Estudiantes y docentes por la legalización del aborto

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En La Izquierda Diario: Un arma para la crítica en Filosofía y Letras de la UBA (Junio 2018), el periódico impulsado por la agrupación En Clave Roja (PTS+Independientes), conducción del CEFyL.

Catalina Agostinelli

Estudiante de CBC

Lucía Palma

Estudiante de Filosofía

En menos de 20 días la Cámara de Diputados tendrá que tomar una decisión.

Que se haya logrado debatir sobre el aborto dentro del Congreso no es un logro de Cambiemos si no de la lucha histórica reflejada en las marchas y campañas de información que iniciaron miles de personas que se niegan a tolerar más muertes en clandestinidad. Expresamos fuertemente nuestra indignación a través de los pañuelazos, usándolo como uno de los símbolos de lucha que ahora cuelga en los bolsos, mochilas, también adornando nuestros cuellos y vestimenta demostrándose que una mayoría está a favor.

El proyecto por el Derecho al Aborto que presentamos junto con la Campaña Nacional, que apoyan diputados del Frente de Izquierda, como Nicolás Del Caño y Myriam Bregman, fue cajoneado durante todo el gobierno anterior más de seis veces por oficialismo y oposición (Peronismo, Kirchnerismo, Massismo y Cambiemos). Todos ellos se opusieron al aborto y votaron en contra aún sabiendo que eso significaba que seguirían muriendo personas en la clandestinidad.

En Argentina, la realización de abortos clandestinos es la principal causa de muerte en mujeres gestantes y genera alrededor de 60.000 hospitalizaciones por año. Muchas mujeres son las que abortan pero las que mueren son las trabajadoras, aquellas que no pueden acceder a pagarlo en un hospital y tienen que recurrir a métodos inseguros que ponen en riesgo sus vidas y su libertad, ya que, muchas terminan perseguidas y presas.

En este último tiempo hemos visto aparecer en muchos medios y en el Congreso figuras públicas “pro vida”, término que genera contradicciones, ya que hablan de “defender la vida” mientras siguen sucediéndose miles de muertes de mujeres en clandestinidad. Sus argumentos cada vez más insuficientes, sin objetividad, cargados de moral, no discuten ni tienen en cuenta las consecuencias que genera el aborto realizado en clandestinidad.

El debate, además, se da en medio de la crisis económica que atraviesa el gobierno: la vuelta del FMI, paritarias que cierran a la baja con respecto a la inflación minimizando el poder de compra de los trabajadores, tarifas que no paran de aumentar como las del transporte y otras que se vuelven impagables como los servicios del hogar. Esta es la realidad a la que son expuestas miles de mujeres trabajadoras.

Quienes nos hablan de la “maternidad” como una virtud, no denuncian que en el marco de despidos en el país, las embarazadas son rechazadas de sus puestos de trabajo o no los pueden conseguir solo por el hecho de ser futuras madres, lo que implicaría licencias y faltas por enfermedad de sus hijos. En la lógica de los capitalistas: “dias de perdida” para sus ganancias.

La Iglesia Católica también cumple un rol fundamental oponiendose al derecho al aborto. En la dictadura se hicieron leyes para financiar a las Iglesias desde el Estado. ¡Ningún gobierno quiso romper esa relación! Le pagan $ 46.800 por mes a los obispos (una barbaridad si lo comparamos con el salario del docente, que es entre $6000 y $14.000), y como si fuera poco también subsidian colegios religiosos. Esas decisiones económicas sin ningún realismo no se pueden entender mas que como una alianza que tenemos que romper.

Hoy en la Argentina no hay Educación Sexual Integral en las escuelas. No es obligatorio y el kirchnerismo le regaló un artículo (el 5) de la ley a la Iglesia: “cada comunidad educativa incluirá en el proceso de elaboración de su proyecto (…) las propuestas a su realidad sociocultural, en el marco del respeto a su ideario institucional y a las convicciones de sus miembros”. Es decir, deja las puertas abiertas a que la iglesia la aplique (o no) como quiera.

¿Qué se tiene que votar? ¿Legalización o despenalización?

Muchas y muchos expositores dieron sus fundamentos en el congreso. Tanto a favor, como en contra del aborto. Pero en unos días llega a la cámara la ley y los diputados tendrán que votar por un solo proyecto. En medio del debate se cuelan además dos posiciones. ¿Legalizar o despenalizar?

