La ESI en la educación superior, la intemperie en la que la deja el Estado

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La apertura del debate en el Congreso Nacional por el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo (IVE), ha instalado en la agenda pública no sólo la debate acerca del aborto legal, sino que se empieza a hablar más de la educación sexual integral. Cuya ley cumple 12 años de sanción. Presentamos aquí un análisis del relevamiento sobre el estado de implementación de la ley, realizado por el gobierno de la Córdoba.

En 2006 fue sancionada la ley 26150 que exige enseñar educación sexual integral en todos los niveles del sistema educativo, al día de hoy hay evidentes obstáculos para su efectiva implementación.

Entre ellos, la injerencia de la iglesia en la educación, la falta de capacitación, las políticas estatales que se orientan a la desinversión y desfinanciación de los programas nacionales y provinciales para su implementación.

Un espacio importante para que la perspectiva de género y de derechos, esté presente en las escuelas de nivel inicial, primario y secundario es el de la formación de educadoras y educadores en los institutos de formación superior no universitaria.

El último relevamiento alrededor del estado de situación de la implementación de la ESI en las instituciones educativas de nivel superior, es del año 2016 y muestra la insuficiencia de su aplicación.

Respuestas pobres y forzadas

En Córdoba, sobre un total de 214 instituciones se relevaron 32, tan sólo un 15 % de la totalidad. A pesar de la pobre respuesta de los institutos educativos, el informe concluye que “crecen la cantidad de acciones sobre ESI, tanto de forma sistemática como esporádicas”, algo un poco forzado.

Asimismo, el trabajo muestra que la ESI tiene un mayor lugar en la curricula de los institutos de gestión pública que en las de gestión privada. Esto podemos relacionarlo con la influencia de la ideología religiosa que puede haber en esos institutos de formación.

Si nos detenemos en la currícula, el 53 % de la ESI se da a través de seminarios específicos, que se encuentran generalmente en el 4° año de cursado de las carreras de formación para educación inicial, primaria y secundaria, por lo refleja la no transversalidad en la planificación del contenido. El 12 % de su aplicación se encuentra a partir de lo que se define como proyecto institucional, y sólo un 22 % a través de unidades curriculares.

Graciela Morgade, una de las pedagogas que elaboró los lineamientos curriculares de la E.S.I y decana de la facultad de Filosofía y Humanidades de la UBA, define que el problema se encuentra en ser una política descentralizada, donde las provincias pueden aplicar el programa, pero muchas veces no. Las capacitaciones comenzaron en el 2009, luego de tres años de que sea ley, y en los 6 años que se aplicó bajo el gobierno kirchenerista se hizo con éstas deficiencias.

Otra causa, aunque no se expresa en este relevamiento, es el desfinanciamiento de los programas nacionales de Educación Sexual Integral. Durante el 2016, en el primer año del gobierno macrista, la inversión al programa se redujo con respecto al año anterior en un 55,38 % y hacia el 2017 se redujo el 22,5 %.

La organización de derechos humanos (ODH), que realizó el año pasado un pedido de informe al ministerio de Educación de la Nación, además denuncia que el equipo actual del programa de ESI cuenta con sólo 17 trabajadores, una planta reducida si se tiene en cuenta que son los encargados en la implementación de los contenidos curriculares en todo el país.

Los “facilitadores” y los “obstaculizadores”: ¿quienes impulsan la ESI?

El dato que traza el informe es que en solo un 16 % de instituciones, el 81% al 100% de la docencia de nivel superior, se involucra en la implementación de la ESI. La conclusión que establece es que la mayoría de los docentes que se involucran lo hacen por formar parte del espacio curricular de ESI, o docentes que dictan los seminarios de la temática. Lo que también refleja que la enseñanza de ESI se limita a la unidad curricular específica.

Un aspecto a destacar es que un 56 % de la implementación está relacionado con la demanda directa de los estudiantes o por la “iniciativa personal” del docente.

Son datos que se incorporan a una reflexión que esboza el propio relevamiento: una de las mayores “presiones” para que exista la ESI en los espacios de formación son los debates que se encuentran afuera de las aulas, el movimiento de mujeres y las marchas por #NiUnaMenos, el debate sobre la violencia machista y los distintos tipos de violencia. Estos temas que ganaron las calles hace que haya una mayor presión para que sean abordados.

Como lo plantea la legisladora por el PTS/FIT Laura Vilches, en una nota sobre ESI y docencia, “pensar los obstáculos que tenemos que enfrentar para la efectiva aplicación de la ESI, significa tener en cuenta también quiénes las llevan adelante. La docencia precarizada, con bajos salarios, con extensas jornadas laborales, que exceden las aulas, que limitan el tiempo que se puede dedicar para la capacitación con perspectiva de género.”

Otro obstáculo no menor es la relevancia, en un 60 %, que cobran los prejuicios en torno a temas que se abordarán en la ESI. Establece que hay una resistencia persistente por parte de las instituciones religiosas a la incorporación de distintas temáticas esenciales que tratan sobre los derechos sexuales y reproductivos en las propuestas educativas.

