¿Los millennials salen menos?

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Termina la semana y la pregunta de qué hacer el fin de semana destapa un nuevo debate. ¿Salir menos por elección o por falta de opciones?

En Estados Unidos publicaron un estudio en New York Post que habla de una nueva “tendencia”: los llamados millenials –jóvenes entre 19 y 37 años- están cambiando la costumbre de salir los fines de semana por la de quedarse en sus casas con una rica comida y algo entretenido para mirar.

Puede ser que elegir un sábado a la noche en casa sea porque llegaste con la lengua afuera al fin de semana, y la encantadora idea de dormir 8 horas o no poner la alarma te gana. Todo un domingo para aprovechar para vos y encarar la semana nueva sin el cansancio acumulado.

¿Por qué esto es nuevo? A lo mejor, porque muestra los problemas que hay cuando nos relacionamos. En medio de la era de las redes sociales, donde parece que [sólo hay 5 segundos para captar la atención de adolescentes, y lo difícil que se hace tener y disfrutar tiempo “libre”. ¿O es una tendencia también a cuestionar presiones impuestas socialmente?

A primera vista puede parecer una especie de rebelión contra el mandato social de que ser joven es ser popular, divertido, con abundantes planes cuando llega el fin de semana. Sin embargo cada vez es mayor la distancia entre lo que se “vende” como realización personal y las posibilidades en la vida real.

¿Puede ser que salir no es tan divertido como decían? Capaz lo que te ofrece el exterior no vale el dinero ni el esfuerzo, o hay más comodidades como para no salir de tu casa y pasarla bien. ¿Empezamos a darle más importancia a estar solos que entre amigos? Aunque pueda haber algo de eso, solamente es la punta del iceberg de problemas más profundos, que llevados a la realidad en nuestro país chocan de frente con la pregunta de si realmente “quedarnos” es una elección.

Necesidad o elección

Sin embargo esta mínima posibilidad de descanso parece casi de “privilegiados”: ¿cuántos no tienen franco los fines de semana, o laburan a la noche con horarios rotativos y seguramente precarizados? Difícilmente los nuevos “rappitenderos” piensen que el sábado a la noche pueden “elegir” descansar en sus casas o salir con sus amigos.

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Ni hablar de lo caro que es salir, ir a un buen recital, comer afuera, o ir al cine. Lo que cuesta tomar algo en un bar a veces es mejor, o necesario, no hacerlo. La mayoría vivimos con sueldos que no alcanzan para llegar a fin de mes. A los tarifazos y a la inflación se les suma que cada vez que tenés ganas de hacer algo, sacás la calculadora. Y así aumentan las ganancias que generan los empresarios no sólo con nuestro trabajo, sino con nuestra necesidad de disfrutar el tiempo libre y la música. Aunque pueda costarnos la vida, como en Cromañón.

La rebelión ¿es quedarse en casa o salir?

Entre cansancio, bolsillos vacíos y relaciones superficiales, se impone una lógica individual: no salgas, no te expongas, no gastes tus energías. Esta idea corre como una presión profunda en contra de que la juventud sea rebelde. Como los “chalecos amarillos” en Francia: la rebelión es salir a las calles, o incluso en Argentina el movimiento de mujeres, que dice “Ni una menos”, #miracomonosponemos y sigue organizado, preparando un 8 de marzo con un gran paro nacional, para pelear no sólo por el aborto legal seguro y gratuito sino contra el ajuste. Una rebelión que tomó las calles y es una marea verde.

Y esto también puede abrir a otros cambios: que miles de mujeres levanten la cabeza en un mundo de abusos y opresiones en trabajos, calles y hogares. Puede conmover profundamente las relaciones, y puede abrir a pensar otro tipo de amores, de amistades y de atracciones.

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Si disfrutar no fuera un lujo (inalcanzable)

Mientras no alcanza para cargar la sube o mantener los estudios, los políticos y empresarios vacacionan y derrochan en nuestras caras. Un sistema podrido que nos aprieta todos los días: las ganancias que generamos con nuestro trabajo y salud, se la apropian ellos. ¿Qué nos impide dar vuelta esta historia y que se abra un mundo donde la necesidad no aplaste a la vida?

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Un mundo donde tengamos tiempo para ver a nuestros amigos sin perder horas de sueño, podamos elegir en qué trabajar y cuántas horas hacerlo. Sin preocuparnos por estar seguros al ir a un recital o fiesta, ni por caminar en el barrio con la policía a la caza. Nos cambiaría la vida.

Quedarnos sin salir ya no sería un “lujo” para descansar o ahorrar, sino el placer de tener tiempo no “productivo”, nuestro derecho al ocio. Pero también se podría disfrutar de tener una vida más plena, donde podamos elegir no sólo salir, sino construir relaciones de afecto y amistad más profundas, de atracción sexual sin culpas ni dependencias. Una vida que merezca ser vivida.



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