La “neutralidad” de la CGT desoye al movimiento de mujeres

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La CGT luego que dejara trascender que se negaría a afrontar los costos que requiera la intervención voluntaria de embarazo en sus obras sociales, en caso de que se apruebe la ley, retrocedió parcialmente y, en un comunicado público, aseguró que acataría lo que resuelva el Congreso Nacional. La burocracia sindical contra el mandato de las calles.

“No aclares, que oscurece” dice la expresión popular y eso viene haciendo la CGT desde hace varios días alrededor de sus dichos sobre la aprobación del derecho al aborto libre, seguro y gratuito que se debate en el Senado.

Primero, fue la noticia que las obras sociales no podrían afrontar los costos de aprobarse la ley. Los dirigentes cegetistas esgrimieron como primer táctica este argumento, no para reclamar al Estado que provea los fondos necesarios para cumplimentar con la ley en todo el sistema de salud, sino para anticipar que no se harían cargo de los mismos. Ante el repudio que no tardó en llegar desde algunos lugares, rápidamente la central recalculó y quiso aclarar en un comunicado que “hasta el momento y tampoco en el futuro manifestará una posición institucional”; una supuesta “neutralidad” que confirmaba lo previo: otra vez la CGT desoyendo el mandato de las calles y las miles de mujeres movilizadas por conquistar un derecho. Finalmente, en el Clarín del domingo la secretaria de Igualdad de Oportunidades y Género de la central hizo un último intento por salvar las papas y evitar el pañuelazo al que convocan frente a la CGT el martes para repudiar los dichos. Para ella se trataría de una simple confusión, ya que la CGT ahora estaría a favor. Sin embargo habla de la “total despenalización” cuando el proyecto plantea la legalización, ¿una trampa? Lo confuso es entonces el resultado de todo esto: un posicionamiento público “neutral” (léase en contra) y un posicionamiento privado a favor.

No hay que equivocarse, estas idas y vueltas son una especie de retroceso táctico, que se engloba dentro de una presión política más general para evitar que se termine de sancionar el aborto. Es funcional a la estrategia de la Iglesia Católica que presiona a gobernadores y senadores para que voten en contra de la implementación de este derecho para las mujeres. El último 11 de junio, dos días antes de la media sanción favorable a la ley, Hugo Moyano (Camioneros), Héctor Daer (Sanidad y triunviro de la CGT), Antonio Caló (metalúrgicos) y Julio Piumato (judiciales) firmaron “Peronistas por la vida”, quienes hacían suyo el llamado del papa Francisco a luchar contra “contra la cultura del descarte”. Al margen, resulta tristemente ocurrente que un documento firmado por representantes de una burocracia cuyo ADN se puede rastrear entre los matones y sicarios de las bandas de la ultraderecha en los ’70, se pronuncie por la “vida”. Pero más allá de la ironía de la historia, en el documento los referentes cegetistas suscriben la idea de “la defensa de la persona humana y su derecho fundamental a la vida a partir de la concepción hasta su término, constituye el fundamento de la convivencia humana y de la comunidad política”.

La neutralidad pregonada por la central sindical no es tal, se ubica contra el mandato de la calle, del movimiento de mujeres, que sacando la conclusión que la masividad conquistó los votos para la media sanción, piden que las centrales y los sindicatos convoquen un paro general para el 8 de agosto que garantice mayor masividad en las calles, e impedir que en el Senado nos birlen la victoria obtenida el 13 de junio. Nuevamente la burocracia oficia dividiendo a los trabajadores y trabajadoras, como representante de los intereses más oscurantistas, que tiene su avanzada en la Iglesia Católica, sobre el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos.

Repudios y silencios

Obviamente, el repudio no tardó en expresarse por parte de compañeras referentes sindicales antiburocráticas, afiliadas a diversas centrales y sindicatos, que son parte del movimiento de mujeres que lucha en las calles. Mujeres que dan batallas políticas hacia sus direcciones burocráticas y organizan a compañeras y compañeros en sus lugares de trabajo, mediante comisiones de género, desde donde luchan para que el aborto sea ley y para que el conjunto de sus demandas sean parte de los reclamos en el gremio.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto (CNDA) convoca a un pañuelazo en la CGT para acompañar el pedido de explicaciones a los popes de la central. Llama poderosamente la atención el silencio de las y los que integran los consejos directivos y sus secretarías de género de la CTA’s –que integran la CNDA-, de la CFT, como así también de los gremios que las componen, donde varias referentes participan del movimiento actual. ¿Será que sus acuerdos estratégicos entre aparatos burocráticos pesan más al momento de repudiar el freno que significa la declaración de la CGT? ¿Prefieren salvaguardar alianzas con la CGT a aliarse con las miles de mujeres trabajadoras que quieren expresar su voz y movilizarse? El paro es una poderosa herramienta que tenemos las mujeres trabajadoras con nuestros compañeros para poder salir masivamente a las calles por nuestros derechos que las centrales obreras y sindicatos no pueden ignorar.

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Garantes de la división de la clase trabajadora

La CGT oficia como la voz representativa “formal” y burocrática del movimiento obrero, donde las mujeres representan el 44.5 % de la fuerza de trabajo, mientras sólo 18% ocupan puestos directivos en los sindicatos.

La burocracia sindical representa apenas un 37 % de la clase trabajadora formal, dejando librados a su suerte a las trabajadoras y trabajadores precarios, a los desocupados, a las amas de casa, a los trabajadores inmigrantes. Una fuerza de casi 30 millones de personas, desorganizados mayoritariamente por los dirigentes sindicales, librados a su suerte y a la más despótica explotación patronal.

Este desprecio de los dirigentes cegetistas por las demandas del movimiento de mujeres se inscribe en su función como factor de división entre las y los trabajadores, y para lo cual además necesita profundizar la opresión mediante valores patriarcales y oscurantistas.

En este gran debate nacional que moviliza a millones en las calles que implica nada menos que las mujeres tengan el derecho a decidir cuándo ser madres o no serlo sin morir en el intento, no es del agrado de los garantes del capitalismo que necesita mantener a las mujeres obedientes del rol reproductor que mandata el patriarcado.

El comunicado cegetista no fue el resultado de ninguna consulta, asamblea o plenario con la voz de las mujeres trabajadoras. Las direcciones burocráticas son conscientes del peligro que representa para sus privilegios un movimiento de cientos de miles de mujeres trabajadoras y jóvenes, que la fuerza de la “marea verde” trasbase sus diques de contención. Perciben que si esa fuerza social se uniera con la resistencia de los trabajadores al ajuste, sus cómodos sillones se verían amenazados y podrían perder sus privilegios millonarios.

Su rol opositor a este gran movimiento se condice con su tregua con el gobierno nacional y sus medidas de contención. Ante el gran saqueo que están perpetuando contra la clase trabajadora, esta “revolución de las hijas” puede dar para mucho más. No solo para la importante pelea por conquistar el derecho al aborto sino por ponerse a la cabeza de la lucha contra el ajuste, desconociendo la deuda y evitando una mayor explotación y opresión de la vida de millones. Es en esta perspectiva que se organizan Pan y Rosas, el PTS y sus distintas agrupaciones.



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