Francisco conocía los abusos de Ilarraz pero se calló la boca

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La condena de 25 años por abusar de siete niños cuando debía educarlos puso a Justo Ilarraz en el centro de la escena. ¿Pero cuándo se condenará a los encubridores?

Ayer fue una jornada histórica en Paraná. Quizás Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel, integrantes del Tribunal de Juicios y Apelaciones de la capital entrerriana, no imaginaron nunca tener que tomar una decisión tan reñida con las tradiciones (en este caso, con la impunidad para los actos aberrantes cometidos en el seno de la Iglesia católica). Pero así fue. Y lo hicieron como lo indica la corrección política, luego de largas audiencias que no dejaron el más mínimo margen para la duda.

Fue tanta la impunidad que se tejió durante décadas alrededor de las decenas de abusos sexuales cometidos por Justo José Ilarraz sobre niños de entre 10 y 14 años que tomaban clases con él en el seminario de Paraná, que ni siquiera la contundencia de las pruebas volcadas en el juicio dieron la seguridad a los sobrevivientes de que iba a haber una condena. Por eso, cuando pasado el mediodía el Tribunal dictó la sentencia, las lágrimas, la emoción y el sentimiento de cierta reparación estallaron tras largo tiempo contenidos.

Fue la propia jueza Vivian quien lo anunció. “El Tribunal, por unanimidad, resolvió”, dijo y todos callaron. “Primero, no hacer lugar a los planteos de vulneración del principio de congruencia y de prescripción de la acción penal formulados por la defensa”. El acusado, mirándola fijamente, apenas se inmutó.

“Segundo, declarar a Justo José Ilarraz autor material y responsable de los delitos de promoción a la corrupción de menores agravado por ser encargado de la educación”, en cinco de los casos tratados, “y abuso deshonesto agravado por ser encargado de la educación”, en los dos casos restantes. El acusado, con la mirada fija en la jueza, apenas movió su papada, como tragando saliva.

“Y por ende condenarlo a la pena de 25 años de prisión de cumplimiento efectivo”, concluyó la jueza. El acusado, sin perderla de vista, movió la cabeza en gesto de negación. Tal vez lo dejó un poco menos molesto el hecho de que los jueces resolvieron que, mientras se espera que la sentencia quede firme (lo que puede implicar un largo tiempo), pasará su detención en su casa “controlado” con una tobillera electrónica monitoreada por el Servicio Penitenciario de Entre Ríos.

Diócesis llena de pedofilia

La sala en la que se llevó adelante el juicio es muy pequeña. Nada casual. ¿Para qué iba a hacerse en una sala más grande si el Tribunal había decretado que las audiencias no fueran públicas? Por eso, cuando los jueces decidieron abrir las puertas para el día de la sentencia no se percataron que muchas personas, incluyendo varios medios de comunicación, quedarían afuera. O sí, y no les importó.

Tan pequeña era la sala que, tras la lectura de la sentencia, mientras Ilarraz salía custodiado por agentes penitenciarios a muy pocos metros Fabián Schunk, uno de los sobrevivientes y querellantes, era abordado por periodistas, cámaras y micrófonos.

“Hemos dejado que la Justicia pueda decir lo suyo y, en función de todo lo que se mostró en el juicio, se hizo justicia. Ya no hay nada más por decir, ¿no?”, fue su primera definición. Y agregó que “después de tantas pesadillas soñaba con este momento”.

Schunk recordó que “en el juicio apareció una octava víctima” de Ilarraz (que obligó a abrir una nueva causa en su contra) y deseó que esta condena aliente a muchos de sus excompañeros que también fueron víctimas a denunciar.

Respecto a la jerarquía eclesiástica, particularmente al Arzobispado de Paraná, Schunk pidió “que aprendan de una vez por todas. Esto no se puede esconder y acá tienen que seguir apareciendo los responsables. Nosotros tuvimos que romper el encubrimiento, la vergüenza y el silencio impuestos”, reflexionó con sus ojos brillosos.

Como era de esperar, a Fabián le preguntaron qué reacción espera del Papa Francisco tras esta condena. “Desde que esto empezó nosotros nos contactamos con Bergoglio pero nunca hemos tenido una respuesta. Yo lo único que espero es el abrazo de mi familia y nada más”, respondió con contundencia. Y agregó que “las altas esferas de la Iglesia de Entre Ríos son responsables” también en esta historia. “No es casual de que en esta diócesis haya tanta pedofilia”, afirmó al tiempo que sugirió que “el Papa debería echar mano a este clero e intervenir esta diócesis”.

“Un claro día de justicia”

La platense Julieta Añazco, referente nacional de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico, estuvo ayer junto a Schunk y el resto de quienes habían ido a buscar una sentencia ejemplar contra Ilarraz. En diálogo con la Izquierda Diario dijo que desde la Red están “muy felices” con esta sentencia.

“Es la primera vez en Argentina que una causa declarada prescripta se reabre, llega a juicio y se condena al acusado. Esto sienta un precedente muy importante para sobrevivientes que tenemos causas prescriptas, nos da un empujón anímico inmenso”, agregó Añazco. Precisamente la causa en la que es querellante contra el cura Héctor Giménez acaba de ser archivada por segunda vez. En 2004 lo había hecho el fiscal Marcelo Romero, amigo de Monseñor Héctor Aguer, y ahora fue el fiscal Marcelo Martini quien dice que la causa prescribió.

