G20: el mundo nos está mirando y nosotros a él

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Con los presidentes de los principales países del mundo en Argentina y un operativo represivo monstruoso para cuidarlos, mañana habrá manifestaciones de repudio a los responsables de la miseria de millones en todo el planeta

En este momento están llegando a la Ciudad de Buenos Aires 28 jefes de Estado para la cumbre del G20. El mismo gobierno que pide a las familias que se ajusten frente a la crisis económica, destinó 3.000 millones de pesos para la organización. La mayor inversión fue para represión. Su objetivo es disciplinar a los jóvenes, mujeres y trabajadores para que no expresen su odio.

Patricia Bullrich quiere cuidar a toda costa a los líderes de las principales potencias mundiales. Necesitan mostrarles que en el país del FMI tienen todo controlado, que Argentina es una colonia obediente. Pero por más circo que hagan, acá no son bienvenidos.

Tenemos en claro de que son “líderes” los miembros del G20: Donald Trump en políticas xenófobas contra los inmigrantes. Michel Temer (quien comandó el golpe en Brasil) lidera la avanzada sobre los derechos democráticos. Emmanuel Macron desde Francia está a la cabeza de la represión contra los que salen a luchar. Vladimir Putin en Rusia lidera en políticas homofóbicas teniendo en su país campos de concentración donde la comunidad LGTBI es golpeada, secuestrada y asesinada. Xi Jinping, no se queda atrás. Lleva de manera orgullosa el premio a los avances en la precarización laboral que todo burgués desea. En China muchas fábricas llegan a estar rodeadas de redes para evitar que los trabajadores se tiren desde las ventanas por las altas tasas de suicidios que hay a causa de los altos ritmos laborales. El príncipe de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, lidera en cifras de femicidios y políticas misóginas hacia las mujeres y niñas de su país. Y no podemos dejar de mencionar a la presidenta de nuestro país, Christine Lagarde, que lidera el endeudamiento a millones de niñas y trabajadoras a lo largo del mundo.

Esta es una cumbre de los responsables de las peores miserias que da el capitalismo: las guerras, el hambre y las migraciones masivas que dan centenares de muertos por mes (de los que no se hablan, ni se recuerdan). Son ellos los encargados de mantener un sistema donde parece normal que ocho hombres posean más riquezas que la mitad más pobre del planeta. Gobiernan para los dueños del mundo, oprimiendo a decenas de países a lo largo y ancho del globo, como el nuestro.

La prensa internacional va a estar trasmitiendo el minuto a minuto. Se está hablando en todos los países del encuentro porque los empresarios, banqueros y financistas internacionales están a la espera del mensaje que tienen para darles. El G20 se reúne para discutir cómo resolver la crisis económica mundial en la que ellos mismos nos metieron. Las formas pueden ser distintas dependiendo de quien hable, pero todos están de acuerdo con que la salida de fondo tiene que ser la misma: quieren que los trabajadores y los jóvenes la paguemos con hambre y muriendo en las guerras.

A ellos los van a estar mirando por TV los ricos, pero a nosotros nos van a estar observando los trabajadores. Ya pasó con la marea verde, que impactó en Latinoamérica y Europa con sus demandas y símbolos de lucha. La respuesta que demos frente a los homofóbicos, xenófobos, derechistas y reaccionarios que van a pisar nuestra tierra puede impactar en otros sectores. ¿Qué ideas vamos a dejar?

Son miles las mujeres que gritaron #EleNao en Brasil, que están pensando cómo enfrentar a Bolsonaro y las políticas de ajuste que ya empezó a llevar adelante Temer, pese a la persecución, agresiones y asesinatos que recibieron por parte de grupos envalentonados por el ultraderechista cuando todavía no había sido electo. En Estados Unidos fueron millones los votantes “antitrump” en estas elecciones de medio término, mostrando un cambio de subjetividad en sectores amplios que se oponen a las políticas del magnate. ¿Podemos darle apoyo a los trabajadores que vienen enfrentando a Macron en Francia? Conmueven las imágenes del Arco del Triunfo en Francia rodeado de barricadas.

No se ve en las noticias, pero los haitianos vienen de protagonizar tres días de huelga general. Tiraron hace unos meses al ministro que intentó aplicar el ajuste del FMI y ahora exigen la renuncia del propio presidente. En Argentina este fue el año “de la juventud”: salimos millones a las calles por los derechos de las mujeres y la diversidad; tomamos universidades, escuelas y terciarios por la educación pública en todo el país; nos enfrentamos a la policía contra la reforma jubilatoria. Ya se empiezan a mostrar respuestas desde abajo frente a los saqueos y el hambre, como también al intento de avanzada por derecha de los distintos gobiernos. ¿Qué alternativas hay en un mundo convulsionado?

