Los pibes del Bajo Flores y esas muertes que no son noticia

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Un chico de 10 años me relató cómo su mejor amigo, su compinche, con quien crecía mientras compartían los juegos de pibes, terminó muerto por una bala.

En las barriadas populares, muchos pibes no llegan a adultos. Es moneda corriente que sus vidas sean truncadas por balaceras donde casi siempre interviene la “maldita Policía”. No son noticia, no llegan a los titulares de ningún medio hegemónico, son los pibes por los que luchan las docentes, cuando defienden la educación pública.

Son los pibes por los que necesitamos cambiar de raíz este sistema que solo tiene para ofrecer miseria, descomposición social y sus instituciones armadas, como la Policía, las que organizan y regentean los grandes delitos como la trata, el narcotráfico, el robo de autos. Los diferentes gobiernos, con “seguridad democrática” o con mano dura, siempre la han sostenido.

Esta tragedia personal, habla de una tragedia social: es a los hijos del pueblo trabajador a quienes se les niega una vida plena y muchas veces, hasta simplemente la vida misma.

Este lunes me crucé en el patio durante el comedor con uno de esos nenes de 10 años que siempre están en movimiento, al que siempre hay que pedirle que pare la corrida para que no se pegue la cabeza contra la pared. Me lo cruzo quieto y le pregunto qué le pasa que anda tan cabizbajo.

De golpe me mira, luego baja la mirada y me empieza a contar a borbotones, sin interrupción cómo empezó un sábado como cualquier otro y terminó con su amiguito de toda la vida con el que caminaba por el barrio para ir a jugar a la pelota baleado en el piso.

Me cuenta que gritó, que no sabía qué hacer, que agarró su teléfono y llamó a la mamá del nene, que la señora le dijo que llame a la ambulancia, que la ambulancia llegó mientras la Policía no paraba ahí porque estaba tirando tiros, que veía a su amigo “que es como mi hermano seño” tirado en el piso y pensó que se moría pero todos le dijeron que iba a estar bien, entonces “me quedé más tranquilo, si se puede seño con eso que pasaba”.

Que llegó a su casa luego de que llevaran a su amigo al hospital y que lloró. Que lloró mucho y que tuvo miedo. Que al otro día le dijeron que su amigo de 10 años había muerto y que mañana tiene que ir al entierro.

Terminó de hablar y me miró. Los dos llorábamos en el medio del patio. Nos abrazamos y le dije que estaba para que hablara conmigo cuando quisiera. Que iba a estar triste pero que la tristeza compartida siempre es más llevadera aunque no por eso menos dolorosa. Después nos fuimos a comer.

Así estamos en las escuelas del Bajo Flores. Nos matan a les pibes. Les destruyen sus infancias. Este sistema de mierda, les politiques que lo gerencian y su Policía asesina.

Así estamos les pibes y les docentes en las escuelas de villa. Llorando pero abrazades y de pié porque no voy a parar hasta dar vuelta esta miseria.

Siento asco, dolor, bronca pero una convicción profunda de que esto se pudrió y hay que parir lo nuevo: Será socialismo o barbarie capitalista.



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