Juan Manzur: el peronista que gobierna la capital de la violencia contra las mujeres

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El gobernador de Tucumán y ex ministro de Salud del kirchnerismo es uno de los principales lobistas de la iglesia católica y el aborto clandestino.

La noticia de que Lucía, la niña de 11 años violada y embarazada en Tucumán, fue sometida a una cesárea, forzando una maternidad no deseada, comenzó a circular en la madrugada de este miércoles. Cursaba 23 semanas de embarazo y, desde enero, se encontraba a la espera de que el gobierno provincial y las instituciones estatales garantizaran su derecho a la interrupción legal del embarazo (ILE).

El hecho, que fue repudiado en distintas instancias por el movimiento de mujeres, volvió a poner en escena al gobernador de la provincia, el peronista Juan Manzur, quien fue ministro de Salud del kirchnerismo, bajo el mandato de Cristina Fernández, y es también un confeso militante en las filas del Opus Dei.

Tucumán, la provincia de Marita Verón, de Paulina Lebbos, de la joven Belén. La provincia donde los sectores más reaccionarios del oficialismo y de todos los bloques (el PJ, Cambiemos, y los bussistas de Fuerza Republicana), quisieron prohibir con un proyecto de ley provincial la interrupción legal del embarazo, que reconoce el Código Penal desde 1921.

El intento fracasó ante la movilización de las mujeres en todo el país. Ahora intentan llevar a la práctica, caso por caso, lo que esta legislatura autoproclamada “pro vida” no pudo hacer votar. Detrás de estas maniobras se encuentra el gobernador Manzur, un hombre del Opus Dei que intenta convertir a la provincia en una trinchera de los antiderechos contra el movimiento de mujeres.

Los comienzos de Manzur

Manzur nació en Tucumán, en cuya universidad se graduó como médico y poco después se trasladó a Buenos Aires para ingresar como residente en el hospital Alvarez. Su carrera política comenzó en San Luis con los hermanos Rodríguez Saá y continuó en La Matanza con Alberto Balestrini. En ese distrito, estar al frente de la Secretaría de Salud le abrió las puertas de acceso al gobierno kirchnerista. En 2003 fue nombrado ministro de salud de Tucumán por el encubridor del crimen de Paulina Lebbos, José Alperovich.

El gobernador más millonario, de la provincia más pobre

Tucumán es una de las provincias más pobres, la mitad de su población aun no accede a la red de gas ni agua potable y el déficit habitacional sigue afectando a decenas de miles de familias. Sin embargo, su gobernador, en su declaración jurada de 2015, cuando todavía era Ministro de Salud de la Nación, (sub) declaró una fortuna personal de 34,1 millones de pesos. Una fortuna que acumuló mientras se desempeñaba en diversos cargos públicos.

Se dice defensor de la vida, pero miente sobre la mortalidad infantil

Manzur es un enemigo confeso del derecho al aborto legal, seguro y gratuito, y defensor de los millonarios aportes económicos que el Estado nacional realiza a la Iglesia Católica.

Pero además con enorme cinismo fraguó estadísticas respecto a la mortalidad infantil en su provincia y lo mismo hizo cuando fue ministro de Salud de la Nación, bajo el gobierno de Cristina Kirchner.

La metodología diseñada por Manzur, consistió en modificar la nomenclatura a partir de la cual los establecimientos sanitarios designan a un bebé como “nacido vivo” o víctima de “muerte fetal”. Lo que hizo el doctor Manzur, tal como señala Martín Caparrós en El hambre, fue mandar a anotar como “defunciones fetales” a los bebés más comprometidos —menos de un kilo al nacer— que morían en las primeras horas. Según todas las reglas internacionales, esos chicos deben ser considerados “nacidos vivos” y, por lo tanto, si mueren, son parte de la mortalidad infantil. Excepto en Tucumán.

De esta forma, en pocos años, la tasa de mortalidad infantil pasó de 25 por mil a 15 por mil en Tucumán, en una reducción casi imposible de alcanzar en los seis años que se desempeñó como ministro de Salud, de acuerdo -también- con los parámetros internacionales de tratamiento y evolución de este tipo de problemática social.

Al llegar al Ministerio de Salud de la Nación, en 2009, Manzur replicó ese “plan” de medición en la estadística en todo el país. El resultado fue un drástico descenso de la tasa de mortalidad infantil. El detalle no es menor, ya que el indicador sirve para planificar políticas sociales y medir el grado de avance o retroceso social.

La lucha por el aborto legal, seguro y gratuito es una necesidad urgente

Tucumán se ha hecho nacionalmente conocida por ser la capital de la violencia contra las mujeres. Casos como el femicidio de Paulina Lebbos, encubierto durante más de 13 años por el gobierno de Alperovich; la desaparición de Marita Verón, víctima de la impunidad de las redes de trata durante el mismo gobierno; el caso Belén, presa durante más de tres años por ingresar a un hospital con un aborto espontáneo, el asesinato de Ayelen Gomez, una joven trans asesinada por la policía, o ahora el de Lucía, la niña sometida a una maternidad forzada, son solo algunos de los casos más resonantes. El factor común en todos los casos es el mismo: a violencia institucional que se ejerce desde el propio Estado contra las mujeres.

El régimen político tucumano es tan misógino que en el artículo 40° de su Constitución Provincial (2006), establece la “protección de la maternidad, favoreciendo la participación laboral de la madre sin que afecte tareas propias del hogar”. Es decir que ya desde su Constitución establece las tareas del hogar como primera jerarquía para las mujeres.

Derechos tan fundamentales como la Educación Sexual Integral (ESI), o la Ley de salud sexual y procreación responsable, todavía son negados en las tierras de Manzur, quien en su campaña en contra el derecho al aborto no dudó en poner todos los recursos del Estado para movilizar, incluso a las escuelas secundarias, a un acto organizado por la Iglesia y en el que confluyeron peronistas, radicales, y bussistas.

Para las mujeres no hay “mal menor”: peronistas, radicales y bussistas, cierran filas contra nuestros derechos más elementales. Solo el Frente de Izquierda plantea en su programa, y viene peleando en forma consecuente por la separación de la Iglesia y el Estado; por el derecho al aborto y la Educación Sexual Integral.

Pero en nuestra provincia también crece imparable la marea verde en las escuelas, facultades, y en los lugares de trabajo. Fue gracias a la movilización que conquistamos la libertad para Belén. Si ellos quieren hacer de esta provincia una trinchera de los antiderechos, el movimiento de mujeres también cava su trinchera para dar una pelea sin cuartel contra este régimen misógino.

Desde la agrupación de mujeres Pan Y Rosas llamamos a la más amplia organización en todos los lugares de estudio y de trabajo, y a ganar masivamente las calles este 8 de marzo, para exigir la renuncia de la Ministra de Salud Rossana Chahla, y el Secretario Médico, Gustavo Vigliocco, por el derecho al aborto, y por la separación total de la Iglesia y el Estado.



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