La utopía kichnerista de un “final feliz” sin romper con el FMI

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El acuerdo con el Fondo implica un duro camino por delante para los trabajadores y sectores populares. Una economía con escasas posibilidades de recuperación implicarán condiciones más rígidas. Saqueo en curso y un nuevo desenlace de terror.

Argentina transitará un camino tortuoso en los próximos años sin ver la luz al final túnel. Incluso el posible candidato Roberto Lavagna, el ex ministro de Economía aseguró “hay FMI por cinco años más, por el pago de intereses”.

Axel Kicillof, ex ministro de Economía, dio una serie de entrevistas en los medios donde buscó mostrarse como una opción responsable y propuso una renegociación con el FMI que “se podría hacer desde una posición de fuerza”, como respondió en La Política Online.

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Pero ¿es posible renegociar con el Fondo desde una posición de fuerza?, ¿se puede evitar una nueva debacle para las mayorías populares? Veamos.

¿Renegociar con el Fondo?

Lamentablemente para los trabajadores en Grecia se demostró que es inviable lograr un acuerdo benévolo. Syriza, una coalición de centroizquierda que se presentaba con un discurso claramente antineoliberal, realizó un referéndum donde el 61,31 % votó por el NO al ajuste que expresó el hartazgo de los trabajadores y la juventud con las políticas de austeridad. Hubo más de 50 huelgas generales y movilizaciones masivas. Una gran demostración de fuerza que Tsipras no utilizó, traicionó y capituló sin condiciones.

Su estrategia fue apelar a la buena voluntad de los verdugos y esperaba que con concesiones obtendría su buena voluntad; a la vez desalentó la movilización de las masas para rechazar el ajuste. Le costó caro a los trabajadores y al pueblo de Grecia las políticas de Syriza.

El Fondo y la troika impusieron un ajuste draconiano. La economía griega atravesó una recesión que duró 8 años y el PBI cayó un 30 %. Hubo reforma laboral, reforma sanitaria con recortes en el gasto en salud y despido de enfermeros y médicos, reforma jubilatoria, despidos de empleados públicos, privatizaciones, incluso de las islas.

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¿Por qué ahora el Fondo actuaría distinto? ¿Estamos ante un nuevo FMI, con rostro “humano”, muy distinto al de hace 20 años como aseguró Dujovne? La especialista Norma Brenta respondió en Ideas de Izquierda que no hay un nuevo FMI. “Si pensamos en un Fondo que respete la autonomía de los países y que contemple efectivamente el crecimiento, el desarrollo como un objetivo inmediato. Todos los acuerdos con el FMI lo prometen para el futuro y este nunca llega”, explicó Brenta.

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La especialista explicó que en el último período donde Argentina mantuvo acuerdos con el FMI entre 1982 y 2004 “además de los efectos recesivos y estructurales, esto tiene como consecuencia que los hacedores de política económica, lo único que saben hacer son planes de ajuste. Toda la burocracia estatal se pone en función de cumplir las metas, de renovar los acuerdos, es decir, de los aspectos financieros y del ajuste regresivo. Esto el propio Fondo lo tiene estudiado. Esa es una de las razones adicionales por las que hay que evitar permanecer en acuerdos con el organismo”.

¿Hay algún país donde sea exitoso un acuerdo con el FMI? Brenta afirmó “que yo conozca, no hay ninguno”.

Reestructuraciones con grandes ventajas al capital

Ante la escalada de la deuda del macrismo ¿la reestructuración sería una opción viable? Durante el kirchnerismo se realizaron dos canjes de deuda, canjes que implicaron ganancias del 300 % para los buitres que compraron los bonos a precio de remate cuando la Argentina se hundía en 2001.

El especialista Alejandro Gaona Olmos explicó a Ideas de Izquierda que en el primer decreto de la reestructuración de deuda, el 319 de marzo de 2004, (con Lavagna como ministro de Hacienda) “el presidente Kirchner decide que el país va a seguir sometido a la legislación extranjera, que el país va a renunciar a su inmunidad soberana, que va a estar sometido a las cortes de Nueva York”. Esto explica por qué después el juez neoyorkino Thomas Griesa pudo tener injerencia y decidir sobre la deuda Argentina.

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El canje de 2010 luego realizado por Amado Boudou también tuvo un manejo similar al canje anterior explicó Olmos.

El historiador afirmó que en consulta con Héctor Giuliano, economista especialista en auditar todo lo que ha sido el proceso de reestructuración de las deudas “se puede ver que hubo un canje donde la deuda no bajó el 70 % como dicen, sino que bajó apenas un 25 %. Donde, además, lo que se sacó por un lado, se compensó de alguna manera por el otro, con los cupones atados al PBI”.

El kichnerismo se jactó de ser pagador serial, pero según estimaciones de La Izquierda Diario la deuda pública a comienzos del gobierno de Néstor era de U$S 145.000 millones y al fin del mandato de Cristina trepó a U$S 223.000 millones. La deuda siguió siendo una carga.

La ilusión de recrear las condiciones extraordinarias

¿Es posible un nuevo ciclo de crecimiento de la economía con la vuelta del kichnerismo? Un elemento clave es la situación internacional, que durante la década pasada fue favorable por eso se hablaba de “viento de cola” con crecimiento mundial y elevados precios de las materias primas. Pero en la actualidad, la situación es muy diferente y los economistas alertan por una nueva desaceleración o una recesión en 2020.

Otro aspecto es el trabajo sucio que hizo Duhalde con la devaluación previo al gobierno de Néstor. Ese golpe al salario fue uno de los motores del crecimiento posterior.

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Durante el kichnerismo las tasas chinas no se mantuvieron en toda la década, los superávits se volvieron déficit, los desequilibrios, y la restricción externa cuya raíz está en las contradicciones de la economía dependiente volvió a golpear.

En 2014 la economía argentina registró una marcada desaceleración del PBI, Kicillof devaluó ese año y el salario real cayó 4,8 %, según estimó Centro de Investigación y Formación de la República Argentina de la CTA. Para profundizar sobre la economía durante el kirchnerismo se puede leer La Economía Argentina En Su Laberinto de Esteban Mercatante.

Este ajuste no ocurrió sólo en Argentina y se puede observar en varios países latinoamericanos como también sucedió en Brasil con Dilma en su segundo mandato.

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Juan Dal Maso en “El marxismo de Gramsci” señala que América Latina es dependiente de las coyunturas económicas favorables para desarrollar políticas sociales y económicas que amplíen su base de apoyo. Así, “el carácter expansivo de la política estatal se amplía en la medida en que las condiciones económicas son favorables desde el punto de vista de la inserción dependiente de nuestros países en la economía mundial. En esas coyunturas hay mayores condiciones para políticas públicas que busca el consenso en base al acceso al consumo y ciertos servicios básicos de capas más amplias de la población mientras que la tendencia es a la “contracción” o “restricción” en los momentos de crisis”.

Restricción y contracción se observó durante la “sintonía fina” del kirchnerismo en 2012 o en 2014, y es seguramente el camino que tiene para ofrecer un nuevo gobierno, que además de un contexto internacional adverso tendrá las esposas del FMI. No se puede esperar un final feliz para los trabajadores y los sectores populares eligiendo esta opción.

Lo que hay que poner en debate para salir de la decadencia nacional y evitar una nueva catástrofe para el pueblo pobre es otro plan. Por eso la Izquierda propone romper el acuerdo con el FMI, el no pago de la deuda junto a un conjunto de otras medidas como el monopolio del comercio exterior y una banca estatal única. No hay salida posible sin discutir medidas de fondo para evitar el colapso.

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Imagen/Enfoque Rojo



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