Luciano Arruga: a 10 años de su desaparición

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A horas de cumplirse 10 años de su desaparición por parte de la policía bonaerense, recordamos a Luciano Arruga y volvemos a ponerlo en el centro del debate en este contexto, donde se busca estigmatizar y criminalizar a la juventud.

Luciano Arruga: lo mató la policía, lo desapareció el estado

Luciano, que tenía tan solo 16 años cuando fue secuestrado por la policía (iba a cumplir los 17 en unas semanas) vivió toda su corta vida en el Barrio 12 de octubre, de Lomas del Mirador. Un barrio pobre y humilde como muchos de los que hay en el conurbano bonaerense, que son los más marginados por la sociedad, y más hostigados por las fuerzas represivas del estado que muestran total desinterés para con las vidas de los pibes de estos barrios.

En la madrugada del 31 de enero de 2009 se lo vio por última vez con vida. Fue secuestrado y asesinado por la policía, que lo venía hostigando hace meses. Lo paraban cada vez que lo veían en la calle, con arma en mano le pegaban, revisaban, amenazaban, etc. De hecho, 4 meses antes de su desaparición, en septiembre de 2008 fue ilegalmente detenido en el destacamento policial de Lomas de Mirador, y fuertemente golpeado por la policía en la cocina del mismo, mientras que en el hall se encontraba la madre y hermana de Luciano, peleando desesperadas -sobre todo al escuchar los gritos del joven- contra la indiferencia de los policías que le decían que no podían retirarlo porque “no tenían la documentación necesaria”. Mas de 10 horas estuvo encerrado. En ningún momento se hizo presente un fiscal de menores. El 15 de mayo de 2015, el ex-policía Julio Diego Torales fue condenado a diez años de prisión por esas torturas físicas y psicológicas. Aunque esa noche fueron, de mínima, 8 los policías que golpearon brutalmente a Luciano y que le habían obligado, entre otras cosas, comer un sándwich por todos ellos.

Esta persecución se debió a que Luciano se negó a robar para la bonaerense. Un policía le había ofrecido un fierro, zona liberada y en caso de caer la garantía de sacarlo rápido, para que él robe para ellos. Pero él, con un coraje enorme en palabras de su hermana, se negó.

Aquella madrugada del 31 de enero de 2009, al no aparecer Luciano por su casa, luego de haber salido a la noche hacia la casa de su hermana, la familia comenzó a buscarlo por el barrio. Fueron al destacamento y a otras comisarías y hospitales de la zona pero le decían que no estaba. Cinco días después, la familia, que no cesaba de buscarlo, presentó un hábeas corpus, pero la justicia lo rechazó.

Esa lucha siguió por cinco años y ocho meses. Fue una dura lucha consecuente durante más de 2000 dias, que tuvo a la cabeza a dos enormes luchadoras como Mónica Alegre y Vanesa Orieta, Madre y Hermana de Luciano. Y contó con el apoyo de muchos familiares, amigos, organizaciones de derechos humanos, movimientos sociales, partidos de izquierda, y hasta bandas musicales, como es el caso de Las Manos de Filippi, donde nombra a Luciano en varias canciones o como Salta la Banca que grabó COPLA (Canto Obligado Por Luciano Arruga), un disco totalmente gratuito por Luciano.

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El 17 de octubre de 2014 fue encontrado el cuerpo de Luciano, enterrado como NN en el cementerio de la Chacarita. Supuestamente enterrado en mayo de 2009 después de un accidente automovilístico en la autopista General Paz.

La lucha por encontrarlo no fue fácil. Se entorpeció adrede desde un principio la investigación. Trámites burocráticos para la averiguación del paradero fueron dilatados, deformados con pistas falsas, declaraciones truchas y resultados que lejos de esclarecer, enturbiaron aún más los hechos. En principio, la causa fue caratulada como averiguación de paradero (años después se logró cambiarla a “Desaparición forzosa”) y estuvo a cargo de la fiscal Roxana Castelli, que colocó a la misma Policía Bonaerense a la cabeza de la investigación. Además de las detenciones, amenazas y golpizas que sufrieron testigos, amigos y familiares de Luciano. Los grandes medios, como es costumbre, ocultaban y distorsionaban la realidad.

Pero la lucha, pese a las enormes dificultades, no fue en vano. Lo recuperamos, decía su hermana Vanesa, pero la lucha no termina ahí.

Luciano como bandera de la juventud contra la represión y criminalización

Luciano era un pibe como la mayoría de los que viven en barrios populares. Le encantaba los Redondos e Intoxicados, era fanático de River. Se juntaba en la esquina y en la plaza con sus amigos. Hacía changas para tener unos mangos. Había tenido dificultades con la escuela, pero la había retomando tiempo antes de su desaparición, con el fin de terminar la secundaria. También, como la mayoría de estos pibes, recibía abusos por partes de la policía, que en este caso terminó con su desaparición y muerte. Acoso que se recibe por el hecho de ser pobre, vivir en un barrio bajo, ser morocho, usar gorrita, estar en la esquina, tomar un vino o “fumar un faso”.

Pero Luciano se convirtió en emblema de índole nacional, en bandera de lucha contra la represión, contra la criminalización a la juventud, contra el gatillo fácil. Miles de jóvenes, estudiantes secundarios, trabajadores, que participaron de la lucha por su aparición, que conocieron luego su historia, que viven muchas veces en carne propia el hostigamiento policial, hoy levantan una bandera con su cara, una remera con las consignas “Lo mató la policía, lo desapareció el estado”, porque su caso se convirtió en un ejemplo reconocido de que el gatillo fácil es una política de Estado, que llevan adelante todas las fuerzas represivas persiguiendo y reprimiendo a los jóvenes de los barrios populares y usando a estos pibes como “carne de cañón” para el crimen organizado que cuenta con la enorme complicidad del poder político y judicial.

