"La educación destruye mitos": 15M y 30M han sido manifestaciones históricas en Brasil

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Nueva manifestación realizada el 30 de Mayo en contra los recortes para la educación tiene amplia adhesión en Brasil. En este contexto crece la defensa de las ideas de Paulo Freire. Estudiantes y clase trabajadora se organizan rumbo al paro general programado para el 14 de junio.

“El mito llegó”, decían los electores de Bolsonaro durante su campaña. En menos de 6 meses de gobierno, el presidente ha probado la capacidad mítica de cometer errores políticos a diario. Tras una sucesión de recortes presupuestarios en la educación, estudiantes y profesores organizaron en acciones que representaron las mayores protestas en un principio de mandato democrático y las primeras grandes acciones masivas en contra del gobierno de Bolsonaro. “La educación destruye mitos”, decían muchos de los carteles en las manifestaciones. El mito llegó y queremos que se vaya. Todo depende, ahora, de la fuerza de la movilización popular.

La secuencia de los ataques a la educación

A fines de abril el ministro de Educación Abraham Weintraub anunció un recorte del 30% en el presupuesto de tres universidades federales: la de Bahia (UFBA), la Fluminense (UFF) y la de Brasília (UNB). El justificativo fue que estas instituciones no habían presentado los resultados académicos esperados y que los estudiantes se la pasaban haciendo “balbúrdia”, es decir, generando desorden. El argumento del bajo desempeño de las instituciones es insostenible, pues todas están entre las principales del país y entre las mejores de América Latina según rankings internacionales. En las redes, estudiantes y profesores se manifestaron contando sobre sus investigaciones y defendiendo la educación, la ciencia y el conocimiento.

Un día después el gobierno anunció que el recorte se extendería a todas las universidades e institutos federales. En respuesta se organizó para el 15 de mayo un Paro Nacional de la Educación que contó con manifestaciones en más de 200 ciudades brasileras, reuniendo más de un millón de personas. Se articularon la Unión Nacional de Estudiantes (UNE), la Unión Brasilera de Estudiantes Secundaristas (Ubes), la Asociación Nacional de Estudiantes de Posgrado (ANPG), la Confederación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y otras. Las manifestaciones fueron pacíficas y en ellas pudieron verse muchas caras: caras de mujeres, caras negras e indígenas, caras que han logrado acceder a la educación superior pública gracias a las políticas de inclusión y permanencia de los gobiernos anteriores.

En el mismo 15 de mayo, mientras la gente se manifestaba, el presidente editó un decreto que regula el poder ejecutivo en las universidades federales, es decir, quita el derecho de los rectores a elegir su equipo; en otras palabras, ataca fuertemente la autonomía universitaria. En este día, también, se convocó nuevo paro y manifestaciones para el 30 de mayo. Nuevamente la movilización ha sido multitudinaria, incomparable a los insignificantes actos en favor del gobierno que se hicieron el domingo (26) y tuvieron poquísima adhesión. En algunas ciudades del país la Marcha de la Marihuana realizada el día anterior, el sábado (25) logró reunir más personas.

Vale destacar que a fines de abril un hecho, que no es económico sino ideológico, desenmascara el carácter de las medidas anunciadas: la diputada Caroline de Toni (del PSL, mismo partido de Bolsonaro), protocoliza un proyecto de ley que propone quitar a Paulo Freire el título de patrono de la educación brasilera. Según esta diputada, es inaceptable que tengamos como patrono a un ideólogo marxista.

La disputa ideológica

La manifestación más grande del 15M, la de São Paulo, fue encabezada por una bandera gigante que decía simplemente “Paulo Freire”. Uno de los educadores más estudiados del mundo, Freire aplicó un método que ha logrado la alfabetización de millares de campesinos. Sistematizó su propuesta de alfabetización de adultos en el Servicio de Extensión Cultural de la Universidad de Recife (estado de Pernambuco, nordeste de Brasil), y la aplicó durante el año de 1963 en el municipio de Angicos (estado de Río Grande del Norte, también en el nordeste). A fines del ‘63 elaboró el Plan Nacional de Alfabetización (PNA), que inició en Río de Janeiro a principios del ‘64 pero fue interrumpido con el golpe cívico-militar en 31 de marzo del mismo año.

