La economía en el abismo

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En junio la actividad económica cayó 6,7 % respecto de igual mes de 2017. De los 15 sectores económicos relevados por Indec, 10 muestran fuerte caída.

El hundimiento económico se viene produciendo de manera acelerada. La actividad económica, que en marzo mantenía todavía un registro positivo respecto de igual mes del año 2017, cayó en junio por tercer mes consecutivo, y ya se ubica nuevamente cerca de los niveles más bajos que alcanzó durante el gobierno de Macri.

El desplome de junio fue de 6,7 % respecto del nivel de un año atrás. Se trata de la mayor caída registrada en el gobierno de Macri, y hay que remontarse a casi 10 años a trás para encontrar la más cercana en el tiempo que la supere: fue en julio de 2009, en plena crisis internacional,, cuando la economía cayó 6,8 % interanual.

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De los 15 sectores económicos que releva el Indec, sólo hay 6 que en junio no mostraron números negativos: minas y canteras (crece 4,9 %), intermediación financiera (4,6 %), electricidad gas y agua (4,3 %), actividad inmobiliaria (2,3 %) servicios sociales y de salud (1,7 %) y enseñanza (0,8 %).

Entre los sectores con números rojos, sobresalen Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, que cae 31 %, pesca (-16 %), comercio mayorista, minorista y reparaciones (-8,4 %), industria manufacturera (-7,5 %) y transporte y comunicaciones (-6,1 %).

Una caída sin piso a la vista

Con el dato informado por el Indec para junio, que superó al 5,2% de retroceso de mayo, la actividad económica se acerca, en términos desestacionalizados, al nivel más bajo registrado en el gobierno de Macri, registrado en septiembre y octubre de 2016.

No hay motivos para esperar que en los próximos meses la economía no sume nuevos récords negativos. En primer lugar, porque la economía sigue atravesada por el torbellino de la corrida cambiaria. Esta semana fue la incertidumbre en Brasil lo que motorizó el alza del dólar, que ayer al cierre estaba en $ 30,92. Las semanas previas había sido el sacudón en Turquía lo que sacó al dólar de la modorra, así como la presión que metió el Banco Central (BCRA) en el mercado de cambios reduciendo su stock de Lebac. A pesar de la formidable devaluación producida al calor de la corrida (el tipo de cambio subió 75% respecto del nivel que tenía en diciembre del año pasado), los especuladores siguen apostando al alza del dólar.

A esto se suma, en segundo lugar, el efecto recesivo de las medidas con las que el gobierno busca estabilizar al dólar. Entre ellas las más severas son la suba de la tasa de interés de referencia, que el lunes de la semana pasada el BCRA fijó en 45 % anual al menos hasta octubre y la suba de los encajes, que también la semana pasada se elevaron a 31 %, actúa en el mismo sentido hacia el encarecimiento del crédito. Son dos medidas tomadas para atraer a los especuladores hacia los activos en pesos y reducir el volumen de liquidez, para contener la fuga al dólar. El precio es destroza cualquier posibilidad recuperación del crédito, que en junio cayó 1,6 % en términos reales, de acuerdo al BCRA. La falta de financiamiento ahoga aún más la producción.

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En tercer lugar, por el lado de medidas que contribuirán a mantener y agravar la depresión de la actividad económica que el Indec seguirá mostrando también en los próximos meses, tenemos que anotar también el refuerzo del torniquete fiscal, que el gobierno profundiza para mostrar al FMI, y a los acreedores, que podrá cumplir con las duras metas de ajuste fiscal comprometidas. En julio, el gasto primario aumentó 19,1 % en términos nominales, lo que significa una caída de 9,2 % en términos reales, descontando el efecto de la inflación.

Pero este recorte está distribuido de manera muy dispar: los desembolsos de capital realizados por el Estado, léase la obra pública, tuvo una formidable caída nominal: 19,2%. Estamos hablando de una disminución superior a 30 % en términos reales. Eso pega de lleno en la actividad económica.

En los próximos meses, se hará sentir el impacto de la reducción del 66% en los reintegros a las exportaciones, y, en las provincias, la eliminación del Fondo Federal Solidario, que coparticipaba a provincias y municipios el 30 % de lo recaudado con las retenciones de soja. Para lo que resta del año, esto representa $ 8.500 millones, y $ 26.500 millones en 2019.

¿Servirá la alquimia financiera para salvar los PPP?

