Impunidad para policías acusados de abuso y torturas a mujer feriante

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Ayer se conoció la brutal denuncia contra 7 policías bonaerenses del distrito de Lomas de Zamora por abusos y torturas a una trabajadora de la feria de Olimpo que se negó a pagar una coima.

Con lágrimas en los ojos Liliana Herrera de 45 años, de Ingeniero Budge, relata un aberrante caso en televisión.

Denuncia que en el año 2016 fue atacada por siete policías que la llevaron a la comisaría de Ingeniero Budge en Lomas de Zamora luego de que ella se negara a pagarles una coima para trabajar en un puesto en la feria de Olimpo. Si bien uno de los acusados -el subcomisario Eliazar Beckman- está procesado, fue absuelto por el delito de abuso sexual en una causa repleta de irregularidades.

Ingeniero Budge es una localidad donde viven miles de trabajadores, muchísimos de ellos migrantes de países limítrofes y donde reina la pobreza estructural. Sus actividades oscilan entre el trabajo en la industria textil, la construcción y miles que viven de las ferias. Pegado al Riachuelo, las casas sin cloacas, escuelas sin gas, hospitales sin insumos, trabajos precarios y policías impunes son moneda corriente.

Hace unos meses que la gobernadora María Eugenia Vidal viene publicitando la “lucha contra el narcotráfico” en un video donde se ve a efectivos de la Policía Bonaerense allanando una precaria vivienda. Pero no se puede tapar el sol con las manos. Esta pretendida lavada de cara de una de las instituciones más corruptas del país no alcanza para tapar el gatillo fácil, el sistema de coimas y el delito organizado por la misma policía. Como bien denuncia Liliana cuando dice que la querían obligar, en base a torturas, a que “trabaje” para ellos pidiendo coimas a los feriantes, esta situación se repite con miles de jóvenes obligados a robar para la policía, que cuando se niegan pueden encontrar la muerte como fue el caso de Luciano Arruga. La policía de la zona ya fue denunciada por estar implicada en la trata de personas y por regentear prostíbulos en los que había menores de edad.

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Ser mujer y trabajadora

Luego de la denuncia de Thelma Fardín contra Juan Darthés brotaron las denuncias de miles de mujeres por abusos y acosos, colapsando la línea 144. También generó que se hable en todos los lugares de trabajo sobre el acoso y el abuso laboral que sufrimos millones de mujeres trabajadoras en las líneas de producción, en las oficinas, en los establecimientos públicos, algo que los medios de comunicación no mencionan y que los sindicatos ignoran. Empiezan a brotar también las voces de las más oprimidas, que son las que sufren sin duda los peores vejámenes.

Este caso pone en evidencia una vez más que las instituciones del Estado como la policía y la justicia son patriarcales y de clase. Por eso absolvieron a los policías que atacaron a Liliana Herrera y tienen impunidad para continuar amenazando a ella y a su familia. Esa misma policía es la que recientemente vio ampliarse su “derecho” a utilizar armas de fuego en todo ámbito y a disparar por la espalda sin dar la voz de alto siquiera contra quienes suponen sospechosos.

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Cuando se habla de prostíbulos, narcotráfico, trata de personas y los grandes delitos organizados, no se tiene la sospecha, sino que se sabe a ciencia cierta que la policía es parte activa de los mismos. La denuncia de Liliana muestra eso una vez más.

Como dice la intelectual Rita Segato, el machismo y la violencia machista no son problemas de índole moral (aunque sin duda es cuestionable la moral que se construye en esta sociedad) sino político. Se trata de quién ejerce poder sobre quién, de la opresión.

Hoy existe un movimiento de cientos de miles en todo el mundo por los derechos de las mujeres, que en nuestro país tiene una expresión muy notoria entre las jóvenes. En Argentina se animan a hablar desde las actrices hasta las trabajadoras feriantes de Olimpo, que denuncian los agravios sufridos, asqueadas de esta sociedad.

También hay ejemplos como el de las trabajadoras como las de Siam en la localidad de Avellaneda, que se enfrentaron a los supervisores por denunciar acosos, que exigieron acceder a categorías mejores pagas y reservadas a los varones. Fueron despedidas junto a sus compañeros varones y reprimidas brutalmente por la Policía Bonaerense, junto a vecinas y vecinos del barrio El Fortín que las apoyan. Siguen de pie, lograron reincorporar a siete personas y están luchando para que no quede ni uno afuera.

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Las mujeres que pelean en sus lugares de trabajo mientras sus sindicatos miran para otro lado, las pibas llenas de glitter que coparon Congreso mientras el Senado mostró (una vez más) que este Estado no tiene nada que darle a las mujeres, las trabajadoras precarias, contratadas, las más pobres, las desocupadas, muestran una fuerza con un potencial imparable si pelean codo a codo con el resto de los explotados y oprimidos.

Porque en la cuando las mujeres se sienten saqueadas de esta sociedad pueden ser el motor para que la fuerza de este movimiento vaya por todo, por una sociedad sin opresión ni explotación.

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