Y por eso, hoy, en este contexto donde hay más policías que nunca y donde el macrismo, junto con el PJ, buscan bajar la edad de imputabilidad, es importante traer al centro de debate el caso de Luciano Arruga. Recordemos que el destacamento (hoy expropiado y convertido en un centro cultural y radio comunitaria) donde estuvo preso, fue torturado y se vio por última vez a Luciano, se creo en 2007 por la campaña de un sector de habitantes de la zona que reclamaba más policías para garantizar su “seguridad”.

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Más policías, no es más seguridad. No para los trabajadores y los jóvenes, sobre todo de los barrios mas carenciados. Militarizar los barrios y aumentar las fuerzas de represión no es la solución, al contrario, agrava el problema. Ya que el narcotráfico, la trata de personas, el juego clandestino, las coimas a comercios, los desarmaderos de autos, es decir los grandes crímenes organizados, tienen el accionar directo de las fuerzas represivas (policías, prefectura, gendarmeria). “No hay delito organizado sin complicidad estatal y policial. Si se atacara eso, bajaría también el delito callejero.” decía desde su twitter Myriam Bregman.

Nunca en la historia argentina las fuerzas de seguridad contaron con tanta cantidad de efectivos, patrulleros, armas y cámaras, como en la actualidad. La Policía Bonaerense pasó de tener 48 mil agentes en 2005 bajo la gestión de Solá, a 82 mil en 2014 bajo la gestión de Daniel Scioli. Y en la actualidad, la gestión de Maria Eugenia Vidal cuenta con más de 90 mil. Y mientras el crimen organizado no cesa, si hay un gran salto en materia represiva.

Veníamos de estadísticas escalofriantes bajo el kirchnerismo. Con un asesinato cada 28 horas en manos las fuerzas represivas. Con, por decisión del gobierno de Cristina Fernández, el trasladó miles de gendarmes desde las fronteras a las grandes urbes (Capital, Gran Buenos Aires y varias capitales de provincia) entre 2010 y 2015. En 12 años de gobierno, pese a los demagogos discursos de derechos humanos, se totalizó un saldo de 2132 personas asesinadas a manos de la policía, entre ellas Luciano Arruga. Aunque la ex presidenta, con un cinismo enorme y apelando al doble discurso que caracterizó a su gobierno, dijo, en mayo de 2013, que “afortunadamente hoy nadie puede desaparecer de ningún lado, al contrario, estamos todos vivitos y coleando”. Palabras que dijo, justamente, en La Plata, la ciudad en la que en 2006 desaparecieron a Jorge Julio López, sobreviviente de la dictadura que testificaba contra el genocida Etchecolatz. La perversas palabras de Cristina se contraponen con los hechos, con Luciano y con tantos otros desaparecidos en su gobierno. Con responsabilidad suya, de Scioli, de Granados y tantos.

Pero el macrismo, en un 2018 marcado por el ajuste y la represión del PRO y de los gobernadores, no se quedó atrás. La Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) en su archivo anual sobre la situación represiva nacional del 2016 indica que una persona es asesinada cada 25 horas por gatillo fácil por parte de las distintas fuerzas policiales (Gendarmería, PSA, PFA, la Policía Bonaerense, Prefectura, etc.).

Eso es lo que significa más policía. Y eso es lo que los medios callan, mientras hacen campañas demagógicas, instalando la necesidad de más policías para obtener más seguridad. En los barrios pobres es donde más se sufre esto. Donde muchas veces los jóvenes se ven empujados al ‘pequeño delito’, que está organizado por el crimen organizado que es dirigido por las fuerzas de seguridad. Pero para los políticos dominantes la soluciones es mano dura contra la juventud. Mientras que ajustan la educación pública.

Luciano se convirtió en emblema de índole nacional, en bandera de lucha contra la represión, contra la criminalización a la juventud, contra el gatillo fácil.

Antes de hablar del “pibe chorro”, hay que hablar de la desigualdad social, que es la verdadera causante de la descomposición y de los males para el pueblo trabajador y el pueblo pobre. Cada veinticinco horas muere un pibe a manos de la Policía, pero esa estadísticas parecen no alarmar a los medios de comunicación. Nadie habla de esa inseguridad que viven los pibes en los barrios. Como Luciano, que era un pibe con sueños, con ganas por vivir, pero este sistema explotador no le dio oportunidad, le arrebató esos sueños. Y esa es la realidad que viven la mayoría de personas. Y como Luciano son 4.960 los pibes muertos por gatillo fácil desde el retorno de la democracia, a los que el estado además de arrebatarles la posibilidad de buena educación, salud, trabajo, les arrebató directamente la vida porque ese es el rol de las fuerzas represivas y del estado mismo. Atacar a los pobres y a los trabajadores para defender a los intereses de la élite millonaria opresora. Hay que desbaratar las mafias que operan dentro del aparato estatal, no perseguir y criminalizar a los pibes pobres.

Hay que organizarse contra esta problemática que vivimos los jóvenes en los barrios, y luchar en conjunto contra el gatillo fácil, contra la baja de la edad de imputabilidad y principalmente contra los verdaderos responsables que es el estado capitalista y todas sus instituciones. Tenemos que ser miles de jóvenes que, con la bandera de Luciano bien alto, nos organicemos desde cada escuela secundaria, terciario, universidad, lugar de trabajo y barrio contra la estigmatización y criminalización de la juventud.



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