“Admiramos la lucha de Fabián, Hernán, Maxi y los demás compañeros que, pese a todas las trabas que le pusieron siguieron adelante”, dice Julieta con orgullo. Y agrega que la Red sabe “que muchas de nuestras causas quizás nunca lleguen a juicio. Por eso estamos felices de que este juicio haya sido favorable para los denunciantes”.

También viajó desde La Plata a Paraná Liliana Rodríguez, psicóloga que asiste desde su creación a varios miembros de la Red de Sobrevivientes. “Ayer fue un día de altísima emoción y nos queda la sensación de que se hizo justicia. Ayer en Paraná fue un claro día de justicia”, relata a este diario.

“Había mucha incertidumbre sobre lo que iba a pasar. Pero la sentencia fue contundente. Ilarraz estuvo todo el tiempo con la misma cara de piedra y frialdad que pudimos ver en Etchecolatz cuando fue condenado”, detalla la profesional, quien también estuvo presente en La Plata cuando se dictaron condenas contra el genocida.

Para Rodríguez “lo importante es el mensaje claro que se dio a una sociedad a la que por ahí le cuesta creer en los testimonios de los sobrevivientes que pasaron por eso y se animan a hablar después de mucho tiempo. No olvidemos esos mitos e ideas creados por la misma Iglesia de que se trata de campañas orquestada por los denunciantes que buscan dinero y demás. Este juicio echó por tierra con todo eso”.

Sobre el significado que tiene una condena como la de ayer, la psicóloga destaca “la reparación” que viven los sobrevivientes. “El Tribunal vio palpablemente las huellas y los daños psicológicos que aún quedan por haber vivido esas situaciones. Los jueces vieron los llantos y cómo se quebraban los testigos cuando relataban las secuelas que les quedaron en sus vidas”, recordó.

Para Rodríguez, “así como aquellas situaciones de abuso marcaron un antes y un después, esta sentencia también marca un antes y un después en las vidas de los sobrevivientes. No porque vayan a olvidarse de lo que vivieron sino porque ahora podrán reforzar o armar proyectos de vida diferentes”.

Desde Mendoza (donde sigue de cerca la causa del Instituto Provolo) Carlos Lombardi también habló con La Izquierda Diario. Para el abogado de la Red de Sobrevivientes y especialista en derecho canónico la jornada de ayer fue “exultante”.

“La pena que le aplicaron a Ilarraz es lo que se esperaba ya que es lo que había pedido la Fiscalía. Se ha hecho justicia. Y eso es lo que espera todo sobreviviente, algo que nunca se ha hecho hacia dentro de la propia Iglesia dado el grado de encubrimiento y complicidad que tienen para con estos tipos”, afirmó Lombardi.

El letrado saludó que con esta condena las víctimas estén felices. “Los profesionales que acompañamos también lo estamos, porque compartimos la misma lucha. Las víctimas deben ser escuchadas y en este caso las víctimas de Ilarraz fueron escuchadas. Esperemos que esta sentencia sirva para que las demás víctimas sigan denunciando y allí estaremos acompañándolos”.

¿No supieron qué hacer o hicieron lo que saben?

Muy pocas horas después de conocerse la sentencia contra Ilarraz, desde el Arzobispado de Paraná emitieron un comunicado plagado de hipocresía. Como si necesitara quitarse de encima una mancha que crece sobre su pulcra sotana, el arzobispo Juan Alberto Puiggari ordenó difundir un texto titulado “Iglesia: compromiso, verdad, justicia y sanación”.

Allí la Curia entrerriana asegura que “en su momento” no supo “encontrar los caminos más adecuados para dar respuestas ajustadas a las necesidades de las víctimas” de Ilarraz, a quien califican como alguien que “incumplió con su vocación y su promesa a Dios”.

Cínicamente Puiggari dice que Ilarraz no solo atentó “contra quienes eran merecedores de su cuidado y protección” sino que vulneró “la confianza de la institución que lo albergaba, la de sus pares y sus superiores, y también la de toda la sociedad”.

Tratando de eludir la más mínima responsabilidad, el texto aclara que si Ilarraz sigue siendo cura no es por culpa del Arzobispado (que astutamente se lo sacó de encima apenas conocidas las primeras denuncias) sino del Vaticano, ya que “la expulsión del estado clerical sólo puede ser impuesta por decisión exclusiva de la Santa Sede”.

Y en una respuesta velada a Fabián Schunk, para quien no es casual que la diócesis de Paraná haya tanta pedofilia, Puiggari destaca “el compromiso por la tarea pastoral y social que desarrollan los sacerdotes y todos los integrantes” de su arquidiócesis. “Los actos cometidos por unos pocos no pueden desacreditar ni desvalorizar la labor” que, según él “abnegadamente”, desarrollan los curas y las monjas bajo su mando.

El texto finaliza con una provocación: “Invitamos a toda la comunidad a encontrar, a través de la reflexión, la oración y la acción solidaria con el prójimo, los caminos de superación de los males que nos aquejan como sociedad, dejando de lado las suspicacias, el encono y el prejuicio, actitudes que dañan el espíritu y alejan a las personas de la verdad”.

Obviamente Puiggari sabe que, para condenar a Ilarraz, el Tribunal tomó en cuenta la declaración de su antecesor Estanislao Karlic, quien siendo arzobispo de Paraná recibió las primera denuncias contra el abusador hace más de veinticinco años.

¿Habrá juicio y castigo alguna vez para Karlic y Puiggari? ¿Declarará alguna vez Jorge Bergoglio todo lo que supo y todo lo que calló sobre este caso y tantos otros?



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