"Las enfermedades no quedan en la fábrica, se sienten hasta al atarle el pelo a nuestras hijas"

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La realidad de las obreras dentro y fuera de las fábricas. Las condiciones de trabajo, las enfermedades laborales y la doble jornada que recae en las mujeres. Los relatos de las obreras y el llamado a preparar una gran movilización para cuando se trate el presupuesto 2019 en la Cámara Alta.

En innumerables oportunidades les contamos en La Izquierda Diario todo lo que vivimos y lo que dejamos de vivir por sacarle la producción al patrón.

Sin querer ser redundantes, otra vez queremos mostrar cómo es la realidad de muchas obreras.

Por estos días se debate sobre la aprobación del presupuesto diseñado por el FMI para el 2019, presupuesto que acaba de tener media sanción en Diputados. ¿Se preguntaron qué repercusiones va a tener este brutal recorte sobre el conjunto de la clase trabajadora y especialmente sobre las mujeres?

Un 90% se redujeron los fondos del Programa de atención a la Madre y al Niño. Si. Se redujo aún más, lo que pensamos que ya era irreductible.

Hablamos con cuatro mujeres que trabajan o trabajaron en la industria alimenticia, jabonera, autopartista y gastronómica. Nos contaron cómo los altos ritmos de producción dejan secuelas irreversibles en sus cuerpos, y también en sus mentes.

“Vos no tenés nada”

Comencemos por E, ex trabajadora de Kromberg & Schubert:

  • Ingresé en el 2012, en la mitad del 2014 empecé con los dolores de cabeza, náuseas, mareos, dolores de cintura fuertes. Hasta que encontraron qué era lo que tenía. Hernias de discos, tres en el cuello y una en la cintura. En esa época tenía 29 años. Hoy no puedo estar mucho tiempo parada, hasta pérdida de memoria tengo por las hernias del cuello, hasta la vista, y se me va a ir perjudicando más dijeron los médicos”.

    Ella también cuenta que “en mi mente quedaron las palabras del médico de la fábrica: ‘vos no tenés nada, no veo nada en la resonancia’. (Mi médico de cabecera había marcado en círculo grandes las hernias que tenía), después me dijo: ‘¿por qué no te operas?’ Respondí, ‘¿si yo quedó inválida, usted va a cuidar a mis hijos?’. Me contestó ‘No’… Entonces no me voy a operar porque pienso en mis hijos. Lo último que me dijo fue: “entonces no tenés ganas de trabajar.”

    “Las que nos rompemos la espalda somos nosotras”

    También conversamos con X, trabajadora de Mondeléz : “Tengo 24 años en la empresa. Cuando entré no usábamos protectores auditivos, ni zapatos de seguridad. Mis muñecas están destruidas. La cervical ni te cuento. Supuestamente era la que mejor colocaba en la línea, así que me iban a buscar y me llevaban a otras líneas. Después de que me enfermé de un tumor intercostal, me dieron tareas livianas y ahí empezó todo el desprecio y el hacerme sentir que ya no sirvo para ellos… al principio me costó mucho, tenía médico una vez por semana, y entraba a las 18 o 19 h, y a la líder le molestaba mucho, me lo hacía saber con la cara, o diciéndole a mis compañeras que yo estaba loca”.

    “Lamentablemente fuerza no puedo hacer, y la mano izquierda es la más complicada. Tengo líquido en las muñecas. Antes no nos dejaban salir, así que todas comíamos, nos lavábamos en el baño, todo en 20 minutos. Ahora nuestro ‘líder’ pretende cortarnos el horario de descanso, dice que nos abusamos, cuando las que nos rompemos la espalda somos nosotras. Supuestamente la Comisión Interna lo iba a estar “controlando”, pero viste… con ellos no contamos para nada”.

