G20: por una juventud antiimperialista

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Nos encontramos a horas de que comience el G20. Las gestiones universitarias en contra de que miles de estudiantes movilicen en su repudio.

Durante semanas el gobierno nacional se encargó de demostrarnos la importancia que tiene el asunto: desde las polémicas declaraciones de Patricia Bullrich hasta el fuerte operativo desplegado, con un gasto millonario que equivale al presupuesto anual de Aerolíneas Argentinas. El encuentro será una “visita” de los líderes imperialistas más hambreadores del mundo, les cuales representan los intereses de la burguesía internacional.

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Los pactos y acuerdos que vienen a traernos son para profundizar el ajuste y la dependencia económica y política de nuestro país a las grandes potencias explotadoras. A lo largo de todo el año se le viene poniendo el cuerpo a las brutales medidas del gobierno, con paros, movilizaciones, marchas y tomas; y hoy también miles saldrán a movilizar contra esta cumbre.

Pero el gobierno no está solo a la hora de descargar su plan. Vaciando movilizaciones como la del presupuesto y conteniendo a las diversas luchas en curso, el peronismo juega un rol fundamental como pilar del ajuste. Con un “discurso opositor” le votan las leyes en ambas cámaras, y en los gremios y centros de estudiantes que dirigen, se encargan de evitar cualquier síntoma de lucha. Es que defienden este régimen de explotación y no quieren que les de abajo tomen confianza en sus propias fuerzas porque, como hicieron durante años, quieren volver a gobernar para los empresarios.

Parte de este régimen son también las gestiones de las universidades (decanos y rectores) que hablan de “defender la educación pública”, pero no accionan sobre la realidad. La institución se configura como parte de un régimen que empuja a la pasividad a les estudiantes, al imponer normativas académicas con un calendario maratónico de exámenes y entregas de trabajos prácticos que buscan limitar cualquier desarrollo combativo: hasta las que se presentan como más progresistas y opositoras al gobierno nos imponen el cursar por sobre los conflictos que suceden o la participación en la movilización de repudio al G20.

Esto es producto de una orientación política de esperar hasta las elecciones del año que viene y, mientras apoyan el presupuesto de miseria para la Universidad, el interés primordial para estas instituciones es la de formar profesionales por fuera de la realidad, inclusive ante un ajuste brutal y hambreador que hace años avanza sobre les trabajadores. No importa si cada vez vemos más laburantes precarizades, si las aulas están cada vez más vacías o si tenemos que pagar dinerales para completar nuestros estudios.

La cuestión subyacente es la complicidad que configuran con el régimen, siendo la educación uno de los grandes aparatos para instalar ideologías que no afecten al sistema capitalista. No solo mediante el acostumbramiento, sino también implantando un sistema meritocrático que controla nuestro tiempo dentro de la facultad y que no contempla las diferentes posibilidades de cada estudiante, tanto económicas como sociales.

Conjunto a otros poderes que influyen sobre las personas, como la policía, las instituciones gubernamentales y la democracia representativa; las universidades completan la imposición de un modelo de ser por medio de perpetuar el régimen y formarse para ser “lo mejor posible” dentro de él. ¿Hasta qué punto podemos llegar cuando el presupuesto 2019 lleva por delante a escuelas, terciarios y universidades?

Para defender la educación pública, detener el ajuste y conquistar soluciones de fondo para les trabajadores, es necesario salir a las calles, unificar las luchas y dejar de especular en las urnas. Les estudiantes somos una inmensa fuerza social para dar estas peleas y por eso es necesario que las federaciones impulsen estas luchas para poner en pie una fuerte juventud antiimperialista.

Pero también pelear por una universidad al servicio de los intereses de las grandes mayorías. Que nuestra formación esté atravesada por el compromiso con la sociedad ¿Qué diferente sería si se formaran arquitectos para saldar la crisis habitacional y no para la especulación inmobiliaria? ¿O si los abogados fueran formados para aportar a las causas populares y no para hacer retroceder las causas como en el caso Maldonado?

El movimiento estudiantil puede ponerse de pie para pelear por esta perspectiva en las instituciones educativas, lo que solo puede ser llevado adelante de la mano de la clase trabajadora y su pelea por un gobierno propio que termine con la dependencia y el pago de la deuda, que se lleva millones de dólares al exterior. En este camino desde el PTS-FIT se viene levantando la propuesta de un Partido Unificado de la izquierdaque pelee por este programa para darle una salida real a la crisis.



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