ambos referentes del PTS, acompañando la transmisión juntos a la miles que se hicieron presentes. La denuncia que hicieron en los medios aquel día fue clara, un fantasma recorrió el Senado, era el oscurantismo clerical sostenido durante años por los partidos tradicionales el que se hacía presente para vetar una ley que millones ya habían votado. El Frente de Izquierda siempre estuvo de ese lado, del lado de las pibas y pibes, apoyando el derecho a decidir de las mujeres sin dilaciones ni contradicciones entre sus filas.

Y la larga jornada continuaba.

Intervenciones dignas de un guión cinematográfico, Vivaldis y chimpancés en el mismo lodo oscurantista. Sentados, inmutables o fervorosos, los antiderechos que ocupan bancas hicieron gala de toda conciliación con una Iglesia que no escatimó en presiones para que la ley no salga. Urtubey justificó la violación, Bullrich nos comparó con monos – Mientras tanto Michetti le negó la entrada a una Madre de Plaza de Mayo -, Elías de Pérez hizo sincericidio público y dijo que no había leído el proyecto. Entre tanta barbarie un Pino Solanas que habló de goce para recordarnos que no estamos en el medioevo, y Cristina, la oradora, pidió que no nos enojemos con la Iglesia, 38 -31, dos tibias abstenciones, entre ellas la del santafesino Omar Perotti.

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Allá y acá, el frío fue barrido por el fuego de adentro, estábamos acompañadas en la indignación y la bronca que despertaron ese puñado de privilegiados que voltearon la ley, pero que no pudieron empañar la fuerza que nos llevó hasta acá. La expresión cabal de un régimen hipócrita y antidemocrático, anclado en valores clericales, también nos dejó algunas lecciones, “Iglesia y Estado, asunto separado”; las opiniones de esa frondosa delegación rosarina siguen y se multiplican para pensar cómo seguir, “no es para nada una derrota, hay que aprovechar la bronca de la gente para demostrar que el sistema cómo está no representa los intereses de la “mayoría”, sino de los poderosos”; “será lucha hasta que sea ley”, “enojada con tanta hipocresía adentro del senado, escuchamos cosas muy fuertes y preocupantes”, “tanto los del FPV y el PRO, “es fácil estar a favor cuando ya la ley no sale, después de haberlo negado por doce años”.

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Y al volver en las aulas fue tema ineludible: “Hablamos un poco del tema con una profesora, y todos acordaban que no podían creer los senadores que no eran capaces de sostener argumentos o hablar de corrido”, esbozó una secundaria. “Nunca nos regalaron derechos y está no es la excepción”, y por eso una última, para cavilar, “a veces luchar no es suficiente, sino hubiéramos ganado hace rato, hay que organizarse, pensar que estrategia, que aliados, y cuáles no”.



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