Vamos a volver ¿a la cumbre?

Este último mes, los principales referentes de los llamados “gobiernos pos neoliberales” le dieron guiños a los grupos de poder para mostrarse como una alternativa capitalista responsable de mantener la ley y el orden, para “volver” al Estado.

Axel Kicillof, ex ministro de Economía del gobierno de Cristina Kirchner y actual diputado de Unidad Ciudadana, posó para la famosa revista de negocios “Forbes” para encargarse de que a los empresarios no les queden dudas de sus intenciones. Repitió hasta el hartazgo que ellos no son “anti empresa” y que de ninguna manera “romperían lazos con el FMI”. La clase obrera (que ya empezó a sufrir el ajuste) no es siquiera parte del discurso en las entrevistas. La misma Cristina, en el medio del auge de la marea verde, delineó en el CLACSO qué tipo de construcción hay que poner en pie para enfrentar al neoliberalismo: llamó a hacer alianzas con la propia iglesia que históricamente tuvo un rol de contención de los sectores populares en las crisis. “La unidad de los pañuelos” le dicen.

En Brasil, fue el propio PT con Dilma a la cabeza el que dejó pasar todos los ataques, jugándose a contener y desmovilizar a los trabajadores. Siendo la dirección de la CUT (Central Unica de los Trabajadores) que nuclea a ¡millones de obreros del país!, en ningún momento se llamo al paro, movilización e incluso asambleas para organizarse contra el golpe y los avances antidemocráticos posteriores. Similar es el accionar de los sindicatos que dirige el kirchnerismo en Argentina frente a los ataques de Mauricio Macri. La estrategia de contención de la lucha de clases en Brasil viene acompañada de la alianza en el terreno del parlamento para hacer un “gran frente contra Bolsonaro” con los mismos que fueron impulsores del impeachment a Dilma votando su destitución en nombre de la iglesia y de los militares.

El plan es “volver” para administrar el capitalismo neoliberal en decadencia. “Volver” a las cumbres del G20 con las potencias mundiales como hicieron mientras eran gobierno.

A la derecha hay que enfrentarla. No se puede negociar, darle guiños y mucho menos proponer alianzas con sectores reaccionarios para conformarse con el “mal menor”. Cada paso que les dejen avanzar (con tal de contener la rabia popular para no poner en riesgo al régimen y poder “volver” por vía electoral) es un ataque sobre los trabajadores que no podemos volver para atrás.

Ellos se organizan internacionalmente, nosotros también

Los grandes empresarios de todo el mundo y sus representantes políticos están organizados internacionalmente: en las cumbres, con acuerdos comerciales, planeando rutas financieras y comerciales. Las tensiones entre ellos (como por ejemplo entre Trump y Xi Jinping o Putin) no expresan más que la pelea por liderar la economía mundial. Pero de ninguna manera ponen en riesgo este sistema de explotación y opresión que alimenta su sed por obtener más y más ganancias a costa de las grandes mayorías de la población mundial.

Los trabajadores, los jóvenes y las mujeres hemos dado respuesta a los planes más reaccionarios de sus gobiernos. Pero aún corremos en desventaja con respecto a ellos que se juntan, conspiran y planean como avanzar sobre nosotros. Nos falta nuestra propia organización. En nuestros países, pero también a nivel internacional.

Hoy somos parte de la construcción de la Fracción Trotskista Cuarta Internacional en 11 países de América Latina y Europa: Chile, Bolivia, Uruguay, Argentina, Brasil, México, Perú, Estados Unidos, Francia, España y Alemania. Pero esto todavía no alcanza. En cada país buscamos unir, más allá de las fronteras, a aquellos trabajadores, jóvenes y mujeres asqueados de este sistema, con el objetivo de vencer. La xenofobia es uno de los recursos que más utilizan para separarnos. Nuestra fortaleza (y su debilidad principal) está en la unión de la mayoría de la humanidad.

En Argentina tenemos el desafío de poner en pie un gran partido unificado de la izquierda que sea una alternativa a los partidos de siempre. Con un programa de los trabajadores queremos que esta vez la crisis la paguen los capitalistas. No estamos condenados a repetir la historia una y otra vez.

A los jóvenes y las mujeres del mundo que nos están mirando, les hacemos llegar este llamado a construir una juventud revolucionaria, junto a los trabajadores y oprimidos del mundo. Nuestra generación no le debe nada a este sistema que nos niega hasta los derechos más elementales que venimos reclamando. Hoy no tenemos nada que perder. Al contrario: llegó la hora de vencer.



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