La crisis no es para todos: mientras crece la pobreza, los bancos amasan ganancias millonarias

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El gobierno garantiza los mecanismos y los dólares para que bancos y especuladores sigan haciendo negocios con la crisis. Mientras tanto, son millones las personas bajo la línea de pobreza y la indigencia.

Este jueves por la noche una imagen graficaba las consecuencias brutales de la crisis. Una enorme fila de personas en los comedores se disponía a esperar un plato de comida en distintos barrios del centro de Buenos Aires.

Mientras tanto, un puñado de empresarios amigos y socios del gobierno continúan embolsando millonarias ganancias.

Durante el año pasado, mientras los salarios eran (y siguen siendo) pulverizados por la devaluación e inflación, las ganancias del sistema financiero alcanzaron $ 172.106,2 millones, un 121,5 % superior al resultado de 2017 y mayores a la devaluación del 100 %. Los bancos privados ganaron en pesos y también en dólares.

Bicicleta financiera, fuga de capitales, devaluación, diferencial de tasas, mayor endeudamiento de las familias. Cada aspecto de la crisis económica que afecta gravemente a las condiciones de vida de las mayorías es una ventana de oportunidad que los bancos aprovechan para hacer negocios.

El pedido desesperado del Banco Central para que sigan apostando a la bicicleta

Pero al gobierno sólo le preocupa ocultar semejante despropósito de ganancias financieras millonarias mientras un tercio de la población está por debajo de la línea de pobreza. Días atrás, el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, le había pedido a los Bancos en una reunión de ADEBA (Asociación de Bancos Argentinos) que “oculten sus ganancias”, según hizo trascender el periodista Marcelo Bonellli.

En enero de este año el propio Informe sobre Bancos que elabora el Banco Central mostró que con la timba financiera de las Leliq (Letras de Liquidez) los bancos obtuvieron ganancias del 37,6 % sobre su patrimonio neto.

También Sandleris les sugirió en aquella oportunidad que colaboren con el plan de ajuste impulsado en conjunto con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Les solicitó que acompañen al gobierno con el enfriamiento monetario de la economía (sacar pesos de circulación) subiendo la tasa de plazos fijos.

Esto es, para los ahorristas que dejan sus depósitos en plazos fijos y no se pasen a dólares, impulsar a que los bancos les ofrezcan una tasa más elevada. El objetivo principal del gobierno es contener lo más posible la dolarización y la devaluación hasta octubre, el mes de los comicios generales.

Pero los bancos no iban a ceder a este pedido “gratis”, puesto que su negocio allí consiste en obtener un diferencial entre la tasa de interés a la que prestan y a la que captan depósitos. Mientras la primera en muchos casos está superando el 70 % (con un costo financiero total del 100 %), la tasa de los plazos fijos estaba alrededor del 44 %.

De manera que el gobierno siguió dándole eneficios al sector financiero y este jueves el Banco Central elevó de 65 % a 100 % el monto de depósitos que pueden tener en Leliq, para ver si con el “bolsillo” logran convencer a los banqueros de elevar la tasa de los depósitos a plazo fijo. La lógica es que los bancos pueden elevar sus apuestas en las Leliq (cuya tasa de interés ya supera el 68 %) y entonces tienen más “margen” para elevar la tasa de depósitos.

En cualquier caso, si algo de eso ocurre, los bancos seguirán embolsando una enorme rentabilidad con la deuda del Banco Central mientras la economía es empujada cada vez más a la recesión.

Adónde van los dólares del FMI

El desembolso de U$S 9.600 millones que enviará el FMI en los primeros días de abril tendrán un destino paradójico: irán a las manos de los especuladores con el dólar, garantizando la fuga de capitales. Ni siquiera se destinarán al ya débil “programa financiero” de pago de la deuda pública, como prometió el gobierno a las patronales y a los especuladores de la deuda.

El único objetivo, nuevamente, es evitar una mayor depreciación del peso antes de las elecciones.

El FMI autorizó al ministerio de Hacienda a subastar U$S 60 millones diarios (una herramienta muy débil para contener cualquier corrida) a partir del 15 de abril. Serán simplemente un cambio de manos: nada de eso quedará en la economía.

La economía bajo el mando del FMI favorece la rentabilidad de los bancos y garantiza los dólares para la “plata fácil” para unos pocos, mientras empeoran los índices de pobreza y desocupación con el plan de ajuste del falso “déficit cero”.

En enero la fuga de capitales llegó a un récord de casi U$S 2.000 millones. En toda la era Macri ya supera los U$S 60.000 millones.

Terminar con el saqueo de los bancos: una banca estatal única bajo gestión de los trabajadores

El sistema financiero argentino está hiperconcentrado. Hoy los 10 bancos privados más grandes, de los cuales 6 son extranjeros, concentran el 45 % de los depósitos del sistema financiero.

La fuerte dolarización de activos por parte de la gran burguesía alcanza niveles que superan ampliamente los promedios de otros países, incluso dependientes y atrasados. La Argentina es uno de los países donde circulan más dólares físicos fuera de los Estados Unidos según un informe de la Reserva Federal, con un stock de dólares de alrededor de U$S 50 mil millones.

La gran banca privada es una de las principales responsables de la fuga de capitales, de la especulación financiera, del hundimiento del crédito, del corralito en el 2001. Una medida elemental para evitar que el país se siga hundiendo bajo este esquema del saqueo es garantizar que toda la masa dineraria no sea administrada en función del grupo de esos grandes empresarios sino de las necesidades sociales.

Una banca estatal única sería una herramienta poderosa para terminar con la fuga de capitales y la especulación con la bicicleta financiera, así como para lograr crédito barato para la vivienda popular o para el pequeño comerciante ahogado por la crisis.

También permitiría evitar la confiscación a los pequeños ahorristas, como hizo al principio de su gestión Carlos Menem o la Alianza con el “corralito”.

En la crisis de fines de 2001, mientras se quedaban con los recursos de los pequeños ahorristas gracias al “corralito” y al “corralón”, la banca privada extranjera favoreció la fuga de capitales. La banca privada extranjera concretó el 75 % de los montos transferidos al exterior durante el año 2001. Los tres bancos extranjeros más activos fueron el HSBC, Citibank y Río. La cúpula empresarial explica casi la mitad de los fondos fugados.

Romper el acuerdo con el FMI es sólo el primer paso de un conjunto de medidas de emergencia impuesto por los trabajadores para terminar con el saqueo del capital financiero internacional y evitar el nuevo golpe que quiere imponer el conjunto de la burguesía sobre el pueblo trabajador.

Una banca estatal única es parte de un programa integral necesario para comenzar a dar vuelta todo, y que los que paguen la crisis sean quienes realmente la están generando.

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Ilustración: Enfoque Rojo



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