Para completar este sombrío panorama, falta tener en cuenta otra novedad de agosto, que conspira contra la gran apuesta del gobierno para contrarrestar al menos en parte el desplome de la actividad. Sí, estamos hablando de los cuadernos de Centeno, cuyas revelaciones, aunque políticamente redituables para Macri, dañan severamente las perspectivas de los proyectos de Participación Público Privada (PPP). Estas iniciativas están comprometidas porque los bancos recortaron el financiamiento a las firmas potencialmente salpicadas por su mención en los papeles del ex chofer de Baratta.

Macri encomendó a Luis Caputo, el titular del BCRA, y Guillermo Dietrich, el ministro de Transporte, el desarrollo de una ingeniería financiera, basada en fideicomisos, para blindar el financiamiento de las obras. Está por verse si eso bastará para calmar las prevenciones de los bancos.

Por lo pronto, contradiciendo lo que afirmaba hasta el viernes de la semana pasada, el gobierno empezó a suspender obras de empresas mencionadas vinculadas a la causa. La primera en frenarse es el Gasoducto del NEA, que uniría Bolivia con la provincia de Santa Fe a lo largo de 1.500 kilómetros. Podría haber más novedades de proyectos parados.

Esperando el milagro

En comparación con 2016, cuando las medidas tomadas por el gobierno de Macri durante sus primeros meses para “sincerar” la economía llevaron a una fuerte recesión, en esta ocasión el gobierno tiene menos margen para hacer promesas sobre un futuro de recuperación.

Apenas por el lado del “agro”, si el clima esta vez ayuda, el gobierno puede esperar algunas señales positivas. En las estimaciones más optimistas, esto podría sumar USD 11 mil millones, es decir el equivalente a 2 % del PBI. Imposible que esto sirva como de paracaídas ante la magnitud del retroceso que viene registrando la actividad. Los pronósticos de Vaca Muerta, y el alivio que trae el dólar caro para algunos sectores sometidos a la competencia de las importaciones, tampoco parecen suficientes.

A diferencia de 2016, cuando el gobierno apostó al “segundo semestre”, y apenas consiguió en 2017 un módico crecimiento que puso la economía a fin de ese año en igual nivel que cuando Macri había asumido, hoy no cuenta con la benevolencia de los “mercados”. Por el contrario la turbulencia cambiaria iniciada en abril tiene como raíz la decisión de los acreedores de dejar de financiar con ingreso de capitales y el negocio de la deuda el fuerte déficit de cuenta corriente. La economía argentina acumula un desequilibrio externo que en 2017 llegó nada menos que al 5 % del PBI. Es decir que el país genera, con sus exportaciones, menos dólares de los que le demandan las importaciones, las remesas de utilidades que hacen las firmas extranjeras, los pagos de servicios de deuda y la fuga de capitales.

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Esta fragilidad, que en un contexto internacional que desde comienzos de año viene mostrando algunos signos de mayores dificultades para las economías más vulnerables, dio lugar a un viento de frente contra la economía, puso a la Argentina nuevamente bajo tutela del Fondo Monetario Internacional. Pero aún con este apoyo, y sin acceso a los mercados de crédito internacionales, los acreedores siguen desconfiando de la capacidad del gobierno para conseguir los dólares que le faltan en 2019. Contando que el tesoro pueda utilizar los desembolsos del organismo para pagar deuda, y dependiendo de la capacidad que tenga el Tesoro de refinanciar deuda que vence en 2019, hoy le faltaría a Dujovne, para cumplir los compromisos, alrededor de USD 8.000 millones, y otros $ 280.000 millones en pesos. Como no esta claro si el gobierno podrá hacerse de estos fondos, los acreedores continúan desprendiéndose de los papeles argentinos. Por estos motivos,sumados al ritmo desenfrenado de endeudamiento desde 2016 que saturó los mercados de títulos de deuda argentinos, el gobierno no tendrá ningún apoyo de la afluencia de capitales para compensar el invierno económico. La ilusión de algunos economistas partidarios del ajuste alimentan, de que mostrando disciplina fiscal el gobierno pueda lograr la reapertura del grifo del financiamiento, resulta una quimera como la que alimentó Cambiemos con la “lluvia de inversiones”.

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Como se confirma con cada dato que se conoce de la economía, con el programa que está implementando Macri para contentar a los acreedores y al FMI, lo peor para los trabajadores y los sectores populares sigue estando por venir.



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