Gentrificación: ¿Por qué no está chido que pongan un Starbucks en la esquina de tu cuadra?

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No es de extrañar que donde solía existir un taller o negocio familiar, de pronto aparezca una cadena de cafetería trasnacional; que del predio ocupado por una vieja vecindad surjan exclusivos departamentos, o que de pronto una vieja bodega se trasforme en una galería de arte moderno. Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Qué efectos puede tener?

En los últimos años algunos barrios y colonias populares de la Ciudad de México y de otras grandes urbes de todo el mundo han comenzado revalorizarse o estar de “moda”. Ya sea gracias a grandes proyectos de embellecimiento y “rescate” de espacios públicos (parques, plazas, grandes avenidas y monumentos emblemáticos), o porque la ubicación de ciertos barrios se vuelve céntrica respecto de las extensas manchas urbanas en las que vivimos.

Algunos de los casos más conocidos son la peatonalización de la calle de Regina y Madero en el Centro Histórico, que fueron impulsadas con importantes sumas de dinero público, y dieron lugar a nuevos giros comerciales y de servicios. Otro ejemplo son los pueblos del Xoco y Mixcoac, que fueron marcados por la repentina construcción de grandes desarrollos inmobiliarios. Pero también colonias populares como la Tabacalera, la Obrera o la Doctores, [1] que por su conectividad y buena ubicación hoy se presentan como colonias de moda acompañadas de un auge inmobiliario. [2]/]]

Esto pareciera ser de entrada un proceso positivo en la cara de nuestras ciudades, atrayendo mayor inversión, revitalizando espacios públicos en deterioro y densificando zonas centrales de la ciudad, acciones que en teoría deberían ayudar a reducir la expansión urbana. Sin embargo existen muchos otros proyectos de “rescate y recuperación” que se han quedado varados en los laberintos de la política partidista y/o han logrado ser frenados por movimientos vecinales de oposición como el Corredor Cultural Chapultepec, la Renovación de La Merced y la Ciudad de la Salud.

Con ello, los vecinos que se enfrentan al encarecimiento de la vida y el alza en el precio de la vivienda y la renta —que además trae consigo la construcción de torres de departamentos con el respectivo aumento en la congestión vial y una mayor demanda de agua y otros servicios— muestran que se trata de un claro conflicto entre clases. Ya que esta situación tiende a forzar el desplazamiento de la población de menores recursos, cuyo salario e ingresos son insuficientes para el nuevo costo de vida, y es reemplazada por sectores de la población con mayor poder adquisitivo. Este fenómeno es conocido como “Gentrificación” por los estudiosos de lo urbano.

Orígenes y consecuencias de un término

Dicho término es un anglicismo de la palabra “Gentrification”, usada por la socióloga Ruth Glass en 1964 [3] para describir la ocupación de antiguos barrios obreros y zonas industriales desvalorizadas en la zona central de Londres por la clase social “Gentry” la aristócracia terrateniente y la burguesía, por lo que ha intentado traducirse como “aburguesamiento” o “elitización”.

En términos generales la literatura especializada define gentrificación como un “fenómeno económico, cultural, político y social que consiste en la revaloración de barrios centrales deteriorados y habitados por población de bajos ingresos, que una vez rehabilitados se destinan a la residencia de clases medias”. [4] Para algunos, esto parece un ciclo normal en la vida de las grandes urbes, sin embargo, muestra el lado negativo de los procesos económicos y políticos que hoy dirigen la vida de las ciudades en el capitalismo.

Por un lado pone en evidencia el abandono y desentendimiento de las autoridades por dotar de servicios y espacios públicos de calidad a barrios y colonias populares que se van deteriorando, pauperizando y en algunos casos estigmatizando como lugares inseguros. Mientras que, por otro lado al momento de la revalorización, la población que había sufrido de estos entornos, es desplazada muchas veces a las periferias urbanas, ocupando zonas igualmente desatendidas.

Esta situación tiene amplios efectos sociales, uno de ellos es el rompimiento del tejido social formado por años y que servía de apoyo a los miembros de la comunidad para hacer frente a las malas condiciones económicas en que vivían.

También es común la pérdida cultural de costumbres y tradiciones en el caso de pueblos y barrios originarios, puesto que al desaparecer la población originaria que llevaba a cabo estas actividades y valorizaba su significado, se puede llegar a la extinción de estas prácticas, o bien cuando son reapropiadas por los nuevos ocupantes se corre el riesgo de perder su significado original. Muchas veces esta reapropiación se lleva a cabo mediante la comercialización de sus elementos.