    Trabajar por igual tarea, y menos plata

    Una ex trabajadora de Procter & Gamble nos cuenta: “Ingresé a trabajar con 26 años. Ya pasaron 14 años desde que entré por primera vez a PyG, donde las mujeres tenemos que trabajar a la par de nuestros compañeros hombres, haciendo la misma fuerza, la misma tarea por menos plata. Tengo una hernia de disco y las manos rotas. No puedo ni alzar un papel del piso, las rodillas se me aflojan. Ni hablar si tengo que alzar a mi hijo a upa para bañarlo, las manos no me dejan, se me debilitan del dolor. A diario tengo que hacer malabares con todo”.

    Una trabajadora gastronómica también me dijo que “tengo 39 años, hace 13 que trabajo en un comedor. Tengo tendinitis en ambos hombros, en codo y mano. El dolor y las molestias son casi a diario, pero hay ciertos días que no puedo ni siquiera atarme el pelo sin que me duela, abrocharme el corpiño sin dolor. Te pasas tomando remedios para sobrellevar el dolor, lo que te provoca malestares estomacales y demás. El mal humor por cargar con todo eso ya es parte del día a día cotidiano, no se puede dejar en la fábrica. A eso súmale el stress de aguantar a tus jefes quejándose por tener que darte permiso para ir al médico, cuando te lo dan. Sino la frase típica andá fuera de horario de trabajo. Eso es otra cosa con la que lidias. A veces ni vas por no faltar, agravando más aún tus enfermedades”.

    Pararle la mano al plan de ajuste

    No es difícil imaginarse la odisea que es poder atenderse y tratarse todas estas enfermedades con un profesional de la salud. Estamos hablando de mujeres que tienen una cobertura médica por que aún no las despidieron y tienen el “privilegio” de tener una Obra Social. Todos saben lo que significa tener que sacar un turno y que te lo den para 2 o 3 meses. Ir a la guardia y que esté saturada, que cada vez las obras sociales están más vacías y mas patronales.

    Ahora Imaginen qué les pasa a las mujeres que son despedidas y que a los 3 meses ya ni obra social tienen, y deben ir a atender las múltiples enfermedades que les dejaron en sus cuerpos estas multinacionales, al hospital público donde cada día, cada Gobierno que pasa, se encarga de desguazarlo más, recortando insumos y despidiendo médicos y enfermeros. Lamentablemente la salud se transformó en un negocio.

    No es un derecho humano. Es más rentable el negocio de las prepagas y las clínicas privadas, que un sistema de salud de calidad, publicó y gratuito. Total, los diputados que votaron por el recorte presupuestario no se atienden en el hospital público, ni tampoco los dirigentes de los sindicatos se atienden en las mismas prestaciones médicas que las obreras de las fábricas, sino no hubiesen sido cómplices por omisión de semejante ajuste que impactará directamente sobre los sectores más vulnerables, como es el caso de las mujeres trabajadoras, con el aumento de la edad jubilatoria y el recorte como, entre otras tantas cosas indispensables, en la salud.

    Las mujeres organizadas en sus lugares de trabajo, junto a los compañeros varones, uniendo sus demandas a las de otros sectores en lucha, son las únicas que pueden pararle la mano, no solo a sus patronales y a los sindicatos cómplices que colaboran aplicando la reforma laboral por fábrica y vaciando obras sociales, sino también al Estado, que no está ausente, sino que está más presente que nunca garantizando con alevosía que las grandes empresas se la lleven en pala a costa de la vida y la salud de una clase en particular, la clase trabajadora.

    Por eso es necesario recuperar los sindicatos de las manos de la burocracia sindical que está atornillada en sus sillones hace décadas y ponerlos al servicio de la clase obrera en general, para que los sindicatos representen verdaderamente los intereses de las y los trabajadores y salgan a luchar para derrotar cualquier intento de ataque, por parte de las patronales y los gobiernos de turno, hacia los trabajadores. Este 14 de noviembre es indispensable rodear el Senado para que no voten este presupuesto de miseria. Porque si el presupuesto no se aprueba, vamos a estar en mejores condiciones para ir por todo lo demás.

  • Fotografía: Enfoque Rojo



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