El desconocimiento de la ESI es otro de los obstáculos vinculado a la falta de capacitaciones que se ponen al servicio de brindar una formación conceptual. El gobierno de la provincia se jacta de haber capacitado a través de jornadas de formación que “alcanzaron el 100 %” de las unidades educativas, pero los números que ellos mismos presentan, dejan ver los enormes límites de su política.

La ESI en la propuesta curricular

La Educación Sexual Integral se incorpora como un Seminario específico en el 4to año del plan de estudios de los Profesorados de Nivel inicial, Primario y Especial, Educación Física, Educación Artística, Educación Tecnológica, Inglés y Ciencias Sagradas. Los diseños curriculares de los profesorados que preparan a los estudiantes para desempeñarse en el nivel secundario como por ejemplo Profesorado de Biología, Matemática, Historia, Geografía, etc., incorporan contenidos de ESI al interior de la unidad curricular “Sujetos de la Educación”, ubicándola en 2do o 3er año del plan de estudios.

La temática “violencia de género” se posiciona como el ítem de mayor relevancia, con un 87%. La explicación se encuentra en las calles, en la agenda pública, en los altos índices de femicidios, y en las masivas marchas de #NiUnaMenos. Esta temática se distancia del abordaje sobre “los estereotipos de género” que ronda en un 70 %. Con respecto al conjunto de ítems que presenta una relevancia elevada, se priorizan los aspectos vinculares de la sexualidad tales como “vínculos saludables”, “sexualidad responsable”, “sexualidad y amor” y “expresión de afectos”. En menor medida, las instituciones seleccionan temáticas que remiten a la dimensión de la salud reproductiva y a la prevención de los riesgos asociados al ejercicio genital de la sexualidad tales como “prevención de ITS”, “prevención de embarazos” y “aparato reproductor”. Incorporar estas temáticas en la enseñanza de la educación sexual que incorpore es indispensable para evitar embarazos no deseados.

En la Argentina, cada tres horas una niña de entre 10 y 14 años es madre, son 8 niñas por día y 2787 al año. La mayoría de ellas accede al sistema de salud al momento del parto, deja la escuela, vive en hogares con necesidades básicas insatisfechas, y su embarazo es producto de un abuso o una violación por parte de un hombre de su familia o cercanía.

Si bien el análisis que se realiza en el relevamiento establece que aparecen con un porcentaje inferior al 50% los temas vinculados a “valores religiosos y espirituales” y “abstinencia y fidelidad”, no es un dato sin importancia y están particularmente relacionados al tipo de gestión de las instituciones.

Por un lado, la temática que alude a los valores religiosos en las escuelas de gestión privada asciende a 56% mientras que en las de gestión estatal apenas alcanza un 33%. Por otro lado, el ítem “abstinencia y fidelidad” alcanza un 43% en las escuelas de gestión privada y un 20% en las de gestión estatal.

La moralidad que sigue pesando en nuestras escuelas y nuestros cuerpos

Con respecto al enfoque con el cual se trata la educación sexual, la integralidad se encuentra en el abordaje de 4 ejes conceptuales: cuidado del cuerpo y la salud, diversidad sexual, perspectiva de género, derechos y afectividad. El relevamiento no puede ocultar que hoy en día a 12 años de la implementación de la ESI, el enfoque privilegiado en los contenidos son los valores morales y religioso-espirituales, se presentan con un porcentaje similar de un 44 % y 41 %, mientras que el enfoque que prioriza los aspectos biológicos de la sexualidad no estaría siendo seleccionado por ninguna de las instituciones relevadas.

Este panorama pone en evidencia la coexistencia del enfoque integral propuesto por la política pública con la perspectiva moralista y religiosa.

La propuesta de un abordaje integral asume la necesidad de que los formadores de niñas y niños y adolescentes se encuentren preparados para cambiar el paradigma heteronormado de la sexualidad y la vida. A decir esto Valeria Flores, docente, feminista y autora de “Afectos, pedagogías, infancias y heteronormatividad, reflexiones sobre el daño”, explica cuál es el daño que implica tener la heterosexualidad como régimen político de regulación corporal, que moldea nuestras vidas, nuestros cuerpos, nuestros afectos y nuestras prácticas pedagógicas. y en ese sentido como la pedagogía informal o institucionalizada de la heterosexualidad produce cuerpos dañados de niñas y niños al promover y legitimar modos normativos de la experiencia de género, la que es administrada por la ley binaria de la masculinidad y la feminidad que impone modelos hegemónicos de identidad sexual y de género.

Para que La educación sexual integral en las escuelas se aplique efectivamente se la debe priorizar como política educativa destinando el presupuesto necesario para formación docente y materiales. Para ello es imprescindibles que los jóvenes, los futuros formadores y los docentes no dejen de organizarse y exigir .



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