Lagarde virreina, las "tonterías" del Fondo y la pesada herencia de la deuda

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Los destinatarios del mensaje de Christine. Las aspirinas de Marcos Peña para “detener” la debacle económica. Lo que se llevarán los especuladores de la deuda si no se impone un freno al saqueo.

El país está camino a un derrumbe económico cada vez mayor bajo la impronta de los planes del FMI. En este contexto, en un exceso de prepotencia verbal imperialista, Christine Lagarde fijó condiciones hacia las elecciones presidenciales: “sería una tontería que cualquier candidato diera la espalda al trabajo que se está haciendo”, afirmó la directora gerente del Fondo.

Las declaraciones tuvieron lugar en una conferencia de prensa que dio apertura a las Reuniones de Primavera del Banco Mundial y el FMI que se desarrollarán en Washington desde este jueves 12.

El documento difundido por el organismo internacional sobre las definiciones de Lagarde en la conferencia exhiben preocupaciones mucho mayores que el devenir de estas pampas: “la economía mundial ha entrado en una fase delicada. El crecimiento se está desacelerando, debido a las tensiones comerciales y geopolíticas, la incertidumbre en torno a las políticas y diversos factores excepcionales”. Siguen pasando cosas.

Entonces ¿por qué preocuparse por la Argentina? Es que se convirtió en el principal deudor del FMI gracias al préstamo más grande la historia. No sólo eso. Lagarde alertó semanas atrás sobre el “posible impacto en los países emergentes, como Argentina” del “delicado momento” de la economía mundial.

La directora gerente defiende el régimen del endeudamiento permanente, la “bicicleta financiera”; del 75% de la facturación que se llevan empresas imperialistas entre las 500 grandes compañías que operan en el país (ganan mucha plata que termina afuera). No sólo eso. Lagarde se juega sus aspiraciones presidenciales en su Francia natal a que Argentina no le estalle en las manos. No hay garantías.

Pero hay más detalles. Veamos.

¿A quién le habla Lagarde?

En atención a las posturas de las figuras del peronismo y el kirchnerismo que aspiran a gobernar desde diciembre próximo, el desatino de Lagarde es en apariencia innecesario.

Por el lado del kirchnerismo, fue Axel Kicillof el encargado de dejar en claro frente a la misión del organismo internacional que llegó a Buenos Aires en febrero para monitorear los números de la economía, que no está en los planes de la fuerza política que conduce Cristina Fernández la ruptura: “les dije que yo fui el último ministro de Economía de un gobierno que pagó una deuda gigantesca que no había contraído, sin pedir prestado”, explicó a la prensa el ahora diputado.

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Roberto Lavagna, la otra figura que desde el peronismo aspira a la presidencia, se mostró favorable a una renegociación de los plazos de devolución del préstamo otorgado por el organismo, como así también a rendir pleitesía a las recetas fondomonetaristas, entre ellas una reforma laboral, “en tanto y en cuanto se hace en una economía que arranca”.

Como se ve, nadie quiere romper con el Fondo. Pero hay detalles que escapan a la observación inmediata: las declaraciones de Lagarde tienen como trasfondo rumores de renegociaciones que tendrían lugar estos días en Washington. Allí está instalado el equipo económico argentino, encabezado por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y el titular del Banco Central, Guido Sandleris.

Frente a la incertidumbre cambiaria, uno de los puntos que estaría en discusión es la “banda cambiaria”, el esquema de (no) intervención que fue pactado en el segundo acuerdo con el FMI. Las “bandas” dejaron al Banco Central atado de pies y manos para hacer frente a una corrida vigorosa hacia el dólar que el equipo económico espera para las elecciones, aunque ya tuvo la previa en las últimas semanas con la cotización tocando los $ 45.

El Fondo aprobó un desembolso de U$S 10.800 millones que ingresan al país en estos días. El comunicado del Directorio donde se anuncia el desembolso está plagado de “peros”. Los resultados en términos de inflación son considerados “decepcionantes”: ¿qué dirán cuando se conozca la inflación de marzo, que el propio Dujovne anticipó que será del 4 %?

Los ingresos tributarios tampoco son los esperados por el FMI. La “mala praxis” del organismo y el equipo económico podía preverse en cualquier análisis básico: entre el ajuste y la política ultra recesiva del Banco Central con las tasas voladoras, la profecía más evidente es el deterioro de lo que recauda la administración pública. El Fondo llama a tener “prudencia” en el gasto y a tomar “medidas para incrementar los gastos”. El “déficit cero” está en peligro a pesar del sufrimiento que el ajuste causa sobre la mayoría de la clase trabajadora. El Fondo quiere más sangre.

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Toda crisis es particular, pero en un aspecto la dinámica económica va adquiriendo ribetes similares a lo ocurrido durante el Gobierno de Fernando de la Rúa: los acuerdos con el FMI duran lo que un suspiro, y su readecuación genera las condiciones del futuro fracaso. Mientras tanto, todo el mundo es sacrificado en beneficio de los acreedores de la deuda, el fin principal de los planes fondomonetaristas.

La flexibilización del acuerdo con el FMI es una preocupación de la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, que no sólo ve como se deterioran las condiciones sociales día a día en el Gran Buenos Aires, sino también, y justamente por la pauperización de la vida, se derrumba, a la vez, la imagen de Mauricio Macri y sus propias chances de reelección.

En esta situación, incluso no está descartado un “renunciamiento histórico” de Macri que abra paso al lanzamiento de Mariú o Rodríguez Larreta como candidatos, algo que el “círculo rojo” susurra al oído de Cambiemos. Atando todos los cabos, surge una duda: ¿a qué candidato estaba dirigido el mensaje de Lagarde? Probablemente, a todo el régimen político patronal.

La catástrofe que nos amenaza

En la Casa Rosada, Marcos Peña está abocado a contener a los radicales dentro de Cambiemos, lo cual comprende una alquimia para intentar reactivar, aunque sea mínimamente, la actividad económica con más Precios Cuidados, moderación de los tarifazos y préstamos de la Anses: una receta kirchnerista para la crisis cambiemita. O una versión degradada del “chori financiero” (según la imaginativa definición del periodista Alejandro Bercovich) que practicó el oficialismo durante las elecciones de 2017.

Según los que estuvieron reunidos en Balcarce 50, el anuncio de las medidas se haría el próximo miércoles, luego que el martes el Indec dé las “buenas” nuevas de la inflación de marzo. ¿Esperan al Indec o a que vuelva Dujovne de Washington con alguna renegociación bajo el brazo?

En los pasillos del Ministerio de Producción se dice que Dante Sica recibe a todos los sectores patronales que le van a reclamar recursos. A todos les da la misma respuesta “no hay un centavo”. Está sometido al estricto criterio de Dujovne. Quizás con cierto cansancio por recibir los cachetazos de manera directa, la renuncia está en su cabeza.

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El ministro de Hacienda vendrá con las directivas de Lagarde. Intentar una reactivación, por más mínima que sea, es casi la cuadratura del círculo bajo el mando del FMI: sus “tonterías” llevaron al aumento de la desocupación, de la pobreza y una recesión que no tiene freno.

Es el panorama inmediato y el de los próximos años: hasta 2026, los pagos de intereses y capital de la deuda pública se llevarán cerca del 10 % de la riqueza (el Producto Bruto Interno) que generan los trabajadores del país cada año. O echamos al Fondo o se lleva puesto a todos.

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