De la mano de la despenalización se logrará que el aborto no sea punible, es decir, no recibirá castigo por parte del Estado y la justicia, la persona que se realice un aborto ni las personas involucradas (médicos, parteras, enfermeras). Pero no asegura que se realice en condiciones seguras, impidiendo que más personas sigan muriendo. A diferencia de la legalización, que sí lo cumpliría. Apoyamos el proyecto de legalización de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. Esto implica facilitar el acceso de cualquier persona a realizarlo de manera legal, segura y gratuita. La legalización del aborto es una cuestión de salud pública y de derechos humanos de las personas (tanto de las mujeres como los trans). Y tenemos que conseguirlo para que no haya ni una persona más muerta en clandestinidad. Con la legalización también se despenalizaría. ¡Que no haya más presas ni criminalizadas por decidir sobre su cuerpo!

Se tiene que cumplir de inmediato la Ley de Educación Sexual como también las leyes de salud pública para que todas y todos tengamos acceso a la información y a los métodos de prevención que se deben dar de manera gratuita en escuelas y hospitales. ¡Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir!

A diferencia de lo que repiten los “antiabortistas”, la legalización del aborto no genera más abortos. Médicos y especialistas demuestran y así concluyen que “en los países donde el aborto es legal la cifra de abortos que se hacen no es mayor que la de los países donde es ilegal, es decir, no aumentan por ser legales. La gran diferencia es que en esos países se ha reducido drásticamente la mortalidad materna”

Nunca nos regalaron nada. Por eso, no podemos confiar que quienes nos negaron sistemáticamente este derecho, hoy nos lo van a dar sin más. Nuestros derechos los conquistamos en las calles. Desde Pan y Rosas y la Agrupación En Clave Roja, peleamos dentro del movimiento de mujeres una perspectiva para fortalecer esta pelea.

Somos miles luchando en las calles, en los pañuelazos, pero tenemos la tarea fundamental de mantener esa organización de manera permanente, enraizada también en los lugares de trabajo y estudio. ¡No podemos volver de las marchas desorganizadas!

En esta perspectiva, fue el CEFyL el primer centro de estudiantes en pronunciarse a favor de la legalización y apoyar todas las medidas de lucha en curso. Organizamos asambleas, impulsamos comités por el derecho al aborto desde las cursadas donde se abrieron debates, se hicieron campañas de fotos y repartieron pins con la consigna “estudiantes y docentes por el aborto legal”. ¿Qué pasaría si todos los centros y federaciones estudiantiles siguieran este camino?

Tenemos que ser conscientes que en el movimiento de mujeres no estamos todas por lo mismo. No somos aliadas en esta pelea a las mujeres como Lagarde, hoy directora del FMI, que llegó a “empoderarse” a costa de endeudar millones de jóvenes y niñas de distintos países. Tampoco nos sentimos hermanadas a esas empresarias como las de Pepsico o Kraft que despiden y mandan a reprimir a las trabajadoras. Tenemos que saber identificar a nuestras enemigas y a nuestras aliadas, que son las trabajadoras. Tenemos que unir nuestra fuerza a la clase obrera, siendo dentro de ella la mayoría mujeres.

Nuestra lucha no es por conseguir más derechos, sabemos que no hay manera de reformar este sistema de esa manera. Es utópico creer que podemos hacerlo “con rostro humano”. Como también es irreal pensar que las conquistas que consigamos hoy producto de la lucha se van a mantener para siempre. Ya hemos visto que si no se mantiene una organización permanente, es una puja constante con los capitalistas que intentan avanzar sobre las conquistas de los trabajadores.

Tenemos que terminar con este sistema explotación para poder terminar con la opresión hacia las mujeres y la diversidad sexual. En esa perspectiva, son los trabajadores quienes tienen la fuerza para poder transformar de raíz este mundo por uno donde, a partir de bases materiales iguales, logremos avanzar en eliminar todo tipo de opresión, que sabemos que tiene una raíz milenaria.

Por eso, en este momento, nos unimos con las trabajadoras que vienen enfrentando al macrismo contra los despidos, las suspensiones, por la reapertura de paritarias y contra los tarifazos, como las trabajadoras docentes y las compañeras del subterráneo que fueron brutalmente reprimidas. ¡Tenemos que seguir desarrollando esta unidad que tiene una potencialidad incendiaria!



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