Gonnet: once años después, allanaron la casa parroquial del cura Lorenzo

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En un procedimiento irregular, el Poder Judicial permitió que una víctima de abusos por parte del excapellán penitenciario se enfrentara a su victimario. Fue mientras la Policía Científica registraba la casa en la que en 2008 pasaron los hechos denunciados. A Lorenzo se lo ve y escucha vencido.

Las partes estaban convocadas desde unos días previos. La cita era el martes 24 a las 10 en la parroquia Inmaculada Madre de Dios de Gonnet. El objetivo, una inspección ocular a la casa parroquial, donde actualmente vive el cura Eduardo Lorenzo y donde entre 2007 y 2008 habrían ocurrido muchos de los hechos por los cuales se lo acusa de abuso sexual agravado, corrupción de menores y amenazas.

A las 10 en punto esperaban en la vereda de la parroquia Diego Pérez y sus padrinos Julio Frutos y Adriana Lara. También Dino Bartoli, padre y abogado patrocinante de Julián Bartoli. Diego y Julián son los dos particulares damnificados en la causa. En particular el caso de Diego es el que ocurrió en esas instalaciones. Junto a ellos, un grupo de sobrevivientes de abuso eclesiástico nucleados en Iglesia Sin Abusos.

El secretario de la Fiscalía 1 de La Plata, que conduce Ana Medina (ella no estuvo en el lugar), se hizo presente con una decena de efectivos de la Policía Científica de la Provincia de Buenos Aires.

Cuando el abogado de Eduardo Lorenzo, también parte de la comitiva, tocó el timbre de la casa parroquial (ubicada al lado de la capilla), el cura tardó pocos segundos en abrir la puerta, saludar como si estuviera recibiendo agradables visitas y hacer pasar a todas las personas que lo desearan. Hasta intentó darle la mano a Dino Bártoli, quien se la negó rotundamente.

La intención inicial de la Fiscalía era no permitir participar de la inspección ocular a Diego Pérez, el particular damnificado. Finalmente, tras una consulta telefónica, el secretario de Medina autorizó el ingreso del joven de 28 años.

Vale decir que Diego, enterado de lo que significaba semejante diligencia, se preparó durante días para poder afrontar el reencuentro con las paredes, las piezas, los baños y el resto de las instalaciones donde pasó días y noches de terror. Para lo que no se había preparado era para reencontrarse también con el propio Lorenzo.

Se expone la metodología del Poder Judicial ante estos hechos, donde no hay prioridad para resguardar a las víctimas de abusos. Once años después de los tormentos sufridos por Diego en la iglesia de Gonnet por parte del cura, el joven tuvo que revivir esos recuerdos y estar parado frente a frente a su abusador quien buscaba su mirada constantemente. Fue en el mismo lugar donde transitaba en su adolescencia, la misma casa parroquial. Sin dudas, fue una nueva revictimización de Pérez, quien sin embargo afrontó el hecho con envidiable entereza y decisión de mostrar dónde y cómo le pasó lo que le pasó.

“Es escandaloso que la Fiscalía haya autorizado al cura Lorenzo a confrontarlo con la víctima, después de haberla amenazado por televisión, de haberlo tratado como un mentiroso cuando una víctima está tratando de recuperarse”, sostuvo a este medio el abogado de la querella, Juan Pablo Gallego.

El letrado resaltó que “era Diego el que tenía que reconocer la escena del crimen y aportar detalles a la Fiscalía. Enfrentar a la víctima con su victimario era un acto innecesario, es criminal y es revictimización de la víctima”.

Primero los efectivos policiales sacaron fotos, filmaron y midieron todos los ambientes de la casa parroquial. Luego hicieron lo mismo con la secretaría que conecta con la casa. Y finalmente cruzaron una galería y se encaminaron hacia la iglesia, donde también tomaron mediciones.

El operativo duró alrededor de dos horas, con el silencio y los comentarios en voz baja como telón de fondo. Afuera, los padrinos de Diego Pérez, las mujeres de ISA y estes cronistas no dejaban de prestar atención a todos los movimientos de los efectivos de la DDI de La Plata.

Por el carácter mismo del operativo (una mera inspección ocular) no hubo preguntas ni para el causador ni para el acusado. Los abogados de las partes apenas hicieron comentarios o sugerencias de registro. Y Lorenzo pudo seguir paso a paso todo lo que hacían en su casa, incluso oficiando de portero.

Concluida la inspección, Lorenzo “acompañó” a los presentes hasta la salida y quedó detrás de la reja que da al deck que conduce a su casa. Allí quienes escriben esta nota tuvieron la oportunidad de preguntarle algunas cosas a Lorenzo.

Con ojos vidriosos y venosos, con los hombros caídos y pidiendo disculpas por no poder hablar mucho, Lorenzo dijo que esta diligencia le parecía “bien, porque acá hay que buscar la verdad”. También confirmó que no la está pasando nada bien, que no se entera mucho de la causa (salvo lo que le informan sus abogados) y que seguramente, “cuando termine todo esto”, pedirá una licencia ante la jerarquía eclesiástica y se irá de Gonnet.

“Espero que tanto Fronza como Mario digan la verdad, lo que saben”, exigió Lorenzo. Se refiera a Javier Fronza, el representante canónico del Arzobispado de La Plata a cargo de una investigación interna sobre las denuncias contra el cura. Y Mario es un sacerdote que compartió labores con él en Gonnet en aquella época, que ya declaró en 2008 tanto canónica como judicialmente y que está dispuesto a ampliar con detalles sobre las conductas de Lorenzo.

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El Padre Mario daría testimonio en sede judicial en estos días. Fronza ya fue citado a brindar declaración testimonial para el viernes 11 de octubre.

Antes de volver a meterse en su casa, Lorenzo dijo a este medio que está recibiendo “mucho, mucho apoyo” de parte de la comunidad de la parroquia (“la gente sigue viniendo a misa”), de la Curia platense y el resto de los curas de la diócesis y de personal del Servicio Penitenciario Bonaerense (“hay gente que conozco desde hace muchos años, de cuando eran cadetes”).

Sin embargo, aclara que sabe que “no todos piensan lo mismo” respecto a su inocencia. “Lo que quiero es que la jueza haga lo que tiene que hacer y que cuanto antes se termine esto, demostrando la verdad”, insiste. La “verdad”, claro está, sería que le dieran la razón a él y no a la veintena de personas que, como víctimas, testigos o familiares, lo acusan con coherencia y sin fisuras.

Sobre el final del intercambio de preguntas y respuestas con estas cronistas, Eduardo Lorenzo tiene los ojos aún más vidriosos y venosos que al principio. Y los hombros un poco más caídos.

Tal vez una de las pocas cosas que dice y que nadie dudaría en creerle, es que se quiere ir de ahí, más temprano que tarde.

Lorenzo quiere dejar de ser el centro de atención de una sociedad que observa con asco cómo siguen apareciendo víctimas mientras él da misa libremente, sigue en contacto con menores y es sostenido (material, espiritual y jurídicamente) por el Arzobispado de La Plata a cargo de Víctor “Tucho” Fernández. ¿Podrá?

Una coproducción de Pulso Noticias y La Izquierda Diario

Fotos La Izquierda Diario | Pulso Noticias



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