Otro de los efectos sociales estudiados, es la confrontación entre residentes originarios y nuevos vecinos, puesto que la población que persiste se ve intimidada económicamente ante el alza de los precios y simbólicamente ante la comparación de su modo de vida con la de los nuevos vecinos, además de percibir los efectos negativos de la densificación. Mientras que los nuevos residentes pueden no llegar a entender las dinámicas locales y sentirse amenazados e inseguros. [5]

Por otra parte se observa el evidente deterioro en la calidad de vida de la población desplazada, que en general tiene que buscar vivienda en zonas periféricas de la ciudad. Esta población se ve obligada a invertir mayor tiempo y dinero en trasladarse al trabajo, la escuela y otros servicios de salud y recreación: al separarse de sus comunidades pierden los apoyos sociales que habían formado, llegando incluso a sufrir en mayor proporción de trastornos mentales como el consumo excesivo de alcohol y drogas, esquizofrenia, desordenes del estado anímico, ansiedad y otros trastornos psicóticos. [6]

Diversos artículos periodísticos e investigaciones académicas han ahondado en los procesos económicos y los efectos sociales de la gentrificación, que ponen en perspectiva el papel de las autoridades, de los inversionistas y los profundos conflictos sociales que genera.

La gentrificación es un proceso que despoja a los sectores más pobres de los beneficios de vivir en una ciudad, como lo son la cercanía y acceso a servicios de transporte, salud, educación, recreación y a lugares de trabajo, a la conservación de lazos comunitarios y la riqueza cultural. Esto sucede porque a pesar de que estos beneficios urbanos son generados por la sociedad en su conjunto, es el mercado inmobiliario quien se apropia de su valor al vender más caras las viviendas con estos beneficios.

En el actual modelo capitalista, estas viviendas serán ocupadas por el mejor postor, es decir, quien pueda pagar más por ellas. La ciudad va dividiéndose en zonas de mayor demanda, donde además el gobierno, en busca de atraer mayor inversión privada, concentrara una mayor inversión pública.

De manera que la vivienda para los trabajadores formales e informales que hacen funcionar a la ciudad y que tienen menores ingresos, se ve excluida de los lugares de mayor valor y solo pueden ocupar los espacios urbanos deteriorados o las periferias de la ciudad. Lugares donde tendrán que gestionar por propia mano durante años la consolidación de los servicios de agua, drenaje, energía, etc. Ocupando parte de sus ingresos propios en su gestión.

La intervención del estado en el mejoramiento urbano de las colonias y barrios populares pudiera parecer un acierto y un acto de redistribución de la riqueza hacia los más pobres. Sin embargo, las intervenciones realizadas en la Ciudad de México como la rehabilitación del Centro Histórico mostraron en realidad una intención distinta. Puesto que, en este caso como en el de muchos otros, el mercado inmobiliario terminó apropiándose de los beneficios del mejoramiento urbano obteniendo enormes ganancias monetarias, mientras que la población originaria tuvo que emigrar hacia lugares más baratos.

En sentido estricto, aun cuando el estado genere mecanismos de regulación, la Gentrificación es un proceso típico del capitalismo en la ciudad, por lo que frenarlo, requiere de políticas que no solo eviten la captura del valor social de las ciudades por los agentes inmobiliarios, sino que además revaloren la vivienda como un derecho acorde a su función en la sociedad y no como moneda de inversión del capital, cambiando la manera en que se usa, disfruta y dispone de la propiedad del suelo urbano.

Sólo eso permitiría a las ciudades girar hacia la priorización de los beneficios sociales y comunitarios sobre las ganancias económicas de unos cuantos. Puesto que a pesar de que en el caso de mexicano existe legalmente la posibilidad del estado de regular en beneficio social el suelo urbano, la practica muestra no solo la inoperatividad de sus instrumentos, sino la corrupción de los mismos en aras de un crecimiento económico que acentúa las desigualdades.

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[1] El artículo publicado en el Universal el 2/12/2017 “Gentrificación: las colonias de CDMX que se “aburguesan”, hace referencia a los cambios en el mercado de suelo de las colonias Doctores, Obrera, Tabacalera y Álamos.

[2] El ‘boom’ de la gentrificación en la CMDX, Ciudadanos en Red, 5 de febrero de 2019 http://ciudadanosenred.com.mx/el-boom-de-la-gentrificacion-en-la-cmdx/amp/

[3] GLASS, R. (1964). London, Aspects of Change. Londres, Macgibbon & Kee

[4] Delgadillo-Polanco, Víctor, Reseña de “Gentrification” de Loreta Lees, Tom Slater y Elvin Wily. Economía, Sociedad y Territorio 2010: [Fecha de consulta: 3 de marzo de 2019] pág. 3. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=11115672010 ISSN 1405-8421

[5] Martínez, A. “Peligro, Proximida y diferencia: Espacio Público y fronteras sociales en el Centro Histórico de la Ciudad de México”, Disputas por la ciudad, espacio social y espacio público en contextos urbanos de Latinoamérica y Europa

[6] “Ciudades Tristes: la gentrificación aumenta casos de ansiedad, depresión y transtormos mentales”, publicado el 1 de enero del 2019 en Ecooesfera, en https://ecoosfera.com/gentrificacion-ansiedad-depresion-estudio-ciudades-tristeza/



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