Golf Club Pilar: donde los pobres mueren ahogados rescatando pelotitas del lago

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Nadie sabe su nombre ni su edad, solo que el pibe murió ahogado buscando pelotas de golf para revender por el precio de un litro de leche. Un espejo brutal del sistema en que vivimos.

Dicen los medios que el pibe llevaba atada a la cintura una bolsa con varias pelotas de golf. Dicen que no sabe cómo murió, pero posiblemente se haya ahogado al entrar al lago a recogerlas. Dicen que no saben si tenía 20 años, o 30, pero que llevaba una remera roja y un pantalón deportivo azul. Dicen que todavía nadie reclamó por él. Dicen que no saben si se arriesgó en el agua contratado por el country, por algún socio, o por su propia iniciativa. Que hay pibes que se escabullen por los alambrados escondidos de los guardias armados para buscar pelotas en la tierra o el agua. Dice Clarín que “es una práctica bastante extendida en la zona, para su posterior reventa”. Dicen los que saben que les pueden sacar 25 y hasta 30 pesos. Lo mismo que un litro de leche.

Quizá mañana o pasado sabremos su edad, su nombre. Si tenía madre o hijos. Cuándo había perdido el laburo o desde cuándo había incurrido en esa “práctica bastante extendida en la zona”. Quizá nunca sabremos si trabajaba por “cuenta propia” o si uno de los parásitos tacaños que habita el exclusivo country le tiraba unos mangos para que le busque las pelotas. Las suyas y las ajenas. Dicen que esa también sería “una práctica bastante extendida en la zona”.

Pero cualquier de esos “destinos” es posibles en la Argentina en que vivimos.

Porque Pilar Golf Club y sus alrededores son un símbolo de esa Argentina. Construido hace más de 25 años por los dueños de colchones Piero, se ha convertido en uno de los countries más lujosos de la Argentina. Hoy mismo se están vendiendo casas por 590 mil dólares, algo así como 22 millones de pesos.

El campo de golf es la envidia de todos los ricachones de la zona. Escuche bien: “el Pilar Golf cuenta con 27 hoyos, agrupados en tres canchas. Tiene amplios fairways, greens generosos y ondulados, abundantes bunkers y espejos de agua”. Aún para los que no sabemos nada de golf suena impactante. Pero además, y esto ya suena maravilloso, “posee un cuidadoso sistema de drenajes asegura la correcta evacuación de las aguas, lo que hace que difícilmente se cierre la cancha por lluvias, aún prolongadas o torrenciales”.

Pero además tiene un club house de 4.800 metros cuadrados, que incluye un pub inglés. En la Planta Alta, por ejemplo, pueden realizarse banquetes de hasta 800 comensales, y coktails de hasta 2000. Está en el gusto del cliente, claro.

De cualquier manera, estos datos pueden parecer mundanos si uno descubre que dentro del Pilar Golf se halla la última joya de la cadena Hilton. El Hilton Pilar Hotel & Residences es uno de los más exclusivos de la Argentina, con habitaciones desde $6200 la noche por persona.

Desde sus ventanales se puede ver el campo de golf y los espejos de agua. Esos donde los pobres pueden aparecer flotando rescatando pelotitas de golf.

También, dicen, desde allí se pueden ver algunas zonas del partido de Pilar. Pero con una ventaja, dicen los habitués: la distancia le evita el disgusto de ver la verdadera ciudad.

Esa Pilar donde el 54,2% de los chicos y chicas son pobres, y el 37,7% depende de los comedores escolares para alimentarse, por eso los fines de semana pasan hambre. Esa Pilar donde el 75% de la población no tiene red de agua potable y el 80 no tiene cloacas. Esa Pilar donde miles y miles viven en barrios y asentamientos donde el 98% de sus habitantes no tiene red de gas y el 55% no tiene energía eléctrica. Barrios que en su mayoría se encuentran, según especialistas, “a menos de 10 metros de un factor de riesgo (costas de ríos o arroyos, vías de trenes o basurales) y 8 de cada 10 barrios se inundan cuando llueve”.

Barrios que viven inundados, como reflejó La Izquierda Diario, a pocos metros del Golf Country “con un cuidadoso sistema de drenajes que asegura la correcta evacuación de las aguas, lo que hace que difícilmente se cierre la cancha por lluvias, aún prolongadas o torrenciales”. En Pilar se te puede ahogar un pibe en la zanja de tu cuadra pero nunca suspender un abierto a 18 hoyos.

Esa Pilar donde miles de jóvenes trabajan en el Parque Industrial “más grande de Sudamérica”, donde reina la precarización, la persecusión sindical y ya arrancaron los despidos. Esa Pilar donde un empleado municipal como César vive con sus hijos en una carpa al lado del Río Luján porque con 13 mil pesos como empleado municipal no hay alquiler que alcance. Aunque su intendente, el macrista Nicolás Ducoté, cobre $220.000 mensuales. Esa Pilar donde el 8 de agosto internaron a Romina Rodríguez por un aborto clandestino, mientras los dinosaurios levantaban la mano contra la salud de la mujeres, y murió 5 días después en el Sanguinetti. Aunque la secretaria de salud Viviana Paz gane $100.000 mensuales. Esa Pilar donde las jóvenes pobres limpian la mugre de los golfistas y sus coquetas señoras, que las desprecian igual que a las que este fin de semana se rebelaron en Nordelta. Son las hermanas de los pibes que construyen las casas, podan los árboles, llevan los palos de golf o se ahogan buscando pelotas con las que nunca jugarán.

¿En serio te sorprende que se mueran pibes buceando pelotas para revender por un litro de leche? ¿En serio te sorprende que se mueran trabajando en Shell, manejando un colectivo o en una papelera como esta semana? Esa es la Buenos Aires de Vidal, de Scioli, de Massa. La Argentina de Macri, antes de Cristina. Es una Argentina irreformable. Si hay algo a lo que vale la pena dedicarle esta vida es a terminar con este sistema miserable.



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