Joven neuquina irá a juicio por defenderse de sus agresores

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Se trata de Micaela Albornoz, de apenas 21 años, quien pasó su vida institucionalizada. Padeció violencias de todo tipo. Hoy es criminalizada y juzgada por haberse defendido de sus agresores. Organizaciones feministas exigen su absolución.

El pasado 16 de octubre la jueza Ana Malvido dio lugar al pedido del fiscal Maximiliano Breide Obeid y elevarán a juicio a la joven Micaela Albornoz acusada de abuso y tenencia de arma de fuego.

El fiscal entiende que no es relevante el contexto de violencia que sufría la joven. Afirmó que no hay un contexto de violencia de género porque ninguno de los agresores era su pareja o ex pareja y solicita elevar la causa a juicio con un tribunal colegiado y con una expectativa de pena no excarcelable.

La defensa de la joven plantea que es una causa donde los prejuicios de clase y género son descargados contra una mujer que se defendió de sus agresores.

“La joven ha sido institucionalizada y criminalizada desde hace muchos años, estando desamparada por las instituciones”, afirmó Celina Fernández, abogada de Micaela en el programa radial “Enredando Las Mañanas” de la Red Nacional de Medios Alternativos. Informó que “desde la fiscalía insisten en que no hay una situación de violencia de género, por lo cual no es un contexto de legítima defensa, que es lo que planteamos nosotras”.

Una vida marcada por una larga cadena de violencias

Micaela es una piba del oeste, del barrio Gran Neuquén, uno de los más populosos de la ciudad. Allí vivía con su madre. Durante su infancia pasó por hogares de tránsito, familias sustitutas, internaciones por adicciones, situación de calle, intentos de abuso sexual. En su adolescencia fue asistida por la línea 148 para víctimas de violencia de machista.

A los quince años tuvo a su pequeño hijo, que hoy tiene cinco años. Durante este periodo logró recuperarse de las adicciones en el servicio de Salud mental del hospital Castro Rendón. Actualmente está finalizando la primaria.

Micaela cuenta que al salir del grupo de consumo, sus agresores comienzan a hostigarla, la amenazan de muerte, le apedrean la casa, la apuntan con armas como cuchillos y pistolas, dejándole incluso varias lesiones en el cuerpo.

El hecho más grave de este hostigamiento que sufrió Micaela por parte de estos hombres, mucho mayores que ella, es cuando incendian su casa con su mamá e hijo en el interior.

Ante las amenazas permanentes a su madre, la joven busca a sus agresores para pedirles que ya no las molesten. Los tres hombres intentan agredirla físicamente, en la propia casa de su madre. Micaela se defiende, saca un revolver y los agresores escapan corriendo. Micaela nunca disparó el arma. Cuando llega la policía, la detenida es ella. Los análisis de residuos de disparo de arma de fuego dieron negativo. Micaela jamás disparó.

#LibertadAMicaela

Una causa plagada de contradicciones, irregularidades y sesgada por una mirada machista, donde el mismo fiscal insiste en que no se trata de violencia de género porque ninguno de los agresores es o fue pareja de Micaela. No nos extraña que esta justicia de clase pretenda disciplinar a las mujeres pobres.

Micaela sólo se defendió de sus agresores y quieren condenarla a una pena mayor a tres años por ello.

Bajo las consignas “Autodefensa no es delito” y “Libertad a Micaela”, diversas organizaciones feministas reclaman el inmediato sobreseimiento de Micaela.



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