Freire fue exiliado en Chile, donde escribió y publicó, en 1968, la Pedagogía del Oprimido. Recién en 1974 se autoriza la publicación del libro en Brasil. Más que un método de alfabetización, su obra es una propuesta de acción cultural para la superación de la condición de oprimido, es decir, la liberación. Se encuentra intrínseca en el método la concientización del sujeto por sí mismo, que pueda liberarse y decir su palabra, ser testigo de su historia. Para Freire, existir es juzgar el mundo y desarrollar una conciencia que se hace responsable de la historia. “Existir, humanamente, es pronunciar el mundo, es transformarlo”, defiende en su obra. Propone una lucha en contra la dominación de la conciencia, lucha que está atravesada por el diagnóstico del capitalismo como sistema a ser combatido a través de la praxis, de la acción y reflexión sobre el mundo para transformarlo. Considerando que se trata de una tarea radical de transformación y politización, entendemos por qué el presidente y el ministro de la educación quieren aniquilar la figura y las ideas de Freire: la liberación de la conciencia de los oprimidos claramente no converge con su perfil militar-conservador.

El proyecto burgués y el desafío de las próximas acciones colectivas en Brasil

Darcy Ribeiro, antropólogo y político, otro importante defensor de la educación en Brasil, afirmó en 1977 que “la crisis de la educación no es una crisis, es un proyecto”. Bolsonaro viene ejecutando tal proyecto con competencia pues el conocimiento es claramente el enemigo más grande de su gobierno: en varias ocasiones ha dicho que quiere que los jóvenes se interesen menos por política, que quiere combatir el “marxismo cultural” enseñado en las universidades brasileras y que va a “descentrar” los gastos con carreras de sociología y filosofía para priorizar carreras que “generan retorno inmediato al contribuyente y que mejoran la sociedad”.

El proyecto es servir nada más a los intereses de quienes mandan en el país: la burguesía y el capital financiero. Los recortes en educación, además de representar un combate a los sectores críticos de la sociedad, debilitan instituciones públicas para abrirle campo a la iniciativa privada. No es coincidencia que las acciones de las empresas privadas de educación dispararon después de los anuncios de recorte del Ministerio.

Recortar presupuestos para la manutención de las universidades no afecta solamente a estudiantes y profesores, sino también a los trabajadores. El ataque a la educación es en realidad un ataque a toda la población brasilera. Y hay otro ataque que la une en contra del gobierno: la reforma jubilatoria. Actualmente lo que existe en Brasil es un sistema de reparto, en el cual se transfieren ingresos de quienes todavía trabajan para los que ya no trabajan. El sistema de capitalización que propone la reforma no tiene un fondo social, sino de cuentas individuales. Los intereses son, una vez más, los de la burguesía y el mercado financiero.

La articulación de ambas luchas, entre organizaciones, movimientos sociales y sindicatos, permite el esbozo de un fuerte escenario combativo en Brasil. Se trata de un gobierno que en muy poco tiempo ha perdido mucha aprobación, por lo cual un paro general en menos de 6 meses debilitaría aún más su poder. No nos olvidemos de que el problema no es Bolsonaro, es dónde y cómo sus ideas están enraizadas. El combate a la polarización ideológica a través de experiencias que rompen con la tendencia de individualización es parte de la lucha por un proyecto alternativo de sociedad. El 30M se mostró exitoso en relación a la unión de las luchas referentes a la educación y a la reforma jubilatoria. La unidad de las acciones se muestra importante y el desafío hasta el paro del 14 de junio es buscar articulación entre organizaciones, centrales sindicales y movimientos sociales para fortalecer el movimiento y desgastar cada vez más el gobierno.

(*) Ana Carolina Luz es Licenciada en Comunicación Social y Maestranda en Estudios Latinoamericanos (Becaria de la Secretaria de Investigación, Internacionales y Posgrado de la UNCuyo)



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