Los depósitos en dólares cayeron 27 % luego de las PASO

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Más que un goteo, el drenaje de divisas del sistema financiero en el último mes tuvo una dinámica preocupante. Memoria reciente del pequeño ahorrista, especulación y ganancias de los grandes jugadores de la banca.

El volúmen de depósitos en dólares del sector privado disminuyó un 27 % desde las elecciones PASO del 9 de agosto, lo que significa una caída de U$S 8.803 millones, según las estadísticas del Banco Central. Al 5 de septiembre, el monto total de depósitos en dólares ascendió a U$S 23.696 millones.

En el mismo período, las reservas internacionales del Banco Central cayeron un 23 %, o U$S 15.014 millones, para alcanzar U$S 51.295 millones el pasado jueves 5 de septiembre. Aunque los analistas estiman que las reservas de “libre disponibilidad” en manos de la entidad monetaria apenas alcanzarían los U$S 14.000 millones.

De esta forma, en menos de un mes, salieron a luz un conjunto de síntomas de la profunda crisis de deuda a la que fue arrastrada la economía nacional, que venían “anestesiados” por la carrera electoral (y que ya habían mostrado sus rasgos en las corridas cambiarias de 2018). ¿Qué pasó en el medio?

Y siguieron pasando cosas…

La versión oficial de los hechos (Macri dixit) es que los problemas del sector financiero vividos con posterioridad a las elecciones primarias se deben a la “incertidumbre del período electoral”, fórmula suavizada para referirse a un supuesto temor de “los mercados” por las medidas que pueda adoptar un eventual próximo gobierno peronista/kirchnerista, que encumbra a Alberto Fernández a la presidencia y a Cristina Fernández a la vice presidencia.

Pero “los mercados” (abstracción para referirse a los fondos de inversión, bancos y grandes empresarios) sólo son fieles a su propio bolsillo y hayan dado un golpe devaluatorio decisivo para condicionar al régimen político (tanto del gobierno actual como del que vendrá). La paradoja del asunto es que fue el propio gobierno de Macri quien se retirará (muy probablemente) habiendo aplicado todas las medidas que dijo haber sepultado como el demonio: el default y el cepo cambiario (claro que ambos, en una versión “light”, que no cambia lo fundamental de la cosa).

Aún no se cumple un mes de las elecciones del 11 de agosto, pero el tembladeral continúa, a pesar de que el dólar haya encontrado una relativa calma en torno a los $ 58- $ 60, tal como dijo Fernández que “estaba bien”, convalidando la enorme devaluación de casi 30 % que volvió a pulverizar los salarios de un saque.

Como explica Esteban Mercatante, “los desmanejos monetarios de la administración Macri exacerbaron lo que son características estructurales del sistema financiero argentino, que solo puede ser definido como disfuncional”.

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Las raíces de semejante tembladeral financiero que está agotando los dólares de la economía, hundiendo la actividad económica y destruyendo el crédito y los salarios, se hallan en la profunda crisis de deuda. Esta actúa como telón de fondo de una importante crisis en la arena política, entre un gobierno que “ya fue” y otro que formalmente “no es”. Entre ambos, el Fondo Monetario Internacional (FMI), digitando la política económica.

El ya casi decretado programa financiero insolvente hacia 2020 (y ni hablar de los próximos cuatro años) se agravó con la devaluación del peso, haciendo crecer el peso de la deuda extranjera y de la deuda total como proporción del PBI. Esta última ya supera el 100 %.

Pero las perspectivas de obtener los dólares necesarios para hacerle frente por la vía tradicional de la cuenta corriente resultan insuficientes: ni el contexto internacional es aquel del famoso “super ciclo de las commodities” de inicios de siglo, ni el ajuste del FMI vía devaluación está liberando dólares suficientes de importaciones (que están deprimidas). Por otra ventanilla sigue la fuga de divisas y el pago de intereses de deuda.

¿Cómo caen los dólares del sistema financiero?

El 9 de agosto pasado, las colocaciones en dólares del sector privado alcanzaban los U$S 32.499 millones, sin contar los depósitos del sector público. Según Infobae, se trata de un máximo desde los años de la convertibilidad. Pero también, de acuerdo al mismo sitio, ahora el nivel es el más bajo en los últimos dos años (desde 2017), alcanzando U$S U$S 23.696 el 6 de septiembre (último dato disponible por el BCRA). Un revés acelerado que muestra un impactante retiro de depósitos.

Ahora los depósitos en dólares se componen: U$S 16.835 millones en cajas de ahorro (71 %), U$S 6.178 millones a plazo fijo, y sólo U$S 683 millones (3 % restante) entre cuentas corrientes, cuentas a la vista y otros conceptos.

Lo que más rápidamente descendió fueron las cajas de ahorro, no sólo en volumen, sino también en proporción, cayendo 31 % luego de las PASO, y dentro de ellas, disminuyeron 32 % las cajas de ahorro de un millón de dólares o más. Esto es, no las del pequeño ahorrista, sino la de los pesos pesados.

Evolución de los depósitos en dólares del sector privado, del 8 de agosto al 6 de septiembre de 2019. En millones de dólares



Fuente: La Izquierda Diario en base a BCRA

Fuente: La Izquierda Diario en base a BCRA

Muchos operadores del periodismo intentaban“llevar calma” en una situación totalmente convulsionada, mientras al mismo tiempo acusaban al pequeño ahorrista, al jubilado, a la familia trabajadora que pudo guardar algo de su salario para tener un forno de reserva y que busca salvaguardar sus ahorros de la inflación y no pagar los platos rotos, de ser quienes desatarían los problemas del sector financiero por ir en búsqueda de sus ahorros antes de que los grandes capitales ya la hayan fugado. Memoria reciente de un saqueo.

La pérdida de depósitos en dólares fue uno de los factores que explicaron el retroceso de las reservas internacionales del Banco Central en las últimas semanas, en tanto que casi la mitad de estas colocaciones integran reservas en concepto de encajes bancarios.

Pero ese no es el único, ni principal, motivo. La caída de las reservas del Banco Central (que viene de antes de las PASO) tiene tres explicaciones básicas, que son a su vez la condena de su propia medicina, la bicicleta financiera: el pago de deuda (entre los que se cuenta también el pago del REPO a un consorcio de bancos), la fuga de capitales y los intentos por contener el dólar que llevaron al Central a quemar sus reservas por ventas y subastas que llegaron a superar los U$S 400 millones diarios.

Por su parte, el retiro de los depósitos en dólares no afectó por el momento al conjunto del sistema bancario. Los depósitos en pesos se mantienen prácticamente estancados (con una reducción de 3 % desde las PASO). Sin embargo, esto no es del todo “estable”, por cuanto el mismo stock frente a una tasa de inflación que superará el 4 % mensual y tasas de interés que ascienden al 7 % mensual, significa una reducción en términos reales.

Hoy los diez bancos privados más grandes concentran el 45 % de los depósitos y seis bancos extranjeros se llevan el 70 % de lo que manejan los diez primeros. Los bancos operan localmente, no para intermediar positivamente entre depositantes e inversores para facilitar el crecimiento, que es como se presentan, sino como un reducto para garantizar las ganancias de un conjunto reducido de empresarios y vehiculizar la fuga de capitales y el saqueo.

Los bancos son demasiado importantes para estar en manos privadas. Una salida racional a este laberinto y en defensa de los trabajadores y los pequeños ahorristas involucra, necesariamente, hablar de nacionalización de la banca.



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