Feminismo y socialismo, patriarcado y capitalismo

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La historia nos ofrece herramientas para analizar y encontrar respuestas, a partir de las cuales podemos tener una visión más clara y estratégica del feminismo

Quien es socialista y no es feminista, carece de amplitud; pero quien es feminista y no es socialista, carece de estrategia” Louise Kneeland, socialista y feminista norteamericana, 1914.

El movimiento de mujeres se expande, con ellas las divisiones internas entre socialistas, radicales, populares y liberales. Intensos debates sobre la participación o no de ciertos sectores de la sociedad, en busca del origen del problema para poder acusar a alguno de ellos. Los hombres encabezan la lista. En medio de todas estas disputas que crecen, la historia nos ofrece herramientas para analizar y encontrar respuestas, a partir de las cuales podemos tener una visión más clara y estratégica del feminismo. Solo si logramos aprender de las mujeres que nos antecedieron, de los logros y las derrotas, podremos hacer de esta 4ta ola feminista, un movimiento triunfante.

Patriarcado

Nombre masculino

1.

Predominio o mayor autoridad del varón en una sociedad o grupo social.

2.

Dignidad de patriarca de la iglesia ortodoxa.

Patriarcado es una forma de organización social en que la autoridad es ejercida por un varón jefe de cada familia, denominado «patriarca».

Pero, ¿podemos establecer un comienzo histórico del patriarcado?

En las sociedades más primitivas el trabajo era comunitario, no existía la división sexual del mismo y les hijes eran criades por toda la comunidad. Sin embargo, en el momento en que la sociedad se asienta y cambian los modos de producción de los alimentos (agricultura), aparece también un exceso, por ende, la acumulación de riquezas, dando lugar a un nuevo orden social.

‘Convertidas todas estas riquezas en propiedad particular de las familias, y aumentadas después rápidamente, asestaron un duro golpe a la sociedad fundada en el matrimonio sindiásmico y en la gens basada en el matriarcado.’ (Friedrich Engels 1820-1895, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado).

La mujer deja de tener un rol privilegiado por su capacidad de gestación, donde la descendencia se definía por linaje materno. Se produce así, la transición del matriarcado al patriarcado. Engels explica este nuevo orden social como una ¨organización de cierto número de individuos, libres y no libres, en una familia sometida al poder paterno del jefe de ésta. En la forma semítica, ese jefe de familia vive en plena poligamia, los esclavos tienen una mujer e hijos, y el objetivo de la organización entera es cuidar del ganado en un área determinada¨.

Y añade Marx: ‘La familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura. Encierra, in miniature, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado’.



‘El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo.'

‘El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo.’

Esto es fundamental porque, desnaturalizar la relación opresora del hombre hacia la mujer, a través del revisionismo histórico, nos permite comprender que las mismas son conductas culturales, en intima relación, por supuesto, con lo político y económico, adoptadas por la sociedad. De este modo, cualquier explicación biologicista de nuestra opresión, queda invalidada. Entre frases excluyentes del feminismo radical como ‘Las mujeres no tienen pene’ (buscando dejar afuera de la lucha a mujeres trans) y ‘Callate varón’, nosotras comprendemos que reducir nuestra opresión y explotación, a la posesión o no de genitales masculinos, no sólo carece de aval histórico y teórico, sino de estrategia, porque, ¿cuál sería entonces la manera de terminar con este orden social? .

Propiedad privada, clases sociales, un sector que se enriquece mientras las mujeres quedan delegadas a un rol de esclavas de casa, aisladas de política, sin acceso a la educación, a un trabajo digno y derechos. Es precisamente en el marco del capitalismo que comienza el feminismo como respuesta a la opresión que el mismo sistema genera. De este modo comprendemos la alianza del capitalismo y el patriarcado. ¿Cómo obtendríamos igualdad de condiciones si mientras un sector de mujeres se empoderan, bajo un feminismo liberal, hay otro que adolece la violencia económica? ¿Cómo podemos pensar entonces, en un feminismo aislado de estas mujeres e ignorar la relación del género y la clase, aceptando reformas y medidas liberales enmascaradas en una sororidad que no nos contempla a todas? Porque no tienen ningún interés en una revolución contra el sistema patriarcal y capitalista. A la vez, desprecian a nuestros compañeros de lucha que llevan también en sus espaldas, el descargo de un modelo económico y una sociedad egoísta, tachándolos de falsos aliados, ¡las mismas mujeres que transan puertas adentro, con la iglesia católica y políticos machistas en contra del aborto legal, seguro y gratuito!

Por supuesto que el sector de feministas populares, las mismas mujeres que defienden la participación de mujeres trans, porque comprenden que no es cuestión biológica, luego se quejan de la participación de hombres. La contradicción es tan obvia que no es necesario explicarla.

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Sin embargo, la cuestión es otra, ¿Cuál es el verdadero objetivo del movimiento? En caso de no adherir a la participación de hombres, por temor a que puedan (y lo hacen) infiltrarse hombres machistas con pañuelo verde, estas personas siguen existiendo, tienen su grupo de amigos, familia etc. Y los seguimos frecuentando en nuestras ciudades. Entonces, volvamos la mirada al problema profundo y no a la expresión del mismo. El problema de raíz es otro y por más que el movimiento sea masivo, necesitamos volverlo combativo. Porque mientras nosotras discutimos de la participación o no de ciertas personas o grupo, la educación sigue sin explicar que ‘no es no’, que no pueden tocarnos sin nuestro consentimiento, por más indignante que suene tener que explicarlo. El Estado y todos los gobiernos que nos antecedieron son cómplices por permitir y perpetuar todas estas condiciones, y es contra ellos que dirigimos nuestra lucha, no solo contra un hombre de manera individual, porque no son casos aislados de la realidad que el sistema genera. Complicidad de todos ellos que ignoran la justicia patriarcal, la falta de ESI, la violencia económica, mientras millones de mujeres gritamos ‘Paren de Matarnos’.

En nuestro país mujeres que defienden el feminismo popular, observan esta situación y nos proponen, confiar en el Estado y en aquellos gobiernos que hablan de ‘pudrir todo’. Rosa Luxemburgo, revolucionaria feminista socialista, en su libro Reforma o Revolución, retomando el pensamiento de Marx, , explicó: ‘El Estado existente es, ante todo, una organización de la clase dominante.’ Es decir, un Estado que favorece los intereses de la minoría burguesa. Por supuesto estas contradicciones son fácilmente reconocibles. Por ejemplo, referentes del kirchnerismo aprovecharon la marea verde para acompañar luchas de la vanguardia captando a un sector, sin embargo, se acercan elecciones y toda la revolución que planteaban se convierte en escasas reformas, o incluso peor, llamando como lo hizo CFK a la unión de pañuelos verdes y celestes, a no presentar la demanda del aborto porque no es estratégico, porque el objetivo es sacar a Macri, porque no hay Ministerio de Salud. No hay plata en el país para todo aquello que no represente sus intereses, porque hay plata para subsidiar empresas que dejan mujeres trabajadoras en las calles. Hay plata para asfaltar todos los años las mismas calles mientras las mujeres que sufren violencia de género y dependen de sus esposos golpeadores y abusadores, no tienen acceso a un refugio que las ampare, antes que sea tarde y veamos en el noticiero un femicidio más.

Mientras tanto, los que pelean por el poder, continúan enriqueciéndose, a la vez que firman acuerdos con el FMI que garantizan mas ajustes y recortes para les trabajadores y que pagaremos nosotres, no los capitalistas.

La idea de ir consiguiendo derechos hasta que ya no exista la opresión del patriarcado sin atacar a este grupo de burgueses y su sistema, es la verdadera utopía. Hablan de violencia patriarcal y se vendan los ojos ante la violencia económica, porque de ella se enriquecen mientras buscan conformarnos con migajas, pero como proclaman les chalecos amarillos en Francia, nosotras feministas socialistas, ‘no queremos más migajas, queremos toda la baguette’. Resulta imposible pensar en un feminismo triunfante que no tenga entre sus prioridades terminar con la explotación capitalista de la mano de la opresión patriarcal. Nos une el género y nos divide la clase social.

Desde Pan y Rosas, apostamos por un movimiento que una las demandas de todes les oprimides de este sistema, la lucha de mujeres trabajadoras, la lucha obrera y la juventud estudiantil, organizándonos contra capitalismo y patriarcado, en una verdadera revolución internacional, desde un partido liderado por nosotres, con las mujeres trabajadoras al frente, contra la burocracia sindical, los políticos que no nos representan y la iglesia católica, decimos basta de opresión en nuestros hogares y explotación en nuestros trabajos. Confiamos en la unión de estos sectores y el poder de les que hacemos mover el mundo, no necesitamos falsas propagandas electorales, porque dar vuelta todo, está en nuestras manos y no en